¿Qué debe hacer un nacionalista para que no le digan separatista?

El derecho a decidir la secesión mediante el voto

Referéndums en todas partes. En Crimea, Kosovo o Cataluña, en Quebec o Escocia. ¿Es legítimo que una provincia decida separarse del resto a través del voto?, ¿vamos hacia la proliferación de las banderas y el fin de las confederaciones?
viernes, 19 de septiembre de 2014 · 22:08
Mapamundi
 
La posibilidad de que los escoceses decidieran separarse del Reino Unido, dejando a la Gran Bretaña en condición de "Pequeña Bretaña”, desató una oleada de preguntas en el mundo: ¿Puede una provincia rebelde convertirse en una nación aparte, con un Estado autónomo diferenciado?, ¿la mejor vía para hacerlo es un referéndum donde el pueblo se auto-determine?, en ese caso, ¿puede la provincia separatista quedarse con todo lo que la metrópoli central ha invertido en ella?, ¿debe, por el contrario, reclamar parte de las reservas de un Banco Central al que le niega, de pronto, soberanía?
La pregunta de base de la cual emanan estas interrogantes es: ¿dónde comienzan a retenerse o a establecerse los derechos de la emergente nación separada?
En el caso de Escocia, las cosas no eran nada sencillas. Si ganaba el Sí en el referéndum del 18 de septiembre, hubieran tenido que sentarse a conversar sobre el divorcio. Un matrimonio tan largo tiene que haber amontonado toneladas de bienes gananciales.
Pero vayamos analizando las cosas en forma gradual. ¿Cuándo comenzó a existir una especie de derecho nacional diferenciado escocés? Al parecer todo empezó a tomar forma palpable, cuando el primer ministro británico Tonny Blair aceptó entregar autonomía política a la región en 1998. Bajo el concepto de "devolver” lo que le correspondía, Escocia logró elegir Parlamento y Gobierno propios, sin por ello dejar de pertenecer al Reino Unido. Desde entonces adquirió atribuciones exclusivas o concurrentes en campos como la educación.
De ese modo, el Estado central esperaba calmar los ánimos separatistas, es decir, desinflar las banderas que ondean, ahora más que nunca, por la independencia. Ocurrió todo lo contrario. Logrado el terreno para autogobernarse, en 2011, los escoceses lo sembraron con la mayoría absoluta para el partido nacionalista, la sigla que aspiraba a soltar amarras con Londres.
 
Negociación tensa
La de Blair fue una apuesta arriesgada. El segundo apostador vendría a ser su actual sucesor en el cargo, David Cameron. En medio de una negociación tensa y llena de cálculos, el primer ministro, y el líder escocés electo, Alex Salmond, acordaron que el referéndum sobre el tema debía realizarse en un tiempo cercano. En la óptica de Cameron, mientras antes, mejor.
Acá ya tenemos una primera respuesta a una de las variadas preguntas. Sí, el referéndum es una salida, sobre todo si la metrópoli está de acuerdo con utilizarlo como regla para dirimir el conflicto. Cameron admitió la consulta que le pudo haber llevado a perder parte del territorio que controlaba a cambio de que la pregunta no incluyera términos medios. Los escoceses no tuvieron grises para elegir, solo el negro o el blanco. O se separan o se quedan. Cameron no aceptó que se pregunte si los ciudadanos quisieran mayores márgenes de autonomía dentro del Reino Unido, que, de acuerdo a las encuestas, era la opción preferida. Así, el corazón del antiguo imperio y el alma de la provincia rebelde pusieron a la gente ante el todo o la nada. Cameron creía, acertadamente, que frente a la drasticidad de la disyuntiva, los ciudadanos apoyarían quedarse.
Ya tenemos, así de pronto, una segunda respuesta. El referéndum es una salida, cuando ambas partes están persuadidas, no solo de que van a ganar, sino que al derrotar al otro, han clausurado por un buen tiempo sus aspiraciones. Aún perdiendo, Londres tenía mucho poder por retener y negociar. Aún perdiendo, Edimburgo tiene margen ancho de autonomía por conquistar. Nada es igual al día siguiente.
 
Democracia, no armas
¿Qué ha hecho que los nacionalistas escoceses no sean considerados de inmediato separatistas y enemigos de la patria? Esta pregunta, pero sobre todo su respuesta nos sirve para aplicarla a otras realidades como la catalana o la ucraniana.
La primera razón es que a diferencia de Cataluña en España, Escocia no es el motor de la economía británica. Si bien hay petróleo en las costas escocesas, éste recurso no es considerado estratégico para la supervivencia del Reino Unido. La segunda razón es que la provincia rebelde de las gaitas y las faldas masculinas no es territorio proclive a ser engullido por una potencia vecina, introduciendo un desequilibrio geopolítico. Los lazos de tres siglos entre escoceses y británicos no dejarán que ninguno de los dos le pida pasaportes al otro. Esa es la ventaja con respecto a la estruendosa vecindad de Rusia con respecto a Ucrania. La tercera razón es que nadie ha empuñado recientemente las armas en este conflicto. Las soluciones negociadas, sin la intervención externa, siempre pueden resultar ventajosas para ambas partes.

¿Cómo repercutirá la votación escocesa en el resto de Europa y el mundo? Tengo la sensación de que sentará un precedente luminoso. Dos naciones, una dentro de otra, que acuerdan resolver algo tan duro como su divorcio por la serena receta de las urnas, es una prueba de que los nacionalismos bien llevados forjan fronteras, pero para trascenderlas inmediatamente después.

Líder catalán dice que "vía británica” es la mejor
Barcelona, agencias
 
El presidente catalán, Artur Mas, valoró el referéndum celebrado en Escocia como una "gran lección de democracia que ha llegado a todo el mundo”. El líder, que apoya que se organice un referéndum similar para lograr que Cataluña se independice de España, dijo que el "voto une, no separa”.
Mas afirmó que el ejemplo del referéndum escocés es el "único camino” que hay para "resolver conflictos” y que el proceso soberanista catalán "continúa” porque, señaló, se siente "reforzado” por la "lección de democracia que ha dado el Reino Unido”.
Añadió que el ejemplo de Escocia ha evidenciado que "cuando se deja votar también se puede ganar”, pero que "se ha de ganar democráticamente” y no impidiendo que la gente se exprese en las urnas. El Gobierno español y su Parlamento han impedido que Cataluña organice una consulta popular para establecer si se separa o no de España.
"Cuando se niega el referéndum en lugar de resolver el problema, se agrava. Cada vez que hay un ‘no’ en Madrid se crea más animadversión (en Cataluña)”, dijo y dirigiéndose al Presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, le recordó que "un demócrata auténtico no bloquea un referéndum”.

El referéndum es una salida, cuando ambas partes están persuadidas, no solo de que van a ganar, sino que al derrotar al otro, han clausurado por un buen tiempo sus aspiraciones. Aún perdiendo, Londres tenía mucho poder por retener y negociar. Aún perdiendo, Edimburgo tiene margen ancho de autonomía por conquistar.

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