LA PELOTA ESTÁ EN LA CANCHA DEL SENADO, LUEGO QUE LOS DIPUTADOS APROBARAN EL FIN DE SEMANA PASADO EL JUICIO POLÍTICO CONTRA LA MANDATARIA

Dilma, al borde del despeñadero

Con el tiempo contrarreloj, la presidenta Dilma Rousseff inició una ofensiva que busca imponer la idea de la fragilidad de los argumentos contra ella esgrimidos por los diputados y que detrás de todo se esconde un golpe de Estado.
domingo, 24 de abril de 2016 · 00:00
La Paz/Aldea Global, Juan Eduardo Araos

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se encuentra al borde del despeñadero. Tras el revés sufrido en la Cámara de Diputados, la semana pasada, que aprobó el inició del impeachment, su futuro ahora depende del Senado, que podría pronunciarse al respecto a mediados de mayo. Si el Senado acepta el  impeachment, cosa que se da casi por descontada, la Presidenta será suspendida del cargo por hasta 180 días, mientras asumirá su vicepresidente, Michel Temer, quien ya fue calificado como "traidor” por Dilma y sus correligionarios.
 
En una maratónica sesión, 367 diputados apoyaron el sí al juicio, mientras 137 apoyaron la posición oficialista. Miles de personas salieron a las calles a celebrar la decisión, aunque también hubo grupos que protestaron.
 
Ante la decisión de los diputados, Rousseff se mostró indignada y la calificó de un golpe de Estado. Lejos de amilanarse, anunció una dura defensa a su Gobierno y a la democracia brasileña: "Tengo la fuerza, el espíritu y la valentía para luchar contra todo este proceso hasta el final”, dijo. 
 
Antes de conocer la decisión legislativa, el abogado general del Estado y hombre de extrema confianza de la mandataria, José Eduardo Cardozo, ya había adelantado que la Presidenta iría "hasta el fin”. 
 
"Si alguien cree que ella se doblegará, se equivoca”, dijo Cardozo, según refleja la BBC, quien recordó que ni siquiera "se acobardó” cuando estuvo presa durante el último régimen militar brasileño (1964-1985).

La ofensiva
 
Con el tiempo contrarreloj, Dilma inició una ofensiva que apunta, según analistas, a dos vías: presionar al Senado e interponer un recurso judicial contra el juicio político.
 
La ofensiva contra los senadores se centrará en las consignas de la supuesta fragilidad de las denuncias contenidas en el informe de los diputados y en la idea de que la decisión es en realidad un golpe orquestado por Temer y por el cuestionado presidente de Diputados, Eduardo Cunha, involucrado en el caso Lava Jato, la trama de corrupción en Petrobras, y que tiene millones de dólares en bancos suizos.
 
Rousseff no ha sido acusada por hechos de corrupción, sino por haber "maquillado” las cuentas fiscales para permitir mayores niveles de endeudamiento. 
 
El plan del Gobierno abarca el ámbito nacional y el contexto internacional. En Brasil moverá a sus bases para que presionen en las calles, mientras sus allegados en el Senado intentarán persuadir a sus colegas sobre el daño que se la haría a la democracia si aprueba su destitución.
 
En el Legislativo, la defensa de la Presidenta apostará a "mostrar la fragilidad del informe” aprobado el fin de semana pasado. Es más, insistirá en el hecho que muchos de los diputados que votaron por el impeachment se encuentran enlodados por la corrupción y otros casos (según datos de la Fiscalía, citados por el diario El País, el 60% tiene causas pendientes en los estrados judiciales).
 
Sin ir más lejos, la sesión de los diputados reflejó la pobreza de argumentos. La justificación de los legisladores poco o nada se refirieron al problema por el que Dilma puede ser sometida a juicio y muchos de los que votaron sí al juicio aprovecharon sus segundos de fama, escribe la corresponsal de El País, Raquel Seco, para saludar a su familia, agradecer a Dios o insultar a la mandataria.
 
