Tensiones y utopías en la política medioambiental

Las luchas medioambientales de Bolivia desde una visión externa

Los movimientos populares empezaron a criticar al presidente Evo Morales cada vez más por no implementar sus ideales medioambientales dentro de Bolivia.
viernes, 16 de enero de 2015 · 19:39
Los primeros años del Gobierno del MAS coincidieron con el auge de la atención mundial al cambio climático. En sus primeros años de Gobierno, el MAS tomó una posición radical en términos de medioambiente en los foros internacionales, sobre todo en las negociaciones de cambio climático en Copenhague en 2009 y en Cancún en 2010. En Copenhague y Cancún, Bolivia atribuyó explícitamente el cambio climático al orden mundial capitalista occidental y promovió un camino alternativo hacia la sostenibilidad, basado en lo que fue presentado como los valores indígenas andinos.
Las radicales propuestas de la delegación boliviana fueron ignoradas en las negociaciones oficiales, pero recibieron una atención positiva de los medios internacionales y los activistas de la justicia climática, quienes elevaron a Evo Morales a la categoría de héroe medioambiental.
En 2010, insatisfecho con el proceso de negociaciones sobre el clima en las Naciones Unidas, el Gobierno del MAS tomó la iniciativa de organizar un foro alternativo, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, que atrajo a 30.000 participantes de todo el mundo a Tiquipaya.
Entretanto, en el país, los movimientos populares empezaron a criticar a Morales cada vez más por no implementar sus ideales dentro de Bolivia. Intelectuales y activistas hicieron notar las tendencias contradictorias dentro del proyecto político del MAS, las cuales probaron ser difíciles de conciliar: por una parte, la postura radical mencionada antes, y por la otra, la dependencia de la economía boliviana de la explotación de recursos naturales.
 
Extracción de recursos naturales
Esta dependencia económica de recursos naturales… no ha disminuido bajo el actual Gobierno. Al contrario, el MAS ha tomado iniciativas para continuar y expandir la extracción de recursos naturales y la construcción de infraestructura. El crecimiento de la economía nacional en los últimos años se debe en gran medida a las condiciones favorables para los productos bolivianos de exportación en el mercado global. Los ingresos incrementados han sido parcialmente canalizados a proyectos de bienestar popular, beneficiando, por ejemplo, a niños en edad escolar o adultos mayores.
Al mismo tiempo, la explotación de recursos naturales y los proyectos de infraestructura han tenido consecuencias negativas en el medioambiente y efectos sociales nocivos para las comunidades locales. "La brecha entre discursos y intereses enfrentados dentro del Gobierno ha sido blanco de críticas de parte de movimientos populares en el país”.

Esta brecha se manifestó durante la propia Conferencia de Tiquipaya, cuando una iniciativa independiente para discutir temas en el nivel nacional, fue prohibida, con el argumento de que la Conferencia debería ocuparse sólo de asuntos internacionales. La iniciativa derivó en un grupo no oficial de trabajo, la mesa 18, fuera del evento oficial, lo cual para muchos se convirtió en un símbolo que demostraba las contradicciones dentro del proyecto político del MAS y del denominado "doble discurso” del régimen.

El conflicto por el TIPNIS

Aldea Global
 
Las tensiones entre un ideal de desarrollo alternativo que respeta la Madre Tierra y la inclinación por la extracción de recursos naturales se hicieron más evidentes en la controversia sobre los planes del Ejecutivo para construir una carretera que atravesara la reserva natural y territorio indígena del TIPNIS.
 A través del conflicto del TIPNIS quedaron evidenciados los lazos discursivos entre las preocupaciones medioambientales y la subjetividad indígena. Muchos de los debates expandieron una idea que estaba impregnada en el discurso medioambiental internacional: la noción de que los pueblos indígenas viven en armonía con la naturaleza y poseen un conocimiento medioambiental muy particular.
Esta imagen es evocada frecuentemente para elaborar reclamos políticos en conflictos medioambientales en distintos contextos alrededor del mundo. Desde que una proporción amplia de la población boliviana se autoidentifica como indígena, muchos actores diferentes en el país podrían querer ser portavoces de esa posición.
Al mismo tiempo, el acceso a la indigenidad se transforma en materia de negociación. En el conflicto alrededor del TIPNIS, muchos actores han movilizado la imagen de un indígena ecológico con distintos fines políticos, incluyendo al Gobierno y sus seguidores, los activistas anticarretera y la oposición de derecha.
La idea de un indígena ecologista es poderosa y, a veces, referirse a esa posición es una de las pocas posibilidades para los movimientos para conseguir la atención y el reconocimiento de su lucha.
Sin embargo, mientras que la movilización de la imagen del indígena ecologista puede ser una estrategia legítima para ganar voz, invocarla también puede implicar ciertos riesgos, como reproducir las premisas románticas sobre los pueblos indígenas, encubriendo la gran diversidad de estilos de vida e intereses dentro de esta categoría tan amplia, especialmente en el contexto de Bolivia, con una gran cantidad y variedad de pueblos indígenas. Del mismo modo, podría eclipsar otras importantes relaciones de poder, incluyendo situaciones socioeconómicas y de género.
Como toda herramienta política, la imagen del indígena ecologista corre el riesgo de acabar en las manos de los actores más influyentes y poderosos. Por eso es importante ser cautelosos cada que esta imagen es evocada y prestar atención a quien está intentando reivindicarla y con qué propósitos. (Anna Kaijser)

Las tendencias dentro del proyecto político del MAS probaron ser difíciles de conciliar.

Anna Kaijser
 
Es investigadora postdoctoral, Universidad de Lund, Suecia

 

 


   

60
3

Comentarios