Minuto 90

La envidia de Poseidón

miércoles, 24 de agosto de 2016 · 00:00

Jorge Garrett Periodista

Nada más 23 medallas olímpicas de oro le bastaron a Michael Phelps para convertirse en una verdadera leyenda. Sí, 23. Tranquilamente podría ser un país y ubicarse entre los mejores 40 si hablamos de preseas doradas. La Bala de Baltimore se ha convertido en el nuevo dios de las aguas, desterrando así al mismísimo Poseidón. No hay nadie como Michael Phelps. Expertos del deporte lo han catalogado como el mejor deportista que ha pisado nuestro mundo. El mejor o no, ya ha escrito su nombre en las mitologías olímpicas.

Phelps se convirtió en la envidia del dios griego. Si nos remontamos a la mitología, los hijos de Cronos eran odiados por muchos y alabados por muchos otros. La diferencia con el norteamericano es que a él nadie lo detesta, todos lo veneran, admiran y corean su nombre. A Poseidón le maldecían por hacer vibrar las aguas, al Tiburón le aplauden por hacer lo propio. El oro es su color, no le quedan el plata ni el bronce.

 Poseidón habitó toda su vida en las profundidades, siendo únicamente reconocido por las criaturas marinas. Por su parte, Phelps tiene hoy un lugar reservado en el Olimpo, en lo más alto, donde estará junto a Zeus gobernando y esperando por un sucesor que quizá nunca llegue. El máximo ganador de medallas doradas en la historia de los Juegos Olímpicos se ha convertido en una criatura temible, en una que genera emociones encontradas; se ha convertido en el kraken, ese monstruo que hizo temblar al propio Poseidón y a toda la Tierra cuando fue liberado. ¿Quién liberó al kraken de nuestros días?

Sin embargo, llegó el tiempo de que este revolucionario atleta deje las aguas y suba al Olimpo. Jamás será olvidado, no le pasará lo que a Poseidón le ocurrió en los Juegos Ístmicos en la isla de Corinto, donde fue olvidado por sus fieles. 

No, Phelps será recordado y llevará la etiqueta de dios de las aguas y seguirá siendo la envidia del griego por el resto de la eternidad.

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