En cuanto a la ofensiva por la vía judicial, el corresponsal de la BBC Mundo en Brasil, Gerardo Lissardy, señala que no son pocos los que consideran que la mandataria acudirá al Supremo Tribunal Federal (máxima instancia judicial del país)  para cuestionar la legalidad del "impeachment”. 
 
"Pero el Supremo ya mostró independencia al rechazar la semana pasada un pedido del Gobierno para parar la votación del  impeachment  en Diputados, por supuestos vicios legales”, escribe Lissardy
 
¿Y qué medidas se asumirán en el exterior? Ante la comunidad internacional se difundirá con fuerza la tesis del
golpe de Estado. 
 
Ya este jueves se conoció que la mandataria viajó a Nueva York para participar en la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, en cuyas negociaciones Brasil participó activamente. 
 
La cita internacional será usada por la Presidenta para exponer la crisis y reforzar esa idea.
 
Días antes, Rousseff se reunió con un grupo de corresponsales extranjeros y enfatizó que el  impeachment "no traerá estabilidad política al país. ¿Por qué no trae estabilidad política al país? Porque rompe la base de la democracia”.
 
La mandataria izquierdista insistió en que el proceso de destitución en su contra "es un golpe” pues "está revestido de un pecado original, porque no tiene base legal”, según AFP.
 
Además, diversos presidentes, la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) han expresado preocupación por la situación de Brasil, cuestionando la legalidad del juicio político a la Presidenta.
 
Cunha, el siniestro diputado que orquesta el impeachment 
 
Brasilia

Eduardo Cunha le declaró la guerra a la presidenta Dilma Rousseff y el domingo pasado se anotó la victoria que tanto esperó en los últimos meses: el impeachment contra la mandataria fue aprobado en la Cámara de Diputados que preside y ahora avanza al Senado. 

Acusado de corrupción, este hábil y maquiavélico político de 57 años se colocó en el centro del poder desde que en diciembre pasado acogió el pedido de destitución de una debilitada Rousseff y uno por uno fue recogiendo pacientemente los votos de este domingo con un rostro sin expresión, que poco se inmutó a los insultos. 
 
"Canalla”, "bandido”, "corrupto”, "ladrón”: de todo dijeron sobre Cunha los diputados que defendían en la Cámara a la presidenta Rousseff, que ha tachado este proceso de "golpe” desde el inicio. Sin pestañear, Cunha simplemente hacía anotaciones con su lapicera. 
 
El Gobierno vio en la decisión de aprobar el pedido de impeachment un acto de "venganza” contra la mandataria, por no haber impedido que su Partido de los Trabajadores (PT) apoyara el proceso que la Comisión de Ética de la Cámara le había abierto por ocultar cuentas bancarias en Suiza. 
 
El proceso sería equivalente a un impeachment, pero ha sabido moverse para dilatar el proceso. No en vano lo llaman el Frank Underwood, el inescrupuloso personaje de la serie  House of Cards. Frank Underwood "es ladrón, homosexual y asesino. Yo no”, ha dicho el político brasileño. Cunha es el único político brasileño con fueros en ser juzgado por el máximo tribunal. 
 
La Fiscalía lo denunció el año pasado por corrupción y lavado de dinero vinculado a la red de sobornos de Petrobras. La Corte Suprema acogió la acusación en marzo. 
 
Pero aun cuando su vínculo con los casos de corrupción mermaron parte de su fuerza y le significaron amplia reprobación pública, este economista evangélico sigue en su puesto, moviendo los hilos de la Cámara. (AFP)
 
Neocrapulismo:  Los aliados de Evo Morales en problemas
 
Ricardo Paz Ballivián

El neocrapulismo es la vertiente perversa del neopopulismo, es una de las maneras, la menos ética y estética, de las salidas que suelen experimentar los movimientos neopopulistas. Estamos viviendo hoy en Latinoamérica, claramente, una etapa neocrapulista.

