“Deseo que con Claure estemos en albores de una gestión mejor que la de Mario y mía”

“Mercado una vez dijo ante el directorio que Loayza era su mejor fichaje, en forma enteramente análoga yo afirmo que mi mejor fichaje para el Bolívar es Marcelo Claure”, aseguró el aún titular de la Academia.
lunes, 27 de enero de 2020 · 00:00

Página Siete  / La Paz

Conoció las mejores y peores cosas del fútbol.  Trabajó y vive con la  rebeldía de una generación que quería cambiar el mundo. La Conmebol lo reconoció como el mejor dirigente de la historia del fútbol boliviano.   Guido Loayza Mariaca pone fin a su  carrera dirigencial  de casi cuatro décadas. 

  Pone fin a casi 40 años en la dirigencia del fútbol, ¿cómo se va? 

Me voy tranquilo, con una mochila llena de recuerdos. Es cierto, hubo eventos tristes, personas negativas y situaciones desagradables, pero han sido muchos más los momentos felices y la cantidad de amigos que me llevo de este camino. Para mí, todas las experiencias vividas, sobre todo las adversidades, fueron edificantes y fuente de enorme gratitud a estas alturas de mi carrera y de mi vida.

  En 1994 usted ya tomó esta decisión ¿por qué volvió?

Nunca me gustó volver sobre mis pasos. Para mí, la dirigencia del fútbol había terminado con la gestión en la FBF y el Mundial USA 94. Sin embargo, años más tarde,  la situación desesperada en la que se encontraba el equipo de mis entrañas, el Bolívar, y la condición que ponía Marcelo para hacerse cargo del salvataje económico –que asuma yo la cabeza del club– me llevaron a incursionar nuevamente en el mundo de la dirigencia y así se creó la Operación Centenario.

En su autocrítica, ¿en qué se equivocó? 

Examinando los pasos y las decisiones, a veces me pongo a pensar si no hubiera sido lo mejor para el fútbol boliviano darle continuidad a mi gestión de la FBF hasta Francia 1998. No lo digo tanto como un remordimiento, creo que no tengo muchos remordimientos y siempre trato de asumir con la misma humildad mis aciertos como mis errores. Pero, la verdad es que eso me da vueltas a la cabeza y, viendo en retrospectiva, creo fue un desacierto no continuar. Habíamos empezado en 1989, en la Eliminatoria para Italia 90, donde, alcanzando el primer lugar, finalmente perdimos por diferencia de gol. Posteriormente jugamos una gran copa América en Ecuador y una excelente Eliminatoria el 93 y por primera vez clasificamos a un Mundial. El año 94 jugamos el Mundial en EEUU con un equipo sólido, compacto, de alto rendimiento (un promedio de 50 partidos internacionales por jugador), un cuerpo técnico profesional y motivado. Y teníamos por delante dos copas América: la del 97, que se jugaba en Bolivia después de 34 años, y la Eliminatoria a Francia 98. Habíamos dejado diez millones de dólares en la caja de la FBF, además de una nación entera que vibraba orgullosa al ritmo del fútbol y su selección. En fin, teníamos todas las condiciones y la capacidad para dar el giro copernicano, el salto al futuro.   

Junto a Mario Mercado y Armando Gamarra, usted es el titular que más tiempo estuvo al mando de Bolívar, ¿cuánto aportó al club?

Personalmente, siempre he tratado de aportar innovación, no me gusta repetir, hacer más de lo mismo. Con esa actitud  entré a la dirigencia del club. Yo era hincha, conocía su pasado, su historia. Mi meta en ese momento era buscar que el Bolívar no se contentara con dos o tres títulos por década, sino aspirar a más, a una auténtica hegemonía en el fútbol nacional, a través de un círculo virtuoso de triunfos. Y creo que lo hicimos, con Mario hacíamos un muy buen equipo. El 82, año en que entré a la dirigencia, ganamos, el 83 volvimos a ganar, perdimos el último minuto el 84, en fin... ganamos siete campeonatos anuales en lo que yo llamaría una era prodigiosa porque Bolívar nunca había hecho eso. También logramos una gran remontada en los números de la Copa Libertadores. Nos consolidamos como el mejor equipo de Bolivia. Ese mismo impulso, esa forma de trabajo venida del Bolívar fue la que posteriormente llevó a la FBF a una gestión mundialista. Posteriormente cuando volví a Bolívar con Marcelo Claure también trabajamos mucho para devolver al club al sitial que le corresponde tanto institucional como deportivamente. Los campeonatos ya habían cambiado (modalidad dos campeones por año). En estos 12 años ganamos ocho  torneos y logramos hacer la década (2010-2019) más laureada de toda la historia de Bolívar (siete títulos en diez años), ese fue un aporte histórico al club, además de haber hecho un proyecto muy serio, muy bien configurado para las divisiones inferiores y haber podido hacer debutar 51 canteranos en la primera división, cuando todo el entorno descuida olímpicamente el fútbol formativo.

