Fútbol vertebral

The Strongest, como el gran campeón que es, celebra su 15° título

martes, 27 de diciembre de 2016 · 00:00
cARLOS d. mESA Expresidente de Bolivia 

El Tigre tiene alma y no se rinde nunca. Una vez más aguantó, hizo lo que tenía que hacer esperando el tropiezo de Bolívar y se alzó con una merecida decimoquinta estrella en una ríspida e histórica final en el Siles ante una Academia deslavada que apenas pudo insinuarse sobre el final con un agónico e inútil descuento de Callejón.

Como pocas veces en los últimos años, dos equipos marcaron una abismal diferencia con los demás. The Strongest y Bolívar mandaron desde el principio y establecieron con claridad una distancia inalcanzable para el resto. Los cuadros de César Farías y Beñat San José mostraron fútbol, equipos ensamblados, equilibrio en sus líneas y gran capacidad de creación. Hasta unas pocas fechas antes del final los celestes parecían un mejor equipo que el rival, pero los atigrados balancearon y demostraron que las diferencias eran imperceptibles.

Algo parecido que en el Apertura 2015, cuando todo parecía sellado para el equipo de Claure y Loayza, perdió su ventaja de cinco puntos con The Strongest y perdió literalmente el torneo en Warnes, la cancha maldita para los celestes.

Ese día jugó un buen partido frente a un rival bien plantado y dispuesto a frenar al líder. El empate a dos goles parecía sellado. Una trifulca innecesaria, una acción desaforado de Arce… y un gol en el minuto 100 destruyó el gran trabajo bolivarista que llegó tocado a la final forzada y fue menos que los de Achumani en los 94 minutos de la segunda final que ambos clubes disputan en la historia liguera (la primera en 1988 fue para Bolívar).

Farías es un técnico a la medida del campeón, se adapta a la personalidad de fuerza, garra y espíritu a la que le sumó su batuta.

Allí está siempre ese caudillo gigantesco que es Escobar, cada vez mejor compenetrado con Chumacero, allí está el talento de Castro en el medio y el estilo de los Bejarano. The Strongest se mueve combinando elementos de ímpetu con toque de balón para la traslación está Veizaga y en la contención Wayar. Aunque no tiene claro su nueve, le sobra con Escobar  que acabó a poco del máximo goleador del torneo.

Invicto como visitante, sólo perdió un encuentro frente a su rival de toda la vida, el encuentro que a priori parecía condenarlo a no obtener el campeonato, pero no, al final los siete empates, incluidos dos en La Paz, le alcanzaron para aguantar el envión de los "del frente” y se coronó campeón.

El subcampeón terminó amargado, muy amargado. Lo tenía todo y parecía que esta vez sí  se llevaba el mundo por delante. No ocurrió. El empate con Wilstermann y la derrota con Sport Boys lo dejaron en la cuneta. Con todo, es incuestionable que Bolívar mostró uno de los mejores equipos en los últimos años. Beñat es, como Farías, un técnico a la medida de Bolívar, con una obsesión por la calidad y la pelota contra el piso. El equipo tuvo el talento de Callejón como su mayor baza, afianzado como pivote celeste en matrimonio futbolístico con Capdevila y con un medio campo importante, Flores en la marca, Justiniano y Morales en una combinación de mordida y creación y un jugador de excepcional movilidad como el Conejo Arce, logró la ofensiva más efectiva del campeonato. En los papeles tiene atrás la mejor defensa que, sin embargo, en la recta final mostró lagunas importantes y errores garrafales. Zamora está todavía muy tierno en el arco.

Campeón y subcampeón, empatados en puntos, con 49 cada uno, una marca notable, a 15 de distancia de sus perseguidores, hicieron un campeonato excepcional.

Los otros diez equipos miraron y eventualmente buscaron aguar la fiesta a los punteros. Oriente sigue sin ser Oriente y no le alcanza ni al equipo refinero ni a los otros cuadros de los llanos con achacarle a la altura el éxito de los grandes de La Paz, pues las campañas de ambos como visitantes fueron brillantes. Los albiverdes jugaron discretamente, manteniendo el motor a medio gas, como en torneos anteriores. Raldes no alcanza, tampoco Mojica, ni Azogue. Ocho derrotas en veintidós partidos, son muchas derrotas.

Real Potosí apareció de abajo en la expectativa de reverdecer viejos laureles y logró un meritorio cuarto puesto.

Blooming trata pero no puede, sumido desde hace ya tiempo en una aguda crisis económica, sabe que está condenado a media tabla y quedó allí , emparejado con un Wilstermann que defraudó las esperanzas que daba su título liguero anterior. Se llevó por delante al técnico  y apostó para el cierre por un viejo conocido, Kekes.

Nacional Potosí mantiene una performance que, primero, deja a dos equipos potosinos como protagonistas ligueros durante varios años y, segunda, controla su riesgo de descenso.

Sport Boys sorprendió por doble partida. En la primera mitad del torneo, preparado con un equipo de figuras como Campos o Melean, coqueteó con la última posición, hasta que con tino se contrató a Xabier Azkargorta. De la mano del vasco las cosas volvieron a su lugar y el equipo zafó, además de darse el lujo de reventar el globo de campeón que lucía Bolivar en las manos. Azkargorta demuestra una vez más por qué es quien es.

En el fondo Universitario, San José, Petrolero y Guabirá. El equipo menos efectivo Petrolero y el más goleado el de la V azulada. Campañas para el olvido. Preocupante lo de Guabirá, que llegó a la Liga después de unos años y que no parece contar con la estructura adecuada para permanecer.

 

 
 

 

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