El curioso caso de Mijaín López, el niño grande de oro

El cubano de 38 años consiguió su cuarto oro consecutivo en lucha grecorromana.
martes, 3 de agosto de 2021 · 05:00

Natalia Arriaga / Tokio 

Cinco títulos de campeón mundial, cinco de campeón panamericano y, desde ayer, cuatro de campeón olímpico. El cubano Mijaín López volvió a hacerlo  en Tokio, a sus 38 años y sin que ningún rival le inquietase en los cuatro combates que ha disputado.

El Niño, como le llaman por su sencillez pese a su aspecto de gigante, es un misterio insondable para sus competidores y una especie rara en el mundo de la lucha. Se deja ver tan poco por las competiciones internacionales que sus rivales no tienen ocasión de estudiarlo y plantear una estrategia para vencerlo.

Ni siquiera compitió en 2019 en los campeonatos del mundo clasificatorios para estos Juegos. Acudir, acudió; pero sólo a mirar. En su categoría, los 130 kilos de lucha grecorromana, participo Óscar Pino, que se proclamó subcampeón mundial y logró así la plaza para Cuba.

Al ser para el país y no nominal, ya se dio por sentado que ese billete lo emplearía el insigne Mijaín, que se reserva para las grandes ocasiones. 

El oro convierte al luchador de Pinar del Río en el mejor de la historia en categoría masculina, igualando los cuatro que tiene también la japonesa Kaori Icho, ganadora en Atenas 2004, Pekín 2008, Londres 2012 y Río 2016 en -63 kilos.

 Mijaín López mide 191 centímetros y pesa en torno a los 130 kilos. Casi siempre algo más, porque el gladiador considera que “el principal rival es el peso” y lucha a diario para mantenerlo a raya. Las horas previas a una competición son siempre de estricta dieta, las posteriores de un gran festín reparador.

Las privaciones son difíciles “porque rompen con la tradición de nosotros,  los cubanos”. Dijo  “que nos gusta comer arroz congrí (arroz con frijoles negros) y carne de puerco”.

El soviético Aleksandr Medved, tres veces campeón olímpico de lucha libre entre 1964 y 1972, dijo que un luchador debe tener “la fuerza de un levantador de pesas, la agilidad de un acróbata, la resistencia de un corredor y la destreza táctica de un ajedrecista”. Todas esas virtudes las reúne Mijaín, aunque la que prima es la resistencia, porque él asiste inmutable al paso por el colchón de rivales de menor edad que no consiguen ponerle freno. Con su cuarto oro consecutivo en lucha grecorromana, el cubano  entró en la historia de los Juegos al igualar a mitos como Carl Lewis (salto largo), Michael Phelps (200m estilos) y Al Oerter (disco). (EFE)

 

 

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