¿Bolívar volverá a tener el patrimonio de su infraestructura?

Infelizmente, en esta gestión, no hemos podido hacer que Bolívar recupere toda la infraestructura que le había llevado décadas construir y que perdió en nueve años. Es una tarea pendiente. Es imperioso que Bolívar acceda a una infraestructura que corresponda a su nivel, porque toda esa grandeza –estar entre los 10 equipos más importantes de Sudamérica– obliga a mejorar sus condiciones materiales y patrimoniales. Hemos trabajado muy duro para llevar a cabo un proyecto del estadio en Tembladerani, un escenario que tenga las condiciones necesarias y suficientes para que Bolívar no tenga que salir nunca de casa cuando juegue de local, con la capacidad adecuada y satisfaciendo todas las exigencias de la FIFA y la Conmebol. El proyecto ya está y tenemos la esperanza de que en el corto plazo Bolívar  va a contar con la infraestructura que se merece. Hemos logrado establecer en un proyecto económico la sostenibilidad del estadio (que se autofinanciaría) y la del club en general.

 ¿Cómo terminó Bolívar al final de estos 12 años de su gestión?

Bolívar fue el mejor equipo: el equipo que ganó más títulos (ocho),  sumó más puntos (1.048), ganó más partidos (305), hizo más goles (1.134), aumentó su hegemonía en títulos ante los perseguidores Wilstermann y The Strongest (29 vs. 15 y 15), incrementó su superioridad en clásicos y encaramó el clásico boliviano como el de mayor superioridad y hegemonía entre todos los clásicos de Sudamérica (158V, 122E, 97D). Finalmente está detrás de un récord mundial importantísimo, 71 partidos seguidos anotando goles, 5º en la historia, detrás de Real Madrid de Zidane con 73, el Santos de Pelé con 74, el Sao Paulo (1930-1933) con 82 y la “Máquina” de River Plate (1936-1939) con 96.

En 2017 la Conmebol lo reconoció como el mejor dirigente de la historia del fútbol boliviano...

Ese acontecimiento fue muy trascendental, recordando el centenario de la fundación de la Conmebol por el dirigente uruguayo Héctor Rivadavia Gómez. Ese acto para mí es inolvidable. Participé en él junto a Marco Antonio Etcheverry, nominado como el mejor jugador boliviano de todos los tiempos. Allí pude compartir con una cantidad de dirigentes y jugadores que había admirado toda la vida y por primera vez conocía en persona. 

He conocido dirigentes muy importantes en trayectoria, prestigio y aporte. Los que yo considero más importantes en mi andar son don Mario Mercado, don Rafael Mendoza, don Alfredo Rojas, don Tito Paz, don Edgar Peña, don Choco Antelo, don Lothar Kerscher, don Percy Luza, Don Mauricio Méndez y, por supuesto, Marcelo Claure, en la nueva generación.

Pertenece a la generación  que quería cambiar el mundo (baby boomers), ¿fue ese espíritu que lo inspiró en 1993?

 Sí, justamente, soy un producto de esa generación, yo me hice en los sesentas, cuando  todo era nuevo y la renovación era valorada; como jóvenes no teníamos claro lo que queríamos, pero sí teníamos claro lo que no queríamos: ser como nuestros padres, repetir la historia. Quizás con cierta dosis de ingenuidad y mucha osadía queríamos dejar nuestra impronta, creíamos que podíamos cambiar el mundo. En cada actividad que abarcábamos buscábamos el cambio para mejorar, romper con lo establecido para ver más allá, ampliar los horizontes, desafiar los límites de lo posible. Después de tantos años aún me identifico con ese espíritu rebelde e inconformista de los 60.

