Griezmann da la victoria a Francia

El delantero convirtió dos golazos, de diferente estilo, y Robert Brady descontó para Irlanda 2-1.
domingo, 26 de junio de 2016 · 13:42
El Mundo / 
El gol contra Albania fue importante, pero no trascendental. Griezmann necesitaba algo más para mudar su rostro taciturno, para salir del pozo en el que cayó en Milán desde el punto de penalti. En el ser o no ser de su selección, de su país, encontró el suyo propio, con dos tantos que fueron el mejor antidepresivo para delantero y equipo. Por primera vez desde que empezó su Eurocopa, 'Les Bleus' duerme una noche en paz en su refugio de Clairefontaine.

De Griezmann y Pogba esperaba Francia el liderazgo que esta selección necesita tras el trauma del caso Benzema. Esa circunstancia puso una presión insoportable sobre ambos, lastrados en el arranque y en el banquillo en el segundo partido. Deschamps jugó al Tarot con la alineación en busca de una reacción. En octavos se ha producido como un estallido, y más tras un inicio difícil, al adelantarse Irlanda. Después de Lyon, para Francia empieza otra Eurocopa.

Un minuto, en cambio, bastó para señalar cuál es su talón de Aquiles: la defensa. Si bien la benigna fase de grupos apenas lo había hecho, Irlanda necesitó muy poco. Un error, acompañado de mala fortuna, dejó el balón orientado para Long en el área. Pogba, que llegaba por detrás, lo arrolló. Rizzoli no tuvo dudas. No existían. Era el segundo penalti contra Francia, después del señalado en el partido inaugural. En ambos casos eran claros, pero es importante subrayar la firmeza de los colegiados.

Brady lanzó duro y ajustado, tanto que el balón impactó en la base del palo. La madera lo escupió a la red. El impacto sobre la atmósfera del estadio de Lyon fue total. Los anfitriones, no obstante, reaccionaron con intensidad, aunque quizás les habría convenido un punto más de pausa, puesto que restaba todo un partido por delante. Francia asaltó el área irlandesa de todas las formas posible, por tierra, mar y aire. El peligro era más claro si lo hacía con la pelota en los pies de Payet. Donde Pogba empuja, el jugador del West Ham descubre el espacio.

Las ocasiones se sucedieron en minutos, con remates de cabeza de Griezmann o disparos de Payet. En ningún caso, tan claras como el lanzamiento de falta de Pogba, un misil lejano que despejó Randolph. Al portero de Irlanda le esperaba un domingo de trabajo a destajo. Respondió prácticamente durante una hora, hasta que Griezmann conectó con la cabeza repleta de pólvora. La mejor mano de Randolph fue poco antes, a disparo de Matuidi.

Irlanda tardó minutos en creer en su ventaja. Es como si adelantarse en el marcador le hubiera provocado el vértigo del éxito. Cuando lo hizo, creó problemas en una Francia que necesitaba reestructurarse. Kanté y Rami, amonestados en esa fase, no jugarán los cuartos. Un problema para Deschamps, pero ya tendrá tiempo de pensar en ello. Ayer, no era el día.

El cambio de ritmo de Francia tras el descanso, con la salida de Coman, acabó por desbordar al equipo de O'Neill. El extremo del Bayern contribuyó a multiplicar los movimientos de los delanteros franceses, algo que sacó a Irlanda de sus posiciones y alumbró los espacios que los anfitriones, hasta entonces, no habían encontrado. Griezmann es un especialista del movimiento. Aparece y desaparece. Estaba en el centro, sin marca, para recibir el centro desde la derecha y, con un escorzo impecable, rematar a la red. Fue el gol de la liberación, la personal y la de una selección muy presionada, sea por su pasado, por el título del 98, o por el presente. A partir del empate, hubo un único equipo.

De todos los movimientos, sin embargo, el más interesante lo realizó Giroud, al arrastrar a los centrales y devolver a Griezmann, con todo el arco de cara. Randoplh apenas pudo acariciar su disparo. La ventaja obligó a Irlanda y, entonces sí, Francia pudo expresarse al contraataque, que es lo que le gusta. Fue de nuevo mediante el jugador del Atlético, cazado por Duffy cuando se encaminaba a dar la sentencia al partido. En inferioridad, Irlanda ya no tuvo opciones ante una Francia que insistió, encontró el larguero y se reconcilió a tiempo consigo misma.
 

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