Minuto 90

El valor del deporte: una perspectiva histórica

Minuto 90
lunes, 21 de junio de 2021 · 05:00


Carolina Zalaquett / Abogada 

Desde un punto de vista etimológico, la palabra “deporte” proviene del latín “desporto”, que significa “dejarse llevar” y que evoca la idea de distracción y entretenimiento –algo que da placer-. Pero la existencia misma del deporte es muy anterior a su conceptualización, pues los seres humanos hemos desarrollado actividades con fines recreativos desde siempre. Según el escritor australiano R. Brasch, el deporte no fue un invento deliberado sino que se originó, casi inevitablemente, del instinto de supervivencia del hombre y de su necesidad de superar las infinitas amenazas a su existencia.

 En tiempos prehistóricos, el deporte tenía como objetivo fundamental desarrollar habilidades de supervivencia: era una forma de preparar a los jóvenes para la realidad de la vida; también era un ejercicio vital para estimular la circulación sanguínea en climas fríos, con dietas bajas en proteína. Durante la civilización griega, la práctica del deporte evolucionó hacia un culto al cuerpo y una forma de entrenamiento militar; también tenía un significado religioso – los Juegos Olímpicos de la antigüedad fueron un festival atlético celebrado en honor a Zeus, rey de los dioses del monte Olimpo. En Roma, el deporte devino en una actividad de esparcimiento de la nobleza y así fue concebido hasta la Edad Media – un privilegio de la aristocracia-. En la Modernidad, el deporte cumplió un importante rol social basado en el resurgimiento de la cultura atlética y los valores olímpicos. A finales del siglo XX, la profesionalización y comercialización del deporte hizo de éste una forma de entretenimiento.

 Ahora bien, la noción y significado contemporáneos del deporte es herencia de la era victoriana. Nació en el contexto de la Revolución Industrial –una proceso histórico de transformación tecnológica, económica y social, que emergió en Gran Bretaña durante el siglo XVIII y que se extendió rápidamente por el mundo occidental-. Como consecuencia de dicho proceso, la sociedad inglesa experimentó una transformación dramática: hubo una migración masiva de la población rural hacia los centros urbanos, los cambios en los factores de producción reconfiguraron la estructuración social y la mecanización del trabajo tuvo un impacto en el estilo de vida inglés – una nueva clase social emergió y las personas tenían más tiempo de esparcimiento. Así, las escuelas públicas de élite fueron reformadas para atender las necesidades de esta nueva clase burguesa, inculcando en sus jóvenes las tradiciones caballerescas de la aristocracia. En este contexto, los deportes colectivos -principalmente el fútbol- fueron promovidos no solo para disciplinar el tiempo libre de los jóvenes, sino también para formar su carácter cultivando valores como la solidaridad, compañerismo y el juego limpio.

 Por lo tanto, el deporte es hijo de su tiempo y un reflejo de la sociedad – su contenido y la significancia deben ser entendidos a partir del contexto social y tiempo determinados-. En su concepción contemporánea, el deporte representa una herramienta valiosa para la estructuración y cohesión social mediante la proyección de valores comunes, como la equidad y el mérito –la idea de que todos competimos bajo las mismas reglas y quien gana es el mejor-.

 Asimismo, el deporte es un instrumento formativo del carácter de la persona a través del cultivo de la ética de las virtudes. Más aún, en sociedades fragmentadas como la nuestra, el valor del deporte es todavía mayor: es  instrumental para la formación del ciudadano boliviano y la construcción de la identidad boliviana como elemento de cohesión social. De ahí la importancia de protegerlo, fortalecerlo y promoverlo.

Carolina Zalaquett-Asbún es abogada, máster en derecho internacional de los negocios y deportes por la Universidad de Zúrich en colaboración con la FIFA.


 

 

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