¿La clasificación al Mundial fue su mejor logro?

Yo creo que en lo profesional hice cosas muy importantes. Posiblemente fui un mejor ingeniero que dirigente deportivo pero por el pacto, por las repercusiones, estoy persuadido de que la clasificación al Mundial fue algo extraordinario para mí y para el país, un momento en el que todo el pueblo boliviano sin distinción de raza, región, género, edad, filiación política o religiosa, estaba unido, todos estábamos unidos, de Charaña a Guayaramerín, de Yacuiba a Cobija, todos detrás de un sueño, de un ideal, que era la bandera boliviana representada por un equipo de fútbol, una selección. Fue un suceso fantástico que voy a atesorar con transparencia hasta el fin de mis días

¿Por qué ese Mundial de 1994 no fue el punto para que la Selección continúe en ascenso?

Es muy difícil entender por qué después del Mundial de EEUU no pudimos seguir una recta ascendente para que el fútbol boliviano alcance más y mejores logros. Cuando dejamos la FBF, estábamos en una situación envidiable, por encima de Chile, Paraguay, Perú, Ecuador, Venezuela… y luego entramos en una caída libre de la que no podemos salir hasta ahora. Seguimos en ella. Hemos caído hasta el sótano del fútbol sudamericano, somos los peores y no se están tomando las medidas, no se está haciendo todo lo necesario y suficiente para salir de esa espiral de fracasos y nivelar el fútbol boliviano de manera que pueda aspirar a algún éxito. Tal vez la explicación sea de orden sociológico: los grupos sociales, colectivos e instituciones, ante la escasez, la adversidad y la multiplicación de obstáculos, optimizan y potencian al máximo sus recursos; su ingenio, organización, creatividad, entrega, etc. Cuando, por el contrario, se ven rodeados de facilidades y excedentes, tienden a relajarse, a pensar que las cosas funcionan por sí solas y empieza la decadencia, la entropía institucional e, inevitablemente, deportiva. Probablemente sea el caso.

Usted trabajó y fue amigo de Mercado y  Claure, ¿cómo fue su relación con ambos?

Mario vivía acá y teníamos una relación presencial de lo mejor, una comunicación fluida y continua. Bueno, llegamos a hacer una química excelente y logramos cosas muy importantes con el Bolívar. Era una persona excelente y tenía el mejor trato conmigo. Cultivamos una auténtica amistad, muy linda y muy fuerte. En una ocasión, yo lo acompañé con su esposa a Buenos Aires cuando él estaba muy enfermo y logramos que se recupere. La relación, así tan cercana, se mantuvo hasta que me fui del Bolívar y si no hubiera tomado la decisión de ir a la FBF, de seguro hubiéramos pasado mucho más tiempo juntos. Con Marcelo tenemos una amistad muy linda, a pesar de la diferencia de edad mantuvimos una excelente relación, trabajamos juntos en distintas situaciones. Lamentablemente, cuando por razones laborales se aleja, tiene que ir a Kansas, se multiplican los intermediarios en nuestra relación y la comunicación se hizo más difícil, más lejana y menos fluida y, por lo tanto, nuestros logros comunes se vieron mermados. Puedo decir que las veces que me encuentro con él, el trato sigue tan cordial como siempre, sin embargo, estoy convencido de que la amistad estaría más fuerte que nunca si esas intermediaciones no hubieran interferido en el proceso. Hoy me siento muy contento de que Marcelo sea el próximo presidente de Bolívar  y que pueda seguir construyendo esta gran institución. Me tendrá ahí para cualquier consulta, con mucho gusto estaré ahí si necesita mi asesoramiento. Mario Mercado una vez dijo ante el directorio que Guido Loayza era su mejor fichaje, en forma enteramente análoga yo afirmo que mi mejor fichaje para el Bolívar es Marcelo Claure. Tengo la seguridad de que Marcelo ha sido y es importantísimo en la historia del club. Lo único que deseo es que ahora, con él a la cabeza, estemos en los albores de una gestión mejor que la de Mario Mercado, mejor que la de Guido Loayza… ese sería el mejor homenaje que nos podría hacer a ambos y el mejor regalo al Bolívar y su gran hinchada.

