El país vive una compleja transición

El flamante presidente de Brasil envió un mensaje positivo a su país al prometer apoyo a la investigación sobre corrupción en Petrobras, cosa que no hizo Dilma. Pero está muy lejos de poder estabilizar a su país.
domingo, 29 de mayo de 2016 · 00:00

Clara Riveros, especial para Aldea Global

En Brasil, un país con más de 200 millones de habitantes, el 60% (81) de los senadores y el 54% de los diputados (273 de 513) están siendo investigados en el marco de la operación Lava Jato (corrupción de Petrobras). Esos parlamentarios aprobaron la suspensión de la presidenta Dilma Rousseff y pusieron en el poder a su vicepresidente, Michel Temer. Éste está lejos de poder estabilizar su país.

Los partidos políticos –el de gobierno principalmente pero no solamente– sufren este gran escándalo de corrupción cuando todavía no se había superado el Mensalão (2005), un escándalo que estalló durante la presidencia de Lula Da Silva (2003-2010) y que se basaba en dar pagos irregulares a parlamentarios para que aprobaran leyes.

De hecho, implicado en el Mensalão está quien fue ministro de la Presidencia de Lula, José Dirceu, hallado culpable también de la trama de corrupción de Petrobras y quien fue condenado esta semana a 23 años de prisión. Dirceu ya había sido condenado por el escándalo de 2005 y, según se pudo establecer, recibió dinero producto de Lava jato mientras cumplía su primera condena bajo prisión domiciliaria.

Los entramados de corrupción trataban de asegurar la permanencia del PT en el poder que hoy se reclama víctima de un golpe organizado por el Congreso.

Mandataria suspendida
Rousseff (68), primera mujer Presidenta del país y heredera de Lula, fue suspendida de su cargo por un periodo de 180 días. Se le acusa de maquillar las cuentas públicas para ocultar el déficit y así mejorar la imagen de su gestión. La Cámara de Diputados aprobó en abril el comienzo del juicio político y el Senado lo decidió en los primeros días de mayo, con 55 votos a favor y 22 en contra.

Los legisladores han aportado cuotas surrealistas de falta de legitimidad. Está por verse si, de la misma manera que rechazaron a Rousseff apoyarán las medidas del gobierno interino de Michel Temer. Rousseff debió abandonar Planalto –sede del Ejecutivo– y aguardará las próximas decisiones en el Palacio de la Aurora, la residencia presidencial.

¿Le faltó destreza y capacidad de negociación a la presidente para mantener apoyos y evitar el impeachment? Algunos sugieren que habría podido evitar llegar a esa instancia considerando que se necesitan dos tercios de la Cámara de Diputados y una mayoría en el Senado para iniciar el juicio político. Pero el descrédito de su Gobierno, y el gran escándalo de Lava Jato le pasaron la factura, por más que la corrupción afecte a todos los partidos. Solo el 10% de la población la respalda.

Temer en el poder
Al exvicepresidente Michel Temer (75), del Partido del Movimiento Democrático Brasileño PMDB y quien asumió la jefatura del Estado de manera provisional, se le considera un político hábil con gran capacidad de negociación. Temer participó en los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y de Lula da Silva.

Posteriormente, acompañó a Rousseff como vicepresidente en su primer mandato y, aunque se quejó de ser una figura puramente decorativa, aceptó repetir la fórmula para lograr la reelección. El hoy Presidente en funciones fue sancionado y podría ser impedido de presentarse como candidato presidencial en 2018. Sí la Presidenta es destituida de forma definitiva será reemplazada por Temer hasta completar el mandato presidencial, el 1 de enero de 2019.

 
Ansioso por ocupar el sillón presidencial, Temer estuvo ensayando en las últimas semanas previas a la suspensión de Rousseff su discurso de ascensión, cosa que se supo al filtrarse una grabación que había de su alocución, lo que motivó a Rousseff a acusarlo como traidor y golpista; aun así, siguiendo lo que dice la CPE, fue él quien la reemplazó durante su último viaje al exterior como Presidenta, ocasión en la que denunció ante la ONU un golpe de Estado en su contra.

Afortunadamente, más allá del hartazgo ciudadano con la gestión del PT, de las motivaciones políticas de sus detractores o de la severa crisis económica, los militares no han dado ninguna señal de que desean salir de sus cuarteles.

Temer es un presidente impopular y su legitimidad es cuestionada. Registra una mínima intención de voto en los sondeos y ya debió enfrentar cacerolazos y protestas de las clases medias que ven que su Gobierno no resuelve la severa crisis que vive el país. La mayoría de la gente exige que se organicen elecciones generales de manera inmediata.

Serra, ministro clave

Algunas de las designaciones de Temer prometen jugar un papel relevante, especialmente la del nuevo canciller, José Serra, quien envió un contundente mensaje a los países del ALBA a los que acusó de "propagar falsedades” sobre el proceso político brasileño y anunció que la política exterior estará guiada por los intereses "del Estado” y no por las preferencias partidistas o por las cuestiones ideológicas. "La nueva política exterior de Brasil estará muy atenta a la defensa de la democracia y los derechos humanos en cualquier país”, puntualizó Serra. (Tomado de SudAméricaHoy)

 

Temer: Mensajes positivos y negativos

El flamante presidente envió un mensaje positivo al prometer apoyo a la investigación sobre corrupción en Petrobras –cosa que no hizo Dilma– y también afirmó su confianza en la recuperación de la economía, en el potencial del país y en sus instituciones sociales y políticas y llamó a la unidad nacional para enfrentar los grandes desafíos que el pueblo brasileño tiene por delante.

No obstante, generó fuertes críticas tanto por la eliminación de algunos ministerios como por la conformación de su gabinete donde las mujeres y los afrodescendientes brillaron por su ausencia.

La CIDH ha expresado su preocupación y ve en esas disposiciones un retroceso para Brasil. El Tribunal Supremo, pese al reciente estreno de presidencia de Temer, anunció que analizará una demanda en la que se solicita la apertura de un juicio político en su contra debido a los gastos excesivos en la campaña electoral.

Clara Riveros Es politóloga y analista internacional

 

 

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