"La revancha del Príncipe Alvim"

Columna
martes, 31 de marzo de 2020 · 00:00

Mario Cucho Vargas, periodista.

El título que consiguió Bolivia en 1963 lo recuerdo como uno de los hechos más gratos de mi vida porque ese Sudamericano consagró todos los esfuerzos que se hicieron durante largos años para que el fútbol de nuestro país alcance la dimensión que nunca tuvo.

Nunca más volví a ver al público boliviano en todo el país desbordarse jubilosamente para celebrar la victoria. Parecía que nos habíamos colmado de la satisfacción que durante tantos años, no sólo el aspecto deportivo, sino en todos los sentidos, se nos había negado. Era la primera vez que Bolivia se consagraba vencedor y así lo interpretó el pueblo, traduciendo en una fiesta, en una algazara inolvidable durante largos días para festejar el triunfo del Sudamericano, que hasta nuestros días se recuerda como una gran epopeya.

El amor a la camiseta hizo posible que grandes gladiadores puedan conseguir el campeonato; pero también quisiera referirme al técnico Danilo Alvin era un hombre sumamente inteligente, pero muy reservado. No era grandilocuente, mantenía la calma y cuando converse con él se prolongaba la desazón que le provocó la pérdida del título mundial del Maracaná en 1950. con el seleccionado de Brasil, cuando era el “Príncipe” de ese seleccionado.

Alvim llegó con el propósito de encumbrar al fútbol boliviano entre los mejores equipos. Sabía mucho de psicología y una de sus expresiones más caracterizadas era “tranquilo, tranquilo”, y sobre todo después del empate con sabor a derrota del inicio del campeonato Sudamericano con Ecuador, 4-4.

Con Lorenzo Carri (periodista), tuvimos la suerte de conversar con él en repetidas oportunidades y le explicamos que existía un jugador que debería estar presente en el equipo, Ausberto García, y también le hablamos de Max Ramírez y Eduardo Espinoza que no figuraban en el plantel titular.

Con la inteligencia que mostraba nos hizo caso y formó una dupla que a la postre se constituyó en el la victoriosa de Bolivia, Víctor Ugarte-Ausberto García, retrocedió a “Tútula” Alcócer como un lateral derecho para que se proyecte. Bolivia ganó fuerza y calidad con pases que eran una obra de arte y que después del segundo partido de la Selección se consolidó hasta llegar al título.

Alvim se fue porque sentía soledad por su tierra, su familia y sus amigos. El dijo que había cumplido su viejo sueño de haber sido campeón con un equipo que no tenía lustre y pergaminos como el boliviano. El directivo Jorge Rojas Tardío y el presidente de la FBF, Roberto Prada, intentaron convencerlo para que se quede luego del Sudamericano, pero más pudo la soledad que él llamaba para retornar a su casa.

En las fotografías de la época se lo observa con un niño que era el único que lo acompañó en su travesía por Bolivia, pero era el que más hinchaba por la selección, un chiquilín muy despierto que suponíamos iba a seguir los pasos del padre como futbolista, pero no llegó a eso.

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