Cambian los métodos castrenses en el mundo

El futuro de la fuerza militar

Como ahora hay cámaras fotográficas en todos los teléfonos portátiles la pugna por la información ha llegado a ser un aspecto decisivo de la guerra moderna
sábado, 21 de febrero de 2015 · 18:57
Joseph S. Nye / Project Syndicate

La primera generación de la guerra moderna comprendía batallas reñidas con masas de soldados, utilizando las formaciones napoleónicas en líneas y en columnas. La segunda, que culminó en la Primera Guerra Mundial, se basaba en una capacidad de fuego concentrada y se expresó en la máxima, acuñada en la batalla de Verdún, en 1916, "la artillería conquista, la infantería ocupa”. Y la tercera generación, perfeccionada por Alemania con el método de la "blitzkrieg” empleado en la Segunda Guerra Mundial, consistió sobre todo en maniobras más que en el uso de la fuerza, pues los ejércitos recurrían a la infiltración para circunvalar al enemigo y paralizar su fuerza por detrás, en lugar de atacar frontalmente.
 
Métodos recientes
La guerra de cuarta generación avanza un paso más con ese método descentralizado, con lo que deja de haber frentes definibles. En cambio, se centra en la sociedad del enemigo, penetrando profundamente en su territorio para destruir la voluntad política. Podríamos añadir incluso una quinta generación, en la que tecnologías como los aviones teledirigidos y las cibertácticas ofensivas permiten a los soldados permanecer a gran distancia de los blancos civiles.
Si bien las delineaciones generacionales son algo arbitrarias, reflejan una tendencia importante: el desdibujamiento del frente militar y la retaguardia civil. Ese cambio está acelerándose con la substitución de la guerra entre estados por conflictos armados en los que los participantes no son estatales, como, por ejemplo, grupos insurgentes, redes terroristas, milicias y organizaciones criminales.
La situación resulta aún más confusa con la superposición de dichos grupos, algunos de los cuales reciben incluso apoyo estatal. Las FARC, el grupo guerrillero más antiguo de Latinoamérica, formó alianzas con los narcocárteles. Algunos grupos talibanes de Afganistán y otros lugares desarrollaron vínculos estrechos con los terroristas transnacionales de Al Qaeda. Los insurgentes de Ucrania oriental están luchando junto con tropas rusas (que no llevan insignias).
Semejantes organizaciones se aprovechan con frecuencia de los Estados que carecen de legitimidad o capacidad para administrar su territorio de forma eficaz, lanzando una combinación de operaciones políticas y armadas que, con el tiempo, les brindan un control coercitivo de las poblaciones locales. El resultado es lo que el general Sir Rupert Smith, excomandante británico en Irlanda del Norte y los Balcanes, llamó "la guerra entre la población”, un tipo de lucha que raras veces se decide en campos de batalla y por ejércitos tradicionales.
 
Diversidad de armas
Esas guerras híbridas se riñen mediante una gran diversidad de armas y no todas ellas tienen capacidad de fuego. Como ahora hay cámaras fotográficas en todos los teléfonos portátiles y programas para retocar fotografías en todas las computadoras –por no citar la prevalencia de los medios de comunicación social–, la pugna por la información ha llegado a ser un aspecto decisivo de la guerra moderna, ejemplificado en las guerras actuales en Siria y Ucrania.
En la guerra híbrida, las fuerzas convencionales y no convencionales, los combatientes y los civiles, la destrucción física y la manipulación informativa pasan a estar entrelazados. En el Líbano en 2006, Hezbolá combatió a Israel mediante células muy bien entrenadas que combinaban propaganda, tácticas militares tradicionales y cohetes lanzados desde zonas civiles densamente pobladas, con lo que lograron lo que muchos en esa región consideraron una victoria política.
Esa clase de guerra surgió en gran medida como reacción ante la abrumadora ventaja militar tradicional de Estados Unidos después del desplome de la Unión Soviética, puesta de relieve por su victoria en la guerra de Irak de 1991, con sólo 148 víctimas norteamericanas, y su intervención en el conflicto en Kosovo de 1999, en el que no hubo pérdida de vidas estadounidenses. Ante esa asimetría, los oponentes de Estados Unidos –tanto estatales como no estatales– empezaron a dar prioridad a las tácticas no convencionales.
 
Guerra ilimitada
En China, por ejemplo, los planificadores militares formularon una estrategia de "guerra ilimitada”, que combina instrumentos electrónicos, diplomáticos, cibernéticos, terroristas substitutivos, económicos y de propaganda para engañar y agotar los sistemas de EEUU. Como dijo un funcionario militar chino, "la primera regla de la guerra ilimitada es la de que no hay reglas”.
Por su parte, los grupos terroristas, al reconocer que no pueden derrotar a un Ejército tradicional en una guerra directa, intentan utilizar el propio poder de los estados contra ellos. Osama bin Laden ultrajo y provocó a EEUU con golpes de efecto violentos y los hizo reaccionar exageradamente de formas que destruyeron su credibilidad, debilitaron sus alianzas en el mundo musulmán y acabaron agotando a su Ejército y, en cierto sentido, a su sociedad.
El Estado Islámico está empleando ahora una estrategia similar, combinando operaciones militares despiadadas con una campaña incendiaria en los medios de comunicación social, salpicada con fotografías y videos de ejecuciones brutales, incluida la decapitación de ciudadanos de EEUU y de otros países. Esas medidas han movilizado a los enemigos del Estado Islámico al tiempo que incitaban a un número cada vez mayor de personas y grupos descontentos a incorporarse voluntariamente a la lucha bajo su estandarte.
La imprevisible evolución de la guerra plantea una grave amenaza a los planificadores de la defensa. Para algunos estados débiles, las amenazas internas ofrecen objetivos claros. Por su parte, EEUU debe equilibrar su apoyo continuo a sus fuerzas militares tradicionales, que siguen siendo un importante factor disuasor en Asia y Europa, con la inversión en una amplia gama de capacidades substitutivas que requieren los conflictos en Oriente Medio. En una época de cambios sin precedentes, EEUU –y otras potencias– deben estar listas para todo.

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