Bélgica goleó a Hungría 4-0 y jugará por cuartos con Gales

domingo, 26 de junio de 2016 · 18:56
El Mundo / 
Esta Bélgica llegaba a la Eurocopa con fama de incomprendida. ¿Por qué una selección cargada de futbolistas que rayan la excelencia apenas debía ser tenida en cuenta? Si aún quedaban dudas, Eden Hazard se encargó de borrarlas.
 
El futbolista del Chelsea, ramplón durante buena parte de la temporada, ofreció una de las exhibiciones del torneo. Intervino en el tanto inaugural, coloreado después por De Bruyne y Alderweireld en un golpe franco; dibujó un auto-pase para asistir a Batshuayi cuando Hungría aún soñaba con el empate; y, para cerrar, atrapó su gol mientras seis húngaros intentaban impedir el contragolpe. (0-4)
 
La selección que entrena Marc Wilmots, además de cumplir con su cometido y acceder a cuartos de final de la Eurocopa, tuvo largos momentos de excelencia. De los que intimidan a los rivales que aguardan en la caseta. Los Red Devils apuntan maneras para opositar a la atalaya de la competición. Además, el cuadro les sonríe, con la Gales de Bale en la próxima ronda, y un hipotético cruce en semifinales con el ganador del Polonia-Portugal. Un camino sin demasiados arbustos para un combinado que rebosa talento.

Algo más que comprensible con futbolistas con alma de bailarín como Hazard o De Bruyne. Ni siquiera importó esta vez que, durante el primer tramo del segundo acto, desprendiera cierto aire de indiferencia. Propio de quien acepta su superioridad.

Las paradas de Király
La senda hacia la gloria, sin embargo, requiere aún corregir ciertas imperfecciones. Por ejemplo, su escaso instinto asesino, cuya mejor metáfora es la angelical cara de De Bruyne. En partidos sin retorno, perdonar puede llevar a la condena. El eterno Király salvó hasta cinco goles claros en la primera mitad. Sin embargo, es tal la cantidad de ocasiones que genera Bélgica que siempre da la impresión de que habrá una última llegada, un último disparo y un último gol cuando sea necesario.

La buenaventura belga, por supuesto, debía coincidir con la resurrección de Hazard. Al chico del Chelsea, desnortado durante gran parte del curso con los 'blues', le ha sentado de maravilla esa responsabilidad que uno adquiere cuando luce el brazalete de capitán. Corre por fin con la gracia de quien se siente liberado, y es capaz de hacer que buena parte del juego de su selección sea interpretable a partir de sus acciones. A su vera, Kevin de Bruyne, notable otra vez, puede seguir explorando sus límites como futbolista, mientras que Lukaku, borracho de confianza, se atreve incluso a jugar de diez para repartir asistencias a la segunda línea.

Aunque nada tendría sentido si un tipo con fama de duro, Nainggolan, cuya estrafalaria cresta no define su fútbol, no fuera capaz de sostener el invento. O si bajo palos no estuviera plantado uno de los mejores porteros del mundo, Thibaut Courtois.

El gol de Alderweireld
El madrugador gol de Alderweireld permitió a Bélgica el partido soñado, con múltiples estepas por donde sus veloces peloteros pudieron campar a sus anchas. El tanto, por cierto, lo engendró De Bruyne con su botín a balón parado. El ex defensa del Atlético, que a su lado apenas tenía a su compañero Lukaku, sólo tuvo que poner bien la cabeza.

A partir de aquí, el tiroteo. Lukaku dejaba solo a De Bruyne, que se estrellaba con el meta húngaro. El jugador del City volvía a intentarlo sin suerte tras otra asistencia del ariete del Everton, quien también se apuntaría inmediatamente después otro tiro al limbo.

Y cuando el disparo de turno sí que iba entre palos, por ahí volvía a asomar Király, tan estrafalario en estética y formas como buen meta. Rozó lo suficiente con los dedos para que una gran falta de De Bruyne muriera en el larguero.

Ante tal cantidad de intentonas fallidas Hungría sólo podía crecer. Más que por su propio juego, por la extrema confianza de los belgas. Lovrencsis, mediante un disparo lejano, y Dzsudzsac, el magiar más destacable una vez más, husmearon el empate cuando se cerraba el primer acto. A ellos les siguió el ariete Szalai, o incluso Ciman. Pero su condena debía caer como fruta madura.

Hazard retomó el vuelo para firmar la sentencia asociado al recién incorporado Batshuayi, y a su formidable tanto le acompañaría el de Ferreira Carrasco cuando los húngaros sólo podían pedir clemencia. Esta Bélgica, ahora sí, va en serio.

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