Minuto 90

Deporte y política

sábado, 10 de septiembre de 2016 · 00:00
Ezequiel Fernández Columnista La Nación
 
 A diferencia suya, yo fui votado para estar en esta banca”. Se lo decía el diputado Romario a Jerome Valcke, secretario general de la FIFA, mientras le leía una nota en la que su propio presidente, Joseph Blatter, lo trataba de "chantajista”.  El diputado Jose Renan Calheiros dijo que el tiempo se había acabado, pero Romario siguió. "¿Usted recibió sobornos?”, le preguntó a Ricardo Teixeira, titular de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF). 

A su sucesor, José María Marín, lo acusó luego de haber sido cómplice de la dictadura militar de los años 60 y pidió que fuera encarcelado. El Romario diputado trataba a Blatter de "ladrón”. Se juntaba con el periodista británico Andrew Jennings para denunciar a "la mafia de la FIFA”.   Fue primero el diputado y luego el senador más votado en la historia de Río de Janeiro. Armó "Partidos Solidarios”, un equipo de legisladores que jugaba a beneficio y ganaba votos. Romario, claro, era la estrella. Como hacía en la cancha, cuando fue héroe de Brasil en el Mundial 94.

 Nacido en la favela de Jacarezinho, Romario arrastró votos de zonas humildes, pero tanta autonomía asustó a su propio Partido Socialista Brasileño (PSB) y a sus aliados. A Romario le apareció entonces una cuenta no declarada en el banco suizo BSI, equivalente a 7,5 millones de reales. El excrack viajó a Suiza y "demostró” que era mentira. Tres meses después llegó la nueva filtración. La conversación telefónica de un senador preso hablando de la cuenta. Romario debió admitir que era suya. Chau al sueño de ser alcalde de Río. Romario votó la semana pasada el impeachment en contra de Dilma Rousseff, la presidenta destituida que sí era enemiga acérrima de Teixeira y de toda esa banda. 

Días pasados, Romario entró a un restaurante y le comenzó a pasar lo mismo que le está sucediendo a otros diputados y funcionarios del nuevo gobierno. Le gritaron "golpista”.

"Saudades do Dr. Sócrates!”, me escribe desde Brasil un colega amigo. En las protestas callejeras de estos días se han visto banderas de Palmeiras, de Flamengo y otras que reivindican a la "Democracia Corinthiana”. 

El deporte, cada vez más exigido por los resultados y condicionado por sus patrocinadores, tiene hoy pocos Sócrates y Democracias Corinthianas (extracto).


 

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