Dilma fuera; lo que le espera a Brasil

La sociedad brasileña siente un profundo cansancio por la crisis que atraviesa su país y una mezcla de sentimientos encontrados sobre lo que les depara el futuro.
domingo, 15 de mayo de 2016 · 00:00
Aldea Global / Agencias

Ahora que Dilma Rousseff ha sido suspendida de su cargo, los brasileños están preocupados por lo que les depara el futuro con Michel Temer a la cabeza del Ejecutivo.

Debido a la profunda crisis política y económica que aqueja a este país desde hace años, la mayoría de la población brasileña no lograba acompañar la evolución de todos los asuntos políticos, lo que ha provocado un profundo cansancio y una mezcla de sentimientos encontrados a favor y en contra del impeachment de Dilma Rouseff y hoy acerca de su futuro. La ciudadanía ha vivido un torbellino de acusaciones por el caso Lava Jato, que tiene centenares de implicados, la acusación contra Rousseff, los escándalos de corrupción relacionados con el Mundial de 2014, los problemas en los servicios de salud, educación y transporte, y los detalles de la mayor crisis económica desde la década de los años 30 del siglo pasado. Finalmente, Rousseff no es acusada de hechos de corrupción, solamente de haber "maquillado” las cuentas fiscales. Por el contrario, los legisladores que la suspendieron sí enfrentan acusaciones por delitos penales.
 
Esta semana, tras una maratónica sesión que se extendió durante más de 20 horas, el Senado resolvió que Rousseff sea sometida a juicio político por lo que fue obligada a dejar el cargo por 180 días. Ese lapso será utilizado por la exmandataria para presentar su defensa ante los senadores y el Tribunal Supremo Federal (TSF). Algunos analistas creen que será, de todas maneras, declarada culpable.
 
La expresidenta se vio suspendida del cargo cuando sólo tiene un 10% de popularidad. Rousseff fue reelegida en octubre de 2014 por cuatro años y llegó a tener 77% de popularidad al comienzo de su primer mandato, impulsada por programas sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza. 
 
Gran parte de su desgaste se debe también al megafraude descubierto hace dos años en la estatal Petrobras,
que tiene en la mira a decenas de políticos de su PT y a aliados, así como a poderosos empresarios. La investigación se llama Lava Jato. 

Optimismo
 
El Gobierno quedará en manos de Michel Temer, durante un tiempo aliado de Rousseff y ahora uno de sus principales adversarios. Como presidente temporal de Brasil deberá mover acertadamente las fichas de un tablero político de alta complejidad.
 
Existen quienes están pesimistas sobre la mejora de esta situación, pero hay otros que creen que el gigante latinoamericano tiene las condiciones, si se estabiliza políticamente, de tener una recuperación vigorosa.
 
Marcos Soto, experto de PriceWaterhouse Coopers, explicó a El País de Uruguay que Brasil "históricamente se ha recuperado rápido y ahora tiene capacidad ociosa en la industria, tiene mercado y tiene capitales por lo que no tienen que salir a buscar inversiones”. Para Soto, será clave para que Brasil pueda retomar un nivel importante de actividad, la estabilidad política que logre y el equipo que conforme Michel Temer. Si optase, como se rumora, por Henrique Meirelles para conducir la economía estaría eligiendo a alguien "cercano a los mercados que trabajará en la mejora del clima de negocios”, opinó Soto. Advirtió que Temer "no tiene capital político” por lo que serán clave los colaboradores que designe.
 
Visión negativa
 
Los dirigentes del partido político de Rousseff, el PT, en cambio, creen que con Temer no cambiará nada y la crisis se profundizará, además que anunciaron una dura oposición a quien consideran un "traidor”. 
 
Algunos analistas señalan que la inestabilidad política no se superará mientras haya un cambio más general, que incluya a los partidos que apoyaron la salida de Rousseff. El sistema político como tal tiene un alto rechazo de parte de la población, que no vislumbra líderes nuevos que puedan reinsuflar confianza en la ciudadanía y, además, empezar a mejorar la situación económica. Temer podría terminar su mandato contra las cuerdas, dentro de dos años, sin haber resuelto los graves problemas del país y con la imagen de haber sido un traidor.
 
El senador Humberto Costa, del PT en la Cámara Alta, advirtió que su partido "hará una oposición muy firme y denunciará en forma permanente el golpe que se le está dando a la democracia”, reseñó EFE.
 
Mientras tanto, el 62% de la población brasileña clama por nuevas elecciones para recuperar confianza y gobernabilidad; se puede comparar el actual grado de aceptación de Temer con los momentos de menor aprobación del gobierno de Rousseff. Esto podría movilizar partidos y movimientos sociales en favor de elecciones "Directas ya” después del alejamiento de Rousseff.
 
Rousseff hoy 
  • Rousseff dejó su despacho en el palacio de Planalto.
  • Se le permitirá seguir viviendo en la residencia presidencial, el Palacio da Alvorada.
  • Según la Constitución, su salario debe ser reducido a la mitad mientras dura el juicio político (180 días).
  • Ratificó que luchará con todos los medios legales para terminar su mandato. 
El porqué del impeachement
 
Dilma Rousseff no es blanco de ninguna investigación o acusación por corrupción; por el contrario, muchos de los legisladores en funciones que votaron a favor de la suspensión son indagados o acusados por el inmenso escándalo de Petrobras, que incluye 2.000 millones de dólares. 

La decisión del Senado se fundamentó en unas maniobras fiscales irregulares en las que el gobierno de Rousseff incurrió en 2014 y 2015, que le permitieron presuntamente "maquillar” sus resultados y presentar números mejores que los que habría mostrado la realidad.
 
Según el PT, partido de Dilma, esas maniobras no pasaron de meras faltas administrativas habituales en la administración pública brasileña y no podían haber constituido razones para su destitución y por ello consideran que el proceso no es más que "un golpe de Estado”.
 
La senadora Gleisi Hoffmann, cercana a Rousseff, dijo que lo que se hizo a Rousseff es equivalente a "penalizar con pena de muerte una infracción de tránsito”.



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