Fútbol vertebral

Siempre podemos jugar mejor

viernes, 18 de noviembre de 2016 · 00:00
Carlos D. Mesa Expresidente de Bolivia
 
Bolivia llegó al Hernando Siles sumida en la desazón, en una inequívoca depresión contagiada a todo el país. Cuatro puntos perdidos por cuestiones reglamentarias y una goleada muy dolorosa, una derrota de horror frente a la peor selección histórica de América del Sur y la más débil de nuestros rivales, eran razones más que suficientes para estarlo.

Por alguna razón, además, el periodismo se estrella contra Hoyos por su "falta de comprensión de los partidos”. De entrada, la pregunta fue "¿cómo es que en Venezuela puso tres hombres de punta y en La Paz alinea un solo delantero neto y como consuelo un media punta? La respuesta la dieron los tres puntos ganados…

Estaba claro que Lampe había regalado sus opciones en Maturín. Vaca en La Paz es un hombre asentado, nada hubo que desmintiera un bien ganado cero en su valla. Fiel a sí mismo Hoyos mantuvo su línea de cuatro atrás con una sola variante, Valverde por Zenteno. Era un tributo a la velocidad de reacción e –irónicamente- fue un tributo al fuego en el alma de los muchachos, su expulsión prendió el motor de la pasión en un equipo que sabía que, hundido ya en la imposibilidad de lograr la clasificación, debía demostrarse que le quedaba algo fundamental, honor.

El partido demostró que Raldes, a pesar de su edad y sus limitaciones, todavía manda en la cancha y es la cabeza del equipo, aún habiendo cedido por razones de homenaje el cintillo de capitán. Bejarano es un jugador fetiche del técnico y, con todo, sube y baja con un ritmo adecuado y sigue como una opción importante de creación de juego. Saavedra como que se desinfla, el explosivo marcador con proyección en Bolívar estuvo confundido, se enredó y perdió la chispa para sorprender al rival. Ballivián lo reemplazó con solvencia.

El medio fue una historia interesante. Poblado y peleador. Chumacero no está para estos trotes todavía, para peor volvió a enfrentar una lesión. Veizaga es un jugador de enganche que funciona. Castro, por lo menos en el Siles, es un referente necesario, requiere madurez y claridad, pero está. Qué decir de ese viejo gladiador que con criterio decidió decir adiós. Wálter Flores, capitán en su último día con la casaca nacional, tiene algo de Soria y de Cristaldo, mordedor, incansable, un sentido de la responsabilidad en el puesto que abruma. Siempre al borde del abismo, mostró el alma y la sangre que Bolivia lo mereció en los treinta y seis partidos que defendió sus colores.

Y contra todo pronóstico, la idea de Hoyos con Arce funcionó, es un jugador con gran ductilidad y demostró que puede trabajar en varios sectores del campo, del medio adelante, con capacidad de arranque y penetración en una tarea de traslado que fue punzante. No es el caso de Campos, su talento está desperdiciado por su excesiva lentitud y pasividad. Como lanzador mostró calidad y en los tiros libres está siempre al borde de la hazaña, pero eso no alcanza.

Un gol producto de una gran jugada de Martins, un goleador de raza que tenía la tarea pendiente de superar una horrible racha de ausencia de goles en la selección

¿Y Martins? Sus problemas: peso y excesiva tendencia a estar en el suelo más tiempo del que es de desear, quizás porque está sometido a una marca férrea de dos defensores. Sus virtudes: fe, mirada aguzada y esfuerzo ilimitado. Con Ecuador hizo un pase gol, con Paraguay lo repitió entregándole el gol a Duk que, con poca fortuna, lo estrelló en el travesaño. Pero su jugada, la de la redención, fue el talento en el borde de la línea de meta, el amague, el control de la bola y el centro que fue el gol de la victoria. No se lo han asignado porque, en efecto, sin el toque en contra de Gómez la pelota no entraba, lo mereció totalmente para romper su terrible sequía de goles, pero los hechos son los hechos. Por cierto, ese tanto nos dejó un aire de nostalgia del mítico gol del Diablo contra Brasil…

Bolivia no hizo el mejor partido del mundo, no, pero ganó con méritos claros y demostró que se puede jugar con agallas y orgullo, que se puede hacer exactamente lo contrario de lo que se hizo contra la Vino Tinto. Es probable que Hoyos pueda "no entender los partidos”, pero cuéntenme cuántos técnicos de la selección en las últimas dos décadas han conseguido ocho puntos en seis partidos…


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