DAN RESULTADOS DE UNA RECIENTE INVESTIGACIÓN

Prevén que orina puede ser el combustible del futuro

Se sabe que la orina no genera tanta energía como el sol o el viento, pero al ser un producto de desecho que siempre existirá puede resultar un excelente complemento a otras energías renovables.
domingo, 22 de mayo de 2016 · 00:00
Deutsche Welle

El sueño de usar productos de desecho para generar energía parece hacerse realidad. La orina es uno de esos productos, y podría aplicarse de manera efectiva e higiénica para el manejo sustentable del medioambiente.
 
Nos guste o no, la orina es parte esencial de nuestra vida cotidiana, y los investigadores han estudiado durante décadas cómo sacar provecho de ella para generar electricidad.
 
En 2014, científicos de un laboratorio de robótica de Bristol lograron cargar un teléfono móvil a partir de la orina.
 
Ahora, un estudio reciente hizo avanzar aún más las investigaciones sobre el uso de la orina como fuente de energía, reduciendo el precio de su aplicación y acelerando el proceso. Pero, ¿cómo se desarrolla actualmente la implementación de la orina como recurso energético? ¿Y cómo se puede obtener energía de ella?

Reciclaje
 
La orina se ha usado con diversos propósitos a lo largo de la historia. No es sorprendente, considerando que un ser humano produce en promedio entre 800 y 2.000 mililitros de orina por día. Si se los multiplica por la población total del globo, el resultado son 1,4 trillones de litros de orina por día que –la mayoría de las veces– termina en el desagüe.
 
Esta inmensa cantidad de desecho requiere un manejo adecuado, lo cual es costoso y consume mucha energía.
 
"El tratamiento de los desechos representa una gran parte de la demanda diaria de energía”, dijo Mirella Di Lorenzo, coautora de una investigación reciente. "Queremos utilizar los desechos como fuente de energía en lugar de someterlos a un tratamiento que requiere energía”, explicó Di Lorenzo a Deutsche Welle.

Aprovechando la basura
 
Convertir la orina en electricidad implica obtener energía de las bacterias. Al quitar oxígeno del medioambiente, las bacterias descomponen la orina y generan electrones en lugar de dióxido de carbono y agua.
 
Los dispositivos electroquímicos llamados células de combustible bacterianas convierten la carga del líquido urinario en electricidad de manera extremadamente eficiente. Aunque son efectivas, hasta ahora esas células bacterianas eran demasiado caras  y producían un nivel muy bajo de energía.
 
Esos son los dos desafíos principales que Di Lorenzo y su equipo tuvieron que enfrentar. Las nuevas células de combustible en miniatura son mucho más pequeñas y poseen cables de titanio y tela en lugar de platino. Además, pueden elevar la producción de energía gracias a una proteína de la clara del huevo.
 
"La cantidad de energía producida sigue siendo muy baja”, dijo Di Lorenzo. "Pero no estamos muy lejos de lograr aplicaciones prácticas”. El equipo confía en que pronto nuestros desechos serán una fuente de energía para la vida cotidiana. Ella sabe que es probable que la orina no genere tanta energía como el sol o el viento, lo cual hizo ver con ojos críticos el proyecto. Al respecto, señala que de lo que se trata es "que la orina resulte siendo un complemento para otras energías renovables”.
 
Ránking de energías renovables
 
Según la revista británica "Energy and Environmental Science”, existe un ranking de energías renovables, ordenadas según eficiencia y beneficios, cuyo orden sería el siguiente: energía eólica, energía solar concentrada, energía geotérmica, energía mareomotriz, paneles fotovoltaicos y, por último, la energía de las olas.

En el caso de la orina, si ésta pudiera transformarse o no en energía a gran escala es todavía incierto. Y si la gente aceptara usar sus propios desechos para producir esa energía también lo es. Pero mientras esos enigmas se resuelven, los investigadores siguen trabajando en convertir a la orina en un combustible a futuro.  
 
80% de los habitantes respira aire contaminado
 
Roma / ANSA

En el mundo, quien vive en las ciudades respira casi siempre un aire contaminado, más allá de los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una situación que compromete al 80% de quienes habitan en áreas urbanas, la mayor parte concentrada en los países más pobres. El impacto en la salud es grave: más de tres millones de muertes prematuras al año en el mundo. Así lo menciona el último informe de la OMS sobre la calidad del aire, según Ansa.
 
Según los datos presentados, el 98% de las ciudades con más de 10.000 habitantes en países de rédito bajo y medio la contaminación del aire supera los límites, mientras que en los países ricos el dato concierne al 56% de las ciudades. Si la calidad del aire empeora, aumenta consecuentemente el riesgo de ictus, enfermedades cardíacas, tumores de pulmón, enfermedades respiratorias crónicas y agudas.
 
La contaminación del aire, causado principalmente por altas concentraciones de partículas, es el principal factor de riesgo para la salud y responsable de tres millones de muertes prematuras al año en el mundo.
 
En general los niveles más bajos de contaminación se presentan en los países ricos, en particular, en Europa, América y del Pacífico occidental. La mitad de los países ricos monitoreados y los dos tercios de aquellos de rédito bajo y medio redujeron un 5% la contaminación del aire en los últimos cinco años.
 
En el curso de la próxima asamblea de la ONU sobre la salud, que se inicia este martes 24 de mayo, los Estados miembros discutirán una "hoja de ruta” para aumentar la respuesta global a los efectos de la contaminación sobre la salud.

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