Charla técnica

Se veía venir

lunes, 30 de mayo de 2016 · 00:00
Marco Zelaya
Budapest

Si aparece alguien que diga que es fácil dárselas de adivino después de definido el resultado, lo acepto, pero de todos modos digo que esto se veía venir.
 
Y desde las primeras horas, porque ya se advertía un exceso de confianza y, si se quiere, de fe en los colchoneros. En Barajas, donde estuve de paso antes de embarcarme hacia Budapest, Hungría, se los notaba con una fe ciega en el triunfo, como si sólo restara que les dieran la orejona en el Saint Siro de  Milán, como si la patriada del Atleti sólo tuviera como desenlace lógico el título de la Champions. Y así, por cada madridista que pasaba, por lo general apresurado, en busca de su vuelo a Milán, al menos unos 15 a 20 del Atlético buscaban ese mismo avión u otra combinación aérea,  con fe y con entusiasmo, claro, pero con muchas dudas, lo que tenía razón de ser, si se analiza el resultado.
 
El primer tiempo fue del Madrid,  el que propuso el juego, que tampoco resultó gran cosa, si se considera que el gol de Ramos se dio en la segunda jugada de ataque de los merengues. 
 
El equipo del Cholo Simeone, durante los primeros 45 minutos, no hizo nada ni llegó al arco bien resguardado por Keylor Navas. Era un partido tan soporífero que la pareja de magyares de una mesa vecina no hacía otra cosa que besarse y, de cuando en cuando,  pedir más cerveza. En Budapest hace más de 27 grados centígrados y eso que no ha llegado el verano.
 
Dan ganas de pasear y pasear por la ribera del Danubio, que está llena de bonitos bares y pubs con sus parroquianos, que parecen hablar de todo, menos del partido. De hecho, en uno de ellos una orquesta típica, en la que se destaca el llanto del violín, hacía memorable la tarde de la definición copera con sabor español. No hay gran entusiasmo, es cierto, pero tampoco apatía en este ocaso magyar.
 
En consecuencia, el fútbol, dominante, del Madrid se impuso hasta la segunda parte, cuando el Atleti por fin comenzó a llegar a la portería de Navas, hasta que Carrasco empató el partido. De ahí en más ni el Atlético ni el Madrid pudieron definir, hasta que se vino la lotería de los penales.
 
Ya sabemos lo que ocurrió, cómo el Atlético marró un penal, que rebotó en el parante derecho del arco resguardado por Navas y el Real, de la mano de Ramos y CR7, se adjudicó la orejona. No es poco para los merengues, es cierto, pero sí para la pareja de la mesa de al lado, que se concentra más en los besos y arrumacos que en esta gris final de la Champions.

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