El neopopulismo más que una doctrina, una ideología o un modelo, es un discurso, donde el lugar común ha sido, en las últimas dos décadas en América Latina, plantearse como una alternativa al neoliberalismo. De hecho, resulta notable cómo el ascenso de los movimientos políticos que usualmente son etiquetados bajo este genérico denominativo, emergieron como "respuesta” al esquema de reformas estructurales por las que habían transitado la mayoría de las sociedades latinoamericanas en el fin del anterior ciclo hegemónico del estadocentrismo.
 
Aparentemente los fenómenos neopopulistas surgen como "productos” del neoliberalismo, la manera como las sociedades reaccionan ante la dureza de la lógica implacable del mercado. Chávez en Venezuela, los Kirchner en la Argentina, Evo Morales en Bolivia, Lula y Dilma en el Brasil, Correa en el Ecuador, Lugo en Paraguay,
 
Ortega en Nicaragua y Zelaya en Honduras, por nombrar a los más mentados, cada uno a su estilo y de acuerdo a sus peculiaridades, ascendieron al poder planteándose ante los ciudadanos de sus respectivos países como "alternativas” al neoliberalismo. Los más radicales como "antiimperialistas” o "anticapitalistas” y los menos como "humanizadores” del modelo.
 
Todos y cada uno de ellos derrotaron a expresiones políticas que fueron estigmatizados como representantes ortodoxos del modelo neoliberal. No resulta extraño, por lo tanto, que exista este tipo de percepción generalizada. Neopopulismo como antítesis del neoliberalismo es lo que comúnmente se acepta sin profundizar mucho en el análisis. 
 
La verdad es que, en todos los casos mencionados, una vez culminada la fase de legitimación electoral, cuando llegó la hora de gobernar se adoptaron, matices aparte, un agresivo y retórico discurso radical, pero en la economía un conservadurismo liberal que no avanzó un centímetro hacia el declarado objetivo socialista.
Como lo hiciera notar hace mucho tiempo el politólogo boliviano René Antonio Mayorga, el neopopulismo es "...una mezcla de elementos que apelan a las masas populares, al pueblo oprimido y a la nación acosada por enemigos internos y externos, pero traduciendo simultáneamente un compromiso con valores neoliberales y estrategias de transformación económica basadas en la economía de mercado. Paradójicamente, la retórica populista es usada para apoyar políticas ortodoxas”.
 
Si bien el neopopulismo se presenta como un resultado de las políticas de ajuste estructural, en realidad dista mucho de ser su negación y más bien suele surgir como una suerte de estrategia, una vía alternativa, de consolidación del neoliberalismo. Esto es lo que nos demuestran las experiencias recientes de América Latina. 
 
Por lo tanto, el fracaso de estos experimentos políticos neopopulistas no se explica por una supuesta reacción neoliberal restauradora, como se pretende insinuar con las victorias de Cartes en Paraguay, Hernández en Honduras y más recientemente Macri en Argentina. La verdad es que el neopopulismo periclita, generalmente, por excesos en la forma y en las prácticas clientelistas y de corrupción generalizada.
 
El neopopulismo está en crisis hoy en América Latina porque ha devenido en neocrapulismo, es decir una exacerbación grotesca de la corrupción, tal como lo grafican de manera dramática los escándalos de "Lava Jato”, que echará por tierra al gobierno del PT en Brasil, o el del Fondo Indígena en Bolivia, que ha deteriorado gravemente la imagen del MAS y, para empezar, ha frustrado las intenciones reeleccionistas de Evo Morales.
 
Maduro en Venezuela, Correa en Ecuador y Ortega en Nicaragua están claramente en la fila. No es el fantasma de la restauración neoliberal la que les tiene reservado un triste fin político, sino la corrupción impúdica que los ha convertido del neopopulismo al neocrapulismo.

Ricardo Paz Ballivián es analista político

Confidencial

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