Rodolfo Aliaga, un deportista de leyenda y fuera de serie

Además de convertirse en la figura más grande que dio el básquetbol boliviano durante las décadas de los 50, 60 y 70, fue un jugador de voleibol y un futbolista que llegó a Primera División.
lunes, 4 de octubre de 2021 · 05:00

Beatriz Villa-Gómez C.  / Rediez.com

La época dorada del baloncesto en Bolivia tuvo lugar entre los años 50, 60  y 70 del siglo XX, y se originó en los campeonatos intercolegiales que se vivían a todo pulmón y en los cuales se proyectaban  los futuros talentos deportivos.

Como lo explica el consagrado periodista deportivo  Tito de la Viña, en esa época los dos colegios que mandaban en el deporte eran La Salle y San Calixto, bajo la guía de grandes profesores de educación física.

“El de La Salle era Roberto Aillón –el Negro Aillón–, y él formó a muchos escolares que se dedicaron, con mucho éxito, a la práctica deportiva”.

Del colegio La Salle surgió el afamado club Ingavi, especializado en el deporte de la canasta, y dirigido y sostenido, precisamente, por este singular personaje. “Él hacía todo. Era nuestro entrenador y nuestro consejero; era nuestro amigo y al mismo tiempo, quien nos educaba y formaba en valores; la persona que nos exigía disciplina, responsabilidad y puntualidad, y que controlaba que nos mantengamos alejados de ambientes de humo y trasnochadas… Era muy cercano a cada uno de nosotros y mantenía un vínculo especial con nuestras familias. Vivía para y por el club Ingavi. Él mismo compraba las camisetas y se las daba a nuestras mamás para que ellas cosieran las letras y números de cuerina que él había recortado previamente. Lo que se logró en el Ingavi fue resultado de su esfuerzo y entrega, el apoyo de nuestros papás y el colegio La Salle,  que nos prestaba su cancha para entrenarnos”, recuerda el destacado caudillo ingavista  Guido Meruvia.

Nace una estrella paceña

Rodolfo Aliaga Saravia nació en 1937, en la gloriosa fecha del 16 de julio,  en la que se conmemora el cumplimiento del sueño libertario de La Paz, y cada día de su vida honró a la hermosa ciudad que lo vio nacer, crecer y brillar.

Desde muy temprana edad, sin aspavientos y forjando grandes valores como la nobleza de espíritu, la decencia, la disciplina, el orden, la responsabilidad, el amor, el respeto y la dedicación, volcó sus mejores energías a la práctica del deporte, en busca de hacer realidad sus juveniles anhelos.

Al respecto, su hija Ximena relata: “Él jamás imaginó llegar a donde llegó con el básquet porque en ese momento el fútbol era de su mayor interés. En 1945, 46, empezó a incursionar en este deporte, en la División Infantil de AlwaysReady y en el colegio La Salle porque él se formó en ese colegio. Posteriormente siguió con voleibol y con básquet”.

Su incursión en el baloncesto estuvo fuertemente vinculada a la motivación y al impulso que recibió de parte de Roberto Aillón, el experimentado entrenador que lo formó hasta hacer de él una estrella.

Aliaga junto a grandes figuras del deporte de la canasta.
Foto: Redez

Un  deportista, tres dimensiones

A finales de los años 50 formó parte del equipo de voleibol SportsMen, en el cual brilló tanto por sus indiscutibles cualidades físicas y técnicas –que le permitían realizar espectaculares mates–, como por su ejemplar comportamiento dentro de la cancha.

Llegó a ser capitán de este prestigioso equipo paceño y su desempeño fue varias veces reconocido a nivel departamental. Compartiendo esta actividad deportiva con su hermano menor César, incluso formó parte de la mesa directiva de  SportsMen.

Aliaga fue una destacada figura del vóley paceño en los 50.
Foto: Redez

Fichado por el Decano

El destacado jugador stronguista Rolando  Perro  Vargas recuerda a su entrañable amigo y compañero de equipo, quien fichara en  la Primera División de The Strongest, como “un caballero y un señor en toda la extensión de la palabra”. Asegura que, si bien su paso por el fútbol fue corto debido a que muchas veces las fechas importantes del Tigre coincidían con las del Ingavi, Rodo Aliaga se destacó como un back centro de buena estatura y de temperamento sereno.

