La polarización marca la segunda vuelta en Perú

Keiko Fujimori tratará de contrarrestar la mala imagen por la sombra de su padre y Pedro Pablo Kuczynski tratará de atraer el voto de los contrarios al régimen del expresidente.
domingo, 17 de abril de 2016 · 00:00
Madrid / Infolatam, Rogelio Núñez 

En la segunda vuelta de las presidenciales peruanas, el 5 de junio próximo, se va a vivir un duelo que ya empieza a ser tradicional en el país andino: la pugna entre el fujimorismo y el antifujimorismo. Esa polarización marcó la cita en las urnas en 2011 (Keiko Fujimori vs. Ollanta Humala) y lo vuelve a hacer cinco años después.
 
Perú vivió en el siglo XX una fuerte polarización, con enfrentamientos civiles y regímenes dictatoriales incluidos, centrada en la dicotomía aprismo vs. antiaprismo. Y ahora, en el siglo XXI, se perfila una nueva polarización no sangrienta pero sí que provoca desgarros y divisiones sociales.
 
El analista Luis Benavente explica que es ya un clásico la polarización entre fujimoristas y "es el populismo de derechas más fuerte de América Latina”, y antifujimoristas. Una división que arranca de los años 90, sobre todo tras el golpe de Estado de Alberto Fujimori en 1992, y que sigue estando muy presente.
 
Hace un lustro, Ollanta Humala basó su victoria en su capacidad para encauzar el voto antifujimorista uniendo a un amplio espectro que iba desde la izquierda a la derecha (Mario Vargas Llosa) pasando por el propio nacionalismo humalista.
 
Keiko Fujimori (Fuerza Popular) trató entonces de captar el voto temeroso de una aventura chavista en manos de Humala pero el giro hacia el centro del ahora Presidente y la pervivencia de un tradicional antivoto antifujimorista impidió que venciera.
 
Ahora ese duelo se vuelve a repetir. Keiko Fujimori, que ha llevado al fujimorismo hacia posturas más moderadas y centristas, tratará de contrarrestar la mala imagen que persigue a su movimiento. Y Pedro Pablo Kuczynski (Peruanos por el Kambio) partiendo de su 25% de respaldo tratará de atraer el voto antifujimorista de la izquierda (algo complejo de lograr), de los seguidores de Alfredo Barnechea (7%), del aprismo (6%) y de los seguidores de Toledo (1%).

El blanqueamiento del fujimorismo
 
En lo que va de campaña, y sobre todo a partir de ahora, la candidata va a tratar de mostrar el rostro más amable del fujimorismo.  De ahí que buscó desligarse del legado de su padre y apartó, por ejemplo, a reconocidos dirigentes históricos fujimoristas.
 
También se ha alejado de las posturas más extremas y ha llegado incluso a reconocer que en el gobierno de Alberto Fujimori  (1990-2000) se cometieron errores y "graves delitos de corrupción”. 
 
La politóloga Adriana Urrutia subraya que "Keiko está buscando hacer del fujimorismo un partido de verdad, está muy interesada en la comunidad académica para entender cómo opera un partido y creo que está buscando que el fujimorismo viva sin Alberto. Para ir más allá de su núcleo duro, lo que deben hacer es desprenderse de sus pasivos, que es la historia de Fujimori en el gobierno”.
 
Una leyenda negra que persiste
 
Kuczynski tiene un programa económico muy similar al de Fujimori, por lo que solo tiene una opción para ganar en la segunda vuelta: convertirse en el cauce de todo el amplio voto antifujimorista que existe en Perú y que va desde la izquierda (Verónika Mendoza, del Frente Amplio y que salió tercera en las generales del domingo pasado encarnaba el antifujimorismo de la izquierda radical) hasta la derecha (Mario Vargas Llosa ha anunciado su apoyo a PPK).
 
Existe un amplio sector de la sociedad peruana que considera un peligro para la democracia el triunfo del fujimorismo. No cree en Keiko y su giro hacia el centro. El antivoto hacia la candidata ha subido desde 34% a mediados de enero hasta más del 40% antes de la primera vuelta, según la encuesta de Ipsos Perú.
 
Quizá quien mejor expresa este sentimiento es el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.
 
Pese a sus principios liberales, en 2011 prefirió apoyar a un izquierdista que había coqueteado con el chavismo como Ollanta Humala para evitar que venciera Keiko.
 
Ahora en 2016 es también muy claro: "(La victoria de Keiko sería la) reivindicación de la dictadura, probablemente, la más corrompida de la historia del Perú”.
 
El sentimiento antifujimorista, que ronda el 40% de la ciudadanía, necesita ser articulado y encauzado. Ese fue el éxito de Humala en 2011.
 
Las estrategias para la segunda vuelta
 
La gran debilidad de Keiko Fujimori en 2016 es que sigue teniendo en contra ese sentimiento antifujimorista.
 
Frente a Verónika Mendoza podría haber levantado la bandera de yo (Keiko) o el caos (Verónika). Contra Pablo Kuczynski eso no lo puede hacer porque Peruanos Por el Kambio es la encarnación del modelo y la ortodoxia.
 
Keiko tratará de hacer daño a Kuczynski atacándole en sus puntos débiles: por su edad (77 años) y por su escaso carisma (ha completado una primera vuelta muy floja, donde fue superado por César Acuña y por Julio Guzmán hasta que ambos fueron descalificados).

Además, sacará a relucir los problemas de su nacionalidad (tuvo hasta 2015 el pasaporte estadounidense) y su escasa capacidad para llegar al electorado popular, que es el gran punto fuerte del fujimorismo.
 
Se presentará como la encarnación del cambio frente a la continuidad: PPK fue  ministro de Fernando BelaundeTerry en los 80 y de Alejandro Toledo la pasada década.

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