El algoritmo del fútbol

Bolívar y sus próceres

viernes, 10 de julio de 2020 · 00:05


Guido Loayza M. Expresidente de Bolívar
 

Ha sido una gran iniciativa el buscar mediante votación al ídolo de Bolívar. Creo que se hizo un notable esfuerzo de investigación y análisis para confeccionar esa lista de 64 jugadores, todos ídolos, que fueron los que finalmente compitieron para alcanzar el cetro.

Mal podemos hablar de igualdad de oportunidades o de justicia, porque los que votan no tienen el mismo conocimiento de todos los actores, sin embargo, mayoritariamente se ve que han puesto empeño para no ser muy injustos pensando que no es necesario haber sido testigo ocular de los acontecimientos, sino estudiando el pasado y la gran historia del Club Bolívar.

 Estoy seguro que para miles de bolivaristas ha sido una oportunidad para recordar infinidad de festejos, de goles, de jugadas que han quedado tatuadas en el cerebro y siempre con los grandes protagonistas de cada época, Guillermo Santos, Mario Rojas, Ramiro Blacut, Ricardo Troncone, Carlos Aragonés, Erwin Chichi Romero, Carlos López,  Marco Etcheverry o muchas veces ya no lo individual, sino lo colectivo: ese medio campo de Bolívar y la selección con Arturo Miranda, Santos y Édgar  Vargas o ese quinteto mágico, que disparó a Bolívar en la Liga y en la Libertadores con Vladimir Soria, Carlos Borja, López, Fernando Salinas y Jorge  Hirano o ese dúo mortal que nos llevó a la semifinal de la Sudamericana Gatty Ribeiro y Joaquín Botero.

Más allá de las sensaciones y los recuerdos, entrando a profundizar cuales fueron los jugadores que hicieron que Bolívar no sea un club más -que nace preñado de ilusiones y que luego desaparece en las sombras del olvido-, fueron dos: el primero, Mario Alborta, que hace que el club apenas adolescente se ponga los pantalones largos muy bien rubricado con ese inolvidable tetracampeonato 39, 40, 41 y 42 encaramándolo como el líder del fútbol paceño. El segundo, el Maestro Ugarte que desde el 47 al 66 con su extraordinaria clase, su efectividad y liderazgo convirtió a Bolívar en una Academia victoriosa definiendo un estilo para la posteridad.

Las últimas semanas hemos seguido con mucha ansiedad lo que los hinchas pensaban de cada encuentro y vimos con mucha alegría por los que seguían y con mucho pesar por los que abandonaban la lid. Así llegamos a los cuatro semifinalistas: William Ferreira, Víctor Agustín Ugarte, Julio César Baldivieso y Soria. Quisiera aprovechar estos momentos de nostalgias bolivaristas para contarles algunos recuerdos que me tocó vivir con ellos.

Con  Ferreira el primer contacto fue emergente del pedido de Gustavo Quinteros, muy bien sustentado de que venga William; se hizo lo necesario y vino. De entrada, sin jugar bien hacía goles, luego se puso el equipo al hombro y nos llevó a pelear el título y cargado de hados propicios en la última jugada en Trinidad, cuando no se veía ninguna esperanza, de un lateral rodeado de rivales, hace un sombrero, la para con el pecho, la protege, gira, la toca mansa para que Charles da Silva la empuje y Bolívar otra vez campeón. 

Después de irse por seguir el imperativo de la oferta y demanda, peleamos días, noches y hasta madrugadas para gestionar su vuelta y lo hizo nuevamente con vientos favorables. En el sorteo de la Copa Libertadores nos toca con Flamengo, León y Emelec, campeones de sus respectivos países. Inopinadamente Bolívar ganó el grupo y alcanzó las semifinales con varios goles de William, dos de ellos inolvidables, uno para el triunfo en México (mi regalo de cumpleaños) y otro espectacular de visitante en Lanus, quizás el gol más importante de la historia de Bolívar. Hizo otros goles que coronaron a Bolívar campeón y es el máximo goleador del clásico nacional y seguramente lo será por muchos, muchos años venideros.

