El centenario del estadounidense pasó desapercibido

Owens, el atleta que enfureció a Hitler, hubiese cumplido 100

El deportista negro, que murió en 1980, ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín-1936, lo que provocó la ira del presidente de Alemania.
viernes, 13 de septiembre de 2013 · 22:24
AFP /  Los Ángeles
  Nadie mejor que Jesse Owens para ejemplificar el lema olímpico de "Citius, Altius, Fortius” (Más Lejos, Más Altos, Más Fuertes), el nieto de esclavos negros que ganó con pasmosa facilidad cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín-1936, e incurrió en la furia de Adolfo Hitler.

La fecha de su nacimiento,  12 de septiembre de 1913, quedó en el olvido entre la eventualidad de una guerra con Siria y su arsenal químico, la lesión de Derek Jeter o la satisfacción del Comité Olímpico de Estados Unidos, porque el tramposo de Lance Armstrong al fin devolvió su medalla olímpica.
 Owens, nieto de esclavos negros y el décimo de 11 hermanos de una familia pobre,  era reconocido como un atleta excepcional en Estados Unidos cuando, con 23 años, fue incluido en el equipo a los Juegos Olímpicos de Berlín-1936.
Hitler quería utilizar estos juegos para mostrar al mundo los logros de una renacida Alemania nazi y la superioridad de la raza aria, pero Owens fue la clásica mosca en la leche que arruinó los planes del dictador.
 El atleta, un perfecto desconocido, asombró a todos al ganar con relativa facilidad cuatro medallas de oro: el 3 de agosto se impuso en los 100 metros, al día siguiente en salto de longitud; el 5 de agosto en 200 metros y cerró con el oro en los relevos 4x100 m, el 9 de agosto. Es de sobra repetida la anécdota de que Hitler se negó a estrecharle la mano a Owens por ser negro.
En la Alemania nazi, Owens pudo hospedarse en el mismo hotel, comer en los mismos restaurantes y viajar en los mismos autobuses y trenes públicos de los blancos. En la calle esos mismos blancos, cuando le reconocían, se amontonaban a su alrededor para pedirle un autógrafo. "Cuando volví a mi país natal, después de todas las historias sobre Hitler, no pude viajar en la parte delantera del autobús. Volví a la puerta de atrás. No podía vivir donde quería. No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente”, escribió en su libro.
  Fumador empedernido de un paquete de cigarrillos diario durante 35 años, Owens falleció el 31 de marzo de 1980, a los 66 años, debido a un cáncer de pulmón, en su casa de Tucson, Arizona.

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