Un periodista contó que  Grondona dijo que usted era el dirigente que más sabía de fútbol en Sudamérica, ¿recuerda ese episodio?

Más que un episodio, era una muletilla que utilizaba don Julio. Cada vez que me veía, comentaba a sus interlocutores que Guido Loayza era el dirigente que más sabía de fútbol en Sudamérica. Eso debe venir de amenísimas charlas que tuvimos en alguna cena con la dirigencia de Boca y River y con él también, entramos a hablar de fútbol y se sorprendieron por mi conocimiento detallado de la historia del fútbol mundial y argentino en particular. Recuerdo que en el medio tiempo del partido Bolivia-Alemania vino Don Julio y me dijo la muletilla y además: ‘¿cada vez me sorprendés más?, ¿de dónde sacaste este equipo?’  Teníamos una gran relación y era muy deferente conmigo, teníamos en común que ambos estudiamos ingeniería en La Plata, aunque él no pudo terminar. La última vez que lo vi fue en el Mundial de Brasil 2014,  me repitió la muletilla y no lo volví a ver nunca más. Después ocurrió toda la crisis dirigencial de 2015, pero Grondona partió justo a tiempo y salió ileso y, bueno, como dicen: don Julio era un tiempista.

Siempre dijo que Bolívar y Estudiantes son los equipos que más quiere, ¿qué diferencia el sentimiento por uno y otro?

Evidentemente yo soy de Bolívar y emergente de mi paso por Argentina me hice de Estudiantes en La Plata, pero son sentimientos distintos, yo soy del Bolívar desde muy temprano; seguramente a los seis años ya era bolivarista y ahora sigo siendo un enfermo bolivarista. Es algo que prácticamente se lleva en la sangre. La situación de Estudiantes fue distinta porque cuando me fui a estudiar al país vecino  estaba totalmente aislado –quizás por eso estudié ingeniería en telecomunicaciones–  no tenía noticias del Bolívar y yo necesitaba fútbol y  no puedo ver fútbol como espectador neutro, así que opté por un equipo cercano, accesible, de La Plata y no me equivoqué: elegí Estudiantes y fui muy feliz como pincharrata. Vi sus grandes logros, vi cómo un equipo modesto, que rozaba el descenso, pasó a ser tricampeón de la Copa Libertadores, venció al Manchester e inventó un nuevo lenguaje futbolístico que tiene sus seguidores hasta el día de hoy. Era para cautivar a cualquiera. Sin embargo, mi corazón siempre fue celeste y eso es incomparable.

¿Cuál es el mejor Bolívar que vio?

Vi tantos y tan buenos, pero si tuviera que elegir alguno posiblemente me quedó con el Bolívar de inicios de los noventas con Jorge Habbeger como DT y el tridente López, Salinas y Hirano.

 ¿Y los mejores jugadores?

Los mejores jugadores del fútbol mundial que vi en la cancha sin duda fueron Di Stefano, Maradona, Messi, Pelé y Cruyff.  Los mejores jugadores, nacionales y extranjeros, que vi vestir la celeste de la Academia: Víctor Agustín Ugarte, Ramón Guillermo Santos, Ramiro Blacutt, Chichi Romero, Carlos Aragonés, Carlos Ángel López, Jorge Hirano, Fernando Salinas, Vladimir Soria, Marco Zeoli, Marco Etcheverry, Miguel Ángel Rimba, Tomás N´Kono, Óscar Sánchez y William Ferreira, nuestro último gran goleador y mayor sicario de clásicos de todos los tiempos.

Es un hombre con muchas vidas: ingeniero, un adicto a la lectura, futbolero, tenista, ajedrecista, tanguero … algo más?

Sí, con seguridad… y algunas vidas más pero creo que con las siete que ya nombran está de buen tamaño y es suficiente.

 ¿Por qué Loayza con “y”  y Loaiza con “i”?

