El Cañonero brilló en los primeros años de la institución

Alborta, la primera estrella del gran firmamento celeste

El jugador no sólo fue referente de la Academia en los primeros años, también representó al país en la primera Copa del Mundo de 1930, que se jugó en Uruguay.
sábado, 11 de abril de 2015 · 19:18
Marcelo Ramos Flores / Historiador
   La historia del club Bolívar está llena de episodios memorables y llamativos. En cada uno de esos momentos  hubo destacados deportistas  que dieron lo mejor de su talento. La Academia cumple 90 años y es justo mostrar a la primera estrella del firmamento celeste.  
Su nombre es Mario Alborta. Su figura   legendaria ha trascendido  nuestras fronteras. Jugador de prestigio reconocido, registró su talento  en diferentes medios de prensa y revistas deportivas  a nivel local e internacional.
Los inicios de Alborta como jugador fueron en una cancha de dimensiones pequeñas pertenecientes  al Instituto Americano de La Paz. En ese campo de juego hizo su aparición el deportista paceño. Por su importancia hay que agregar que la enorme diferencia que existía entre su juego y el de sus compañeros de colegio llamó la atención  de los dirigentes de Universitario, que después de un encuentro  intercolegial, le invitaron a  jugar en la primera división del conjunto de la Universidad Mayor de San Andrés.
Una vez incorporado al elenco estudiantil, en 1926 realizó un viaje a  Cochabamba, donde el plantel protagonizó algunos encuentros  en  homenaje a la efemérides valluna. Luego de ese viaje tan significativo, la asociación del balompié paceño convocó a un torneo de Selección para el campeonato nacional de fútbol, auspiciado por la federación.
Naturalmente, Alborta fue elegido entre los mejores jugadores. También en 1926, la Selección participó  por primera vez en el campeonato sudamericano, que  se desarrolló  en Santiago de  Chile.  Por sus  excepcionales condiciones , el joven jugador  fue nombrado capitán de la Verde. La primera intervención  del combinado nacional  no fue de las mejores, porque los demás países  participantes demostraron  supremacía en el campo de juego. Al año siguiente, vale decir en  1927, el plantel nacional  concurrió nuevamente al XI Campeonato Sudamericano, que se jugó  en Lima, Perú; igualmente los resultados no fueron de los mejores.
Tras esas experiencias deportivas, Alborta participó nuevamente en el torneo local. A la conclusión del torneo de 1928, reforzó al equipo de Deportivo Militar. Su talento y sus goles fueron clave  para la obtención del campeonato paceño. Los jugadores defensores de The Strongest nada pudieron hacer contra los cañonazos dirigidos por Alborta. Un año después, en  1929, Universitario consiguió su primer título, al derrotar 3-2 al equipo atigrado.
 Alborta comandó nuevamente  el triunfo  de sus compañeros. Al final  de ese compromiso, un gesto muy caballeroso quedó en la memoria.  Alborta obsequió a su compañero Víctor Hugo Estrada la medalla que recibió por ser el mejor jugador. Estrada no pudo jugar por una lesión.
Un año después,  participó como jugador  de la "U” en la inauguración del estadio  Hernando Siles, el 16 de enero de 1930. Ese año asistió al primer campeonato Mundial de Fútbol, evento deportivo  que se desarrolló en Uruguay.
Universitario desapareció  a mediados del 30. Este suceso dio lugar a que destacados jugadores, entre ellos Alborta, pasaran definitivamente a filas del  cuadro bolivarista.
En el club Bolívar paseó su fortaleza, caballerosidad, elegancia y su técnica inigualable. Estas cualidades  le dieron el sobrenombre de Cañonero.
El jugador emblemático debutó con  la casaca celeste el 26 de octubre de 1930, durante el Campeonato Relámpago auspiciado por el club Bancario.
En noviembre de ese  año, los dirigentes del  club Bolívar determinaron que el equipo  viaje por territorio chileno.  La gira  fue positiva. De regreso al país, el cuadro celeste,  con Alborta, protagonizó  partidos memorables.
Uno de los planteles extranjeros  que dejó huella en el público boliviano fue Deportivo Almagro de Argentina.
