El Barça golea al Espanyol 4-1 con una nueva exhibición de Messi

domingo, 18 de diciembre de 2016 · 18:24

El Mundo /

Es cierto. El Barcelona, desde que Luis Enrique se entregó a su tridente mientras mandaba a freír espárragos a los puristas del estilo, es un equipo parido para el contragolpe. No hay suerte en la que se desenvuelva mejor este grupo, cuando el rival de turno -en este caso un atrevido Espanyol- intuye alguna opción y avanza líneas sin reparar en que en los espacios reside su condena (4-1).

Acostumbrada ya la hinchada azulgrana al traje de su entrenador, deja a un lado la nostalgia cada vez que ve danzar sobre el campo a Iniesta. Andrés no entiende de imposiciones tácticas y le basta con acariciar la pelota para combatir el fútbol moderno. O se entusiasma el Camp Nou cuando se desmelena Messi, capaz de pasarse media noche paseando por el escenario ante de burlar a cinco hombres en una baldosa en el segundo tanto -ya aparecería el bigolerador Luis Suárez para cerrar la faena-, o de incrustarse entre cuatro hasta alcanzar el área y permitir el gol de Jordi Alba.

Andrés, el mismo que colgará sus desgastadas botas en una de las paredes de su casa sin haber besado el bendito Balón de Oro, un tipo humilde al que sólo importa dignificar un deporte cada vez más arrimado al photocall, hizo suyo el derbi mientras aguardaba la furiosa irrupción de Messi en el segundo acto. Entre largos momentos de indiferencia colectiva, y mientras el Barça y el Espanyol se entregaban a la rutina en la primera parte, el manchego ofrecía momentos de lucidez. O bien imitaba a Nureyev para controlar un balón, o bien mezclaba técnica y pericia en el contraataque que mostraría al Espanyol el camino al cadalso.

Lamentables insultos en la grada

Inició la Blitzkrieg Mascherano cuando abortó un avance de Gerard Moreno en pleno despliegue ofensivo de los de Quique Sánchez Flores, que por entonces habían conseguido llevar el partido a territorio azulgrana. El central argentino, de los que no se complican, permitió a Iniesta que coloreara la escena. El pase del manchego, de 30 metros, lo interpretó de fábula Luis Suárez, tan exquisito a la hora de bajar el cuero que Diego Reyes se vio derrotado en la disputa sin haber siquiera comenzado la carrera. No falló el uruguayo frente a Diego López, tan buen meta bajo palos como dubitativo en los duelos al sol que exigen salida.

Si acaso, el Espanyol, que venía de nueve partidos consecutivos sin perder, que tuvo que soportar los lamentables insultos de esa grada de animación del Camp Nou que Luis Enrique y su club patrocinan, no supo calibrar el riesgo de echarse al monte. Aunque su buen momento de forma quizá le invitara a experimentar con la heroica, si por algo está haciendo fortuna este equipo de Quique es por su fiabilidad en la retaguardia. Tampoco ayudó que tuviera que afrontar el choque sin tres de sus titulares, Víctor Sánchez -Javi López, su sustituto, sufrió de lo lindo ante Neymar-, y quienes mejor estiran su ofensiva, Hernán y Baptistao.

Le sobraban las estepas por donde campar al Barcelona, pese a que prefirió sentenciar el encuentro en las acciones en las que los blanquiazules más efectivos acumularon. Costará olvidar el segundo tanto. Por la insistencia en perpetuar la genialidad de Iniesta, indemne ante resbalones y tarascadas. Pero también por el tiovivo que montó Messi ante un sinfín de rivales, todos incapaces de descifrar el último regate del argentino. Roberto, que sustituyó a un Diego López que tuvo que retirarse después de que Luis Suárez le clavara los tacos en una jugada desgraciada, ya no pudo detener el remate final del uruguayo.

Intentó el Espanyol cerrar la noche con la cabeza bien alta. Respondió al gol de Alba con uno de David López, pero sólo podría implorar por el crepúsculo cuando Messi sacó el botín y coló la pelota con dulzura bajo las piernas de Roberto. Una delicia.



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