Es por el abuso del administrador en detrimento del administrado. Porque en la oficina de inmigración de aquel entonces el funcionario a cargo de mi trámite de pasaporte decidió arbitrariamente que el apellido se escribía con “y” en lugar de “i”.  Con ese documento me inscribí en la Universidad de La Plata en Argentina y así salió mi título profesional; era imposible poder cambiar sin hacer un trámite largo y penoso que yo no me podía permitir, pero mantuve  la “i”  en mi firma. Luego, por la misma razón, carente de razón razonable, mi número de cédula de identidad fue modificado y tuve que adaptarme a la nueva situación.

¿Se ve reflejado en sus hijos?

Mis hijos son dos personas que tienen su identidad y personalidad muy formadas. No imitan  nada del padre, al punto que yo soy ingeniero y uno de mis hijos estudió filosofía en la Complutense de Madrid y, el otro, sociología en la Universidad de Lovaina. Convivimos en el tiempo, nos llevamos muy bien, pero somos generaciones distintas. Tengo sana envidia de las cosas que ellos hacen: escriben libros, hacen cine, uno de ellos pinta, dan clases. Me hubiera gustado hacer lo que ellos hacen. Tal vez algún día se me ocurra escribir algo y me sentiré muy contento e identificado con ellos. Posiblemente lo único que tenemos muy en común sea el fútbol y el Bolívar.

 ¿A qué dedicará el tiempo libre?

¿Libre de qué? No veo esto del tiempo libre,   voy a seguir teniendo sueños, proyectos y actividades porque pertenezco a una edad que todavía no tiene nombre, donde la persona tiene años, pero también una actividad febril. Cuando tenga tiempo libre, ahí me sentiré viejo.

¿Cuál sería el tango de su vida?

Bueno, hay tantos tangos… Creo que el tango es un sentimiento triste, una melancolía, un lamento que hasta se puede bailar y, felizmente, no creo que mi vida haya sido para nada triste. Así que  creo que el título del tango que más me represente debería ser indudablemente Illimani, ya que conjuga mi amor por La Paz, mis montañas y mi amor por el mundo que se tuvo que plasmar en Buenos Aires, una ciudad cosmopolita y de una ebullición cultural excepcional hasta ahora pero mucho más aún en aquella época; ese tango, ese nombre, representa a cabalidad esa dualidad que marcó toda mi vida.

¿Dice Bolívar y siente que se le aclara el alma?

Sí, tengo muy dentro de mí el nombre del Bolívar. Quiero a ese nombre. Lo quiero primero por el Libertador, el libertador de las seis naciones, el hombre del siglo XIX. Me siento tan orgulloso que, de todos los libertadores de América, en la copa que lleva su nombre, el que se sitúa en lo más alto de la historia, en la cumbre del Chimborazo, está Bolívar. No hay otro libertador que se le acerque, San Martín, O’Higgins. Por otro lado, nuestro Bolívar, ese celebérrimo nombre, en fútbol también está en lo más alto del continente. Y realmente, basta pronunciar ese nombre para que se me aclare el alma, para evocar ese color, ese celeste que tantos corazones ha hecho palpitar en el curso de la historia con un orgullo indecible.

 

 La carta de agradecimiento de Don Mario para el niño Álvaro
 

Guido Loayza reconoce que la única coincidencia entre sus dos hijos, Álvaro y Diego, es el fútbol y su “enfermiza pasión por el Bolívar”. Fue ese amor en común,  transmitido por su  sangre,  el que fue reconocido por el mismísimo Mario Mercado Vaca Guzmán, quien en 1992 le envió una carta al pequeño  Álvaro, primogénito de Loayza. 

  “Estimado Álvaro, me permito agradecerte en nombre mío y del Club Bolívar por tu permanente y valiosa información sobre el fútbol sudamericano, la misma nos sirve para tomar una serie de decisiones importantes”, dice la misiva  firmada por Mario Mercado, el 27 de febrero de 1992.

 En una época sin tecnología desarrollada, el niño Álvaro Loayza aportaba con sus datos y conocimientos del fútbol argentino -adquiridos de revistas como El Gráfico y otras de Europa-. Ayudó, por ejemplo, a contratar a Juan José Urruti. “Que tu gran espíritu bolivarista te lleve a estudiar sobre el fútbol, pero sobre todo a estudiar una profesión que sirva a la patria y a tu club”, agregó Mercado para reconocer el aporte de los Loayza al fútbol boliviano.

 

27
1