Como una muestra  de afecto, la delegación argentina  fue homenajeada en el salón del club Ferroviario. En ese ambiente de amistad, se presentó el  prestigioso jugador. Rindió sus saludos a la comitiva visitante. Estrechó,  como una forma de caballerosidad, la mano del renombrado Recanatini. De jugador a jugador, de capitán a capitán, de crack a crack, se vieron frente a frente.
Almagro venció 2-0 al combinado celeste. El partido se caracterizó  por la entrega de ambos planteles. Pese a los goles adversos, fue una tarde emotiva  para el fútbol paceño. Poco después de ese lance destacado, el cuadro celeste  viajó nuevamente al exterior. Visitó Perú y Ecuador, el resultado fue más que positivo.
Nuevamente en territorio nacional, Alborta recibió la admiración  del pueblo en general. Sus gratos recuerdos, tras  esos viajes, se reflejan en las siguientes líneas: "Quiero dejar en constancia  mi profundo agradecimiento  para los deportistas  de La Paz en particular  y para todo el pueblo en general, por la grandiosa recepción  que nos han tributado  a nuestra llegada. Hablando sinceramente, ella nos cogió  de sorpresa, los muchachos no esperábamos  una demostración  de tal índole. Me conmovió y me hizo feliz, pues creí entrever  en esa manifestación  el deseo que tenía a toda  Bolivia expresándome   su congratulación  por el  triunfo de su juventud. La gira no pudo haber sido más satisfactoria. Me encuentro satisfecho  de ella  en sus diversos aspectos,  pues además de haber conquistado  lauros y victorias  para el club,  he podido  comprobar  la disciplina  y el carácter  obediente  de todos los muchachos. Si materialmente  el viaje no nos repartió provecho alguno, moralmente él se ha constituido, especial para mí, en gran aliciente;  ya que ha sido la causa para que llegue al íntimo aprovechamiento del cariño que profesan  todos y cada uno al club y a sus colores. He visto ondear mi tricolor victoriosa en los campos deportivos de  Perú y Ecuador y estoy seguro de que hoy en adelante Bolivia será tomada ya en cuenta en los campeonatos futbolísticos”.
Del estadio a las trincheras del Chaco
Aproximadamente un año y medio habían pasado  de ese viaje. Entonces conmovió  a todo el país  el conflicto bélico con  Paraguay. Alborta, el renombrado deportista,  estuvo en el frente de batalla, así lo manifestó  el diario El Correo Deportivo, con la siguiente nota:
"Carlos- Uyuni- Mario Alborta se encuentra en campaña desde hace ya varios meses prestando sus servicios, cual corresponde  a todo buen patriota”.
Por instrucciones superiores, Alborta y varios de sus compañeros fueron evacuados a  La Paz. Este fin obedeció  a una colaboración humanitaria. En  abril de 1934, a iniciativa de La Paz Foot Ball Association, juntamente con el Estado Mayor, decidieron auspiciar  un programa deportivo con el objeto de recaudar fondos  para la Caja del Herido. El público boliviano fue llamado a  la solidaridad.
Concluida la guerra, Alborta retornó a los campos de juego. En los años de 1936 y 1937 el seleccionado paceño salió campeón en dos oportunidades.
Naturalmente, el centro delantero fue la pieza clave para la obtención de esos títulos.
Participó  en los primeros Juegos Bolivarianos de  1938
La Selección,  en la disciplina  del balompié,  realizó una de sus mejores presentaciones  de su historia. En dicha oportunidad se colocó en el segundo lugar. Mario Alborta y Vicente Arraya fueron las figuras sobresalientes de aquel equipo.
Al promediar julio de 1955 nació, de un selecto grupo de futbolistas, la idea de crear una entidad que los cobijara en sus proyectos  posteriores.
Pocos años después, en aquel memorable acontecimiento del Campeonato Sudamericano de 1963, competencia en la cual Bolivia obtuvo el primer sitial, Alborta tuvo participación como directivo. El Cañonero, esta vez, fue designado administrador de la Selección.
Alborta fue una de las pocas figuras comprometidas con el deporte nacional. La afición paceña y boliviana vio su potente remate, que en ocasiones "rompía” el travesaño de los arcos rivales.
De ahí nació el sobrenombre de Cañonero.

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