Tokio, un ejemplo de recuperación

Bikila fue encarcelado meses antes de los Juegos, pero al ser liberado mostró su valía.
sábado, 06 de agosto de 2016 · 00:00
Página Siete / agencias

La imagen de Yoshinori Sakai al verlo ingresar al estadio olímpico como  portador de la llama olímpica  nunca se borró de la mente de los aficionados. Ese joven de 19 años, había nacido el 6 de agosto de 1945, el día de la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima y constituía el mejor de los símbolos llamando al reinado de la paz en el mundo.

Ese mensaje sobresale netamente sobre lo acontecido antes y durante los XVII Juegos Olímpicos de Tokio 1964, organizados por Japón y con la mentalidad de divulgar su recuperación y la de su industria que ya empezaba a invadir los mercados del planeta.

Muchos dijeron: "Nunca habrá una Olimpiada como la de Roma”. Cuatro años más tarde tuvieron que reconocer que Tokio la había superado. Los japoneses tomaron los Juegos como una empresa en la que se jugaba el honor nacional, haciendo recordar el comentario de Carlomagno: "Allá, en el sol naciente existe un pueblo que cuando debe luchar se une como lo hacen los dedos de la mano para formar un sólido puño”.

Así, a pesar de estar pagando indemnizaciones a los vencedores, invirtieron una cifra millonaria, transformaron la vieja ciudad de 11 millones de habitantes, con calles sin nombres y sin números, demoliendo vetustas casas para construir modernos edificios, una red de ocho autopistas y un monocarril aéreo de 13 kilómetros para unir el aeropuerto con el centro de la ciudad.

En ese sentido, no se quedaron atrás respecto de las instalaciones deportivas. Ampliaron el estadio del parque Meije, en el de Kanazawa se creó un amplio complejo con gimnasio, estadio cerrado, un velódromo, canchas de hockey sobre césped, un monumental recinto para la natación y los saltos ornamentales, con capacidad para cerca de 14.000 espectadores.

La Villa Olímpica, muy cercana al estadio, constaba de edificios de cuatro pisos y bungalows. Un impactante conjunto de obras que llevó al presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Avery Brundage, a decir: "Estoy ante la catedral del deporte”.



La hazaña de Dawn Fraser

 "Sabía que tenía que ganar o morir. Era la cosa más grande de mi vida y mi corazón latía muy fuerte en el momento de la partida...” Antes de la final del 100m libre, la nadadora australiana Dawn Fraser no dudaba de la importancia que representaba esa prueba para su carrera deportiva.

La traviesa Fraser tenía como antecedente las medallas de oro en esa distancia obtenidas en Melbourne y en Roma. Su objetivo era sumar un tercer oro consecutivo, algo que, hasta ese momento, ningún nadador había conseguido. Pero Dawn tenía conciencia de que su estado no era el mejor.

El 29 de febrero de 1964, la primera y única mujer que nadaba en esos tiempos por debajo del minuto, había superado la barrera de los 59 segundos  al emplear 58,9 segundos, marca que se mantendría como récord mundial hasta 1971. Pero, 15 días después, sufrió un terrible accidente automovilístico, en el que murió su madre y ella quedó gravemente herida.

Bikila con zapatillas

 Al maratonista descalzo, asombroso ganador de Roma, le pasó de todo antes de competir en Tokio. En los meses previos, el etíope Abebe Bikila fue acusado en su país de formar parte de un complot militar, del que realmente nunca fue integrante. Esto le valió varios meses de cárcel, pese a la cercanía de los Juegos Olímpicos y a ser héroe nacional.

Por si fuera poco, una vez liberado y en plena preparación, una apendicitis determinó su operación 40 días antes de la fecha establecida para la maratón. Lógicamente, ya no era el favorito y hasta muchos dudaban de que pudiese completar los 42km 195.

A la hora de la verdad, allí estaba, con su delgadez, con sus finos bigotes, su mirada chispeante, pero luciendo zapatillas blancas como contraste de aquellos pies descalzos de color ébano, para demostrar con su estilo, ya convertido en arte, la capacidad motora de la raza africana.

Bikila demolió a sus rivales. Cruzó la meta con una ventaja de cuatro minutos respecto del segundo y dejó constancia de su potencial con una marca de 2h12m11 segundos, y un promedio de 19km152 por hora, algo nunca antes visto. Si eso fuera poco, ya convertido en el único ganador de dos maratones olímpicas consecutivas, maravilló al público haciendo una serie de ejercicios como si quisiera dejar en evidencia que no sintió en lo más mínimo semejante esfuerzo realizado.
 
 
 
 

Comentarios

Otras Noticias