Un fenómeno llamado Ingavi

Aliaga (primero de la der.) fue el gran símbolo ingavista.
Foto: Redez

“El Ingavi en esa época era como Bolívar y The Strongest. Era el club de mayor prestigio y tenía seguidores en todo el país”, recuerda Guido Meruvia, el inolvidable Nº 4 del conjunto verdolaga. Por su parte, la  hija de Rodolfo Aliaga,  Jacqueline Aliaga Delgado, quien cada fin de semana acudía al Coliseo Cerrado de La Paz, junto a su mamá y hermanas para apoyar a su padre, es testigo directo del nivel de fervor y fanatismo que se generaba alrededor de este club y sus figuras.

Aliaga fue el motor de Ingavi, el más laureado del básquet.
Foto: Redez

Verdaderos íconos del baloncesto boliviano se lucieron con la camiseta del Ingavi: Enrique Pozo, Javier Núñez del Prado, René  Chuncho  Verduguez, Enrique Rodríguez, Edgar  Sabú  Pozo y Guido Meruvia, por citar algunos.

Rodo Aliaga junto a su entrañable amigo Guido Meruvia.
Foto: Redez

El Nº 14, “RAS”, encajaba perfectamente en este cuadro de destacados, lo que dio lugar a que cada domingo por la mañana, se jugara en un coliseo a reventar –de 10.000 personas– que concentraba al público hambriento del espectáculo que protagonizaban los eternos rivales: Ingavi y Litoral.

Esta fiesta deportiva tenía particularidades inolvidables y maravillosas, recuerda Meruvia. “El pueblo unido, jamás será vencido”, era el lema que los universitarios de la época de la dictadura, que  llegaban a las graderías para motivar al equipo que logró 15 títulos paceños consecutivos y 10 campeonatos nacionales, casi siempre venciendo al duro rival que representaba a los policías y militares, y logrando alrededor de una treintena de campeonatos y otra cantidad importante de récords.

Hombre de familia

En 1962 Rodolfo Aliaga se casó con Lucy Delgado y con ella formó una familia de cinco orgullosas mujercitas: Jacqueline, Karina, Ximena, Alejandra y Susanita (+). Según relata su hija Alejandra, Lucy apoyó a su esposo incondicionalmente para que él pudiera desenvolverse deportivamente a nivel profesional (aunque el básquet no estaba profesionalizado), al mismo tiempo que llevaba adelante y de manera metódica y ordenada sus estudios de economía y contabilidad, y su carrera bancaria. “Organizaba su vida de tal manera que podía cumplir perfectamente todos sus roles; marcaba sus tiempos, tan bien como marcaba el cesto”, señala Ximena.

Por y para Bolivia

Aliaga representó a La Paz y a Bolivia en innumerables eventos nacionales e internacionales en los que casi siempre logró las palmas del triunfo.

Por ejemplo, en 1955 viajó a Colombia junto al equipo juvenil de Ingavi, representando a Bolivia en el Primer Campeonato Sudamericano de Básquet, y en 1970 fue el capitán y abanderado de Bolivia en los Juegos Bolivarianos que se llevaron a cabo en Venezuela.

Si bien estas experiencias fueron altamente satisfactorias para él, no se salvó de las inclemencias a las que, hasta la actualidad, se enfrentan nuestros deportistas.

Después de la despedida

Problemas en su columna lo llevaron a despedirse de las canchas a sus 40 años, en 1977. El cierre oficial de su exitosa carrera lo hizo representando al cuadro  RACH,  que él mismo hubiera impulsado en honor a su entrañable amigo, consejero, mentor y entrenador, Roberto Aillón Chávez.

Habiendo registrado múltiples récords, no dejó de cuidar su alimentación, hacer ejercicio y trabajar por el deporte boliviano. Lo hizo como dirigente y autoridad nacional apolítica, habiendo asumido los cargos de director nacional de Deportes (1978) y secretario nacional de Deporte y la Juventud (1989).

Como gestor deportivo y activista, fomentó la investigación, el recuerdo y el homenaje a los principales hitos y protagonistas deportivos del país, desde los libros que escribió y desde el Museo del Deporte Nacional que fundó y dirigió en La Paz. Don Javier  Chicho  Lanza Crespo fue su mano derecha para hacer realidad su sueño de montar un espacio donde se trazaba la historia deportiva, a través de una biblioteca abierta al público y la exhibición de objetos, reliquias y obras de arte relacionadas al deporte boliviano.

Impulsó, además, la formación deportiva infato-juvenil en diferentes escuelas, clubes e instituciones deportivas y académicas de La Paz. “Era espectacular elevando la pelota, era encestador, era liviano y muy exacto para hacer los pases, era completo”. Así describe  el periodista deportivo Tito de la Viña a Rodolfo Aliaga.

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