Víctor Agustín Ugarte, el más grande jugador del fútbol boliviano de todos los tiempos, era conocido y respetado en todos los países de la región, daba grandes conciertos en el extranjero o en el viejo Siles, como la tarde en la que Bolívar, reforzado  con Eugenio Calla, le ganó 7 a 2 a las celebridades del tricampeón argentino River Plate. La gente lo admiraba, lo esperaban después del partido para llevarlo a su casa en andas como en la corrida de toros. Con mis hermanos Armando, bolivarista, y Rolando, stronguista, éramos niños e íbamos todos los domingos al estadio y Ugarte nos hizo gustar del buen fútbol. Un día volviendo de colegio en El Prado lo encontramos y en un banco del paseo, nos pusimos a hablar muy largo sobre fútbol y al despedirnos lo invitamos a tomar té en casa. 

Él aceptó para el jueves a las cuatro de la tarde. A la mamá no le gustó nada la invitación, pero finalmente aceptó y preparó un gran té en el comedor principal con mantel y todos los accesorios de ocasión.  Llegó el gran día y desde temprano estuvimos alertas esperando y la mamá preguntando a qué hora llegaba el invitado.

 Nunca llegó y fue una enorme decepción. Muchos años después, tanto en Bolivia como en Argentina, donde estudié y di mis primeros pasos laborales, estuve siempre acompañado de mi pasión por el fútbol, me hice dirigente y me tocó llegar a la Federación Boliviana de Fútbol y clasificar al Mundial. Había una actividad febril porque tenía mucho por hacer para participar con total decoro en semejante evento con los mejores del mundo y éramos pocas personas y con pocos recursos, pero aún en esas circunstancias siempre hay tiempo para ser agradecido. 

Escuché muchos elogios a la gestión 92-94 por logros deportivos, económicos y de infraestructura, pero muy pocos por haber sido gratos con nuestro mejor jugador al haberlo nombrado Capitán Honorario de la selección boliviana en el mundial USA94. Nunca olvidaré la alegría del “Maestro” cuando le anuncié y le dije que vaya al sastre para que le haga su traje enteramente igual al de la delegación. Los bolivianos de Boston lo tenían permanentemente rodeado y halagado. Fue muy feliz por haber vivido ese reconocimiento y nosotros por verlo así. Al año de volver murió.

 Con Julio César Baldivieso nos tocó tener una relación muy fluida primero en el Bolívar, al que llegó para pasear su gran calidad, tenía una pegada fantástica, lo mismo en la corta como en la larga, en un toque sutil o en un cañonazo. Difícil olvidarse de su imagen parado en la pelota oteando el horizonte en pleno partido clásico. Yo quisiera contarles una faceta para nada conocida. Estábamos viviendo en el CAR de Barcelona con la selección boliviana y Julio, como todos los jugadores, sabía el esfuerzo que hacíamos para cumplir religiosamente con los compromisos económicos con ellos. En una oportunidad lo llamé para pagarle una suma importante y me dijo que no había apuro, que podía esperar, que sabía que había otras necesidades más perentorias. Una actitud no muy común que dicen muy bien de él. Durante su permanencia en Bolívar se creó una gran relación con la hinchada siempre adicta al juego elegante.

Finalmente, Soria recuerdo que, en ausencia de Mario Mercado por razones de salud, el presidente en ejercicio era Alfredo Rojas, un gran dirigente, con él cotidianamente me tocaba manejar el fútbol del club, le pedí que me permitiera ir a Cochabamba para intentar contratar al joven Vladimir Soria. Conseguí el cometido sin que ambos pensáramos que se estaba haciendo un acuerdo sin límites para el éxito y sin fecha de caducidad.

 Es el símbolo de la entrega y de la lealtad, a quien bauticé en su entonces como “El rey del quite”, es nada menos que el tercer jugador con más presencias en toda la historia de la Libertadores.

Vladi desde la cancha y desde el banco ha sido el deportista que más títulos ha logrado en la historia de Bolívar -15-, siendo parte de las tres semifinales internacionales del club y el estratega en la única final alcanzada allá en 2004, todo eso y muchísimo más le permitió ser parte inherente del corazón y la entraña del bolivarismo.

Finalmente debemos felicitar nuevamente a Marcelo Claure por la gran iniciativa que deseamos termine tan bien como se desarrolló. Volver a insistir que la primera virtud del hombre es la gratitud por eso cada año durante la última década a más de la mitad de los nominados a este concurso hemos condecorado con la orden Mario Mercado por sus servicios al Club Bolívar.

 

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