Las futbolistas de los Juegos, en la lucha por sus derechos

No quieren ser la versión femenina de Messi o de Neymar. Promueven un profesionalismo para el que demandan recursos y respeto.
viernes, 26 de julio de 2019 · 00:00

AFP / Lima

 Ya no quieren ser una versión femenina de Messi o de Neymar. Las futbolistas latinoamericanas quieren afianzar su identidad para expandir de este lado del Atlántico el entusiasmo que dejó el Mundial de Francia, y cerrar la brecha de género en un deporte que aquí apenas algunos conciben femenino. 

A nivel internacional, en la inminente cita de los Juegos Panamericanos de Lima, y puertas adentro, las jugadoras promueven un profesionalismo para el que demandan recursos, organización y respeto.    

Quieren dar el paso definitivo de una lucha que muchas empezaron en la infancia, abriéndose camino entre los hombres. Como la argentina Agustina Barroso, que se cortaba el pelo para mezclarse con ellos. O la chilena Fernanda Pinilla, que de jugar en el barrio con su primo, pasó a lucirse en el campeonato de chicos de la zona. 

También así empezó en su pueblo la brasileña Marta Vieira da Silva quien recientemente expuso uno de los muchos contrastes de América Latina, al convertirse en la máxima goleadora de la historia de los mundiales. Inclusive de los masculinos. “Lloren al principio para sonreír al final”. Las palabras salieron de sus labios pintados de rojo intenso tras el partido en el que Brasil se despidió del Mundial. 

En el continente, hay 1.000 clubes registrados y más de 200 mil jugadoras, según Gonzalo Belloso, secretario general adjunto de la Conmebol, que atribuye la mitad de esta última cifra al “crecimiento exponencial” de los últimos tres años.  

Respeto, la demanda 

A Isabella Echeverri, referente de la selección colombiana, le quisieron vender su propia camiseta para representar al país.

 En febrero, con su compañera de equipo Melissa Ortiz, denunció en videos difundidos por redes sociales enormes desigualdades con el plantel masculino. Y no en busca de lujos. Contaron, por ejemplo, que pagaban sus vuelos para asistir a las concentraciones, y que no recibían ningún pago por su actividad profesional. “No pedimos igualdad, pedimos respeto”, dijo Echeverri entonces. “Después de las denuncias, han habido avances: se generó la liga femenina de Colombia, volvió la selección tras más de 700 días sin concentraciones y tenemos entrenador. Pero todavía falta mucho”, dijo a AFP la flamante jugadora del Sevilla, que hasta ahora jugaba en Estados Unidos.  

La joven, que buscará con su equipo la medalla dorada en Lima, intentará también “cambiar la percepción en Colombia”. Allí, a fines de 2018, el presidente del Deportes Tolima aseguró que el fútbol femenino no solo era inviable económicamente, sino que también un “caldo de cultivo del lesbianismo”.

En Argentina la puja de las jugadoras logró profesionalizar la liga con contratos, aunque con sueldos similares a los de jugadores de la cuarta categoría (Primera C).

 

 

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