Para el club de Ugarte, el Doctor Rojas y Da Costa

Al campeón: Celeste como el cielo, bello y casi inalcanzable

El equipo actual de la Academia quiere volver a sus raíces, más allá de un título; ganar es necesario, pero enamorar desde el tapete verde es una obligación.

Campeones
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La Paz - lunes, 13 de junio de 2022 - 5:00

El señor Antonio Ortega Cárdenas nació en un pueblito llamado Wara, a más de 80 años de distancia, allá por Sud Yungas. Eran años en los cuales había que hacer camino al andar y en el campo sólo los sueños eran propiedad privada.

Cuando él conoció la ciudad, a fines de la década del 60, quiso ir al estadio, pero le advirtieron que había un equipo de fútbol que enamoraba verlo jugar porque trataba a la pelota casi con guante blanco. Este club tenía la casaca celeste como el cielo y aclaraba el alma apenas mencionarlo. Don Antonio quiso ver con sus ojos aquel club. Y cuando fue al estadio sí se enamoró a primera vista.

Pudo ver a un señor que se hacía pasar por defensor central, pero en realidad era un doctor en la cancha, pues sus movimientos eran quirúrgicos. A él le decían El Doctor, pero su nombre verdadero era Mario Rojas. Y daba todo por su club. “Bolívar es todo, es mi país, es mi casa”, dijo el día que el club lo homenajeó, hace un puñado de años.

Luego llegó al mismo puesto otro caballero. Era Ricardo Troncone, quien hizo honor a la casaca que heredó del Doctor y mostró su estirpe celeste.

Y acá se menciona a defensores centrales, porque ellos suelen ser los más duros, ásperos y que maltratan a la pelota y al rival en el juego. En Bolívar eso no funciona... hasta para hacer el trabajo sucio hay que tener calidad, pues. Es que no se trata simplemente de ganar, es cuestión de tener calidad, magia al momento de hacer las cosas, por más mundanas que sean. Es una forma de vida. El celeste es sinónimo de calidad.

Y para hablar de la pieza más importante de un equipo, hablemos de un número 10... en Bolívar están varios celestes que iban a la oficina puntuales y exquisitos, como el Zurdo López, el Diablo Etcheverry, el gran Baldivieso o el Maestro Erwin Romero...

Se dice que el más grande jugador boliviano es Víctor Agustín Ugarte, él se puso el terno celeste. Esta escuadra 2022 tiene algo de lo que hablaba don Antonio Ortega. El equipo de fútbol volvió a esa esencia, con un Patito Rodríguez que vive para lucirse y hacer lucir a sus compañeros. El capitán defensor central César Martins debería ponerse smoking en vez de polera. Y el goleador Chico Da Costa, que vive feliz y contento en su casa, ubicada en cualquier área chica. Hay un español que conquista con su buen juego, el crack Granell.

Y, por si faltaran razones, para amar a este cuadro de ilusiones, en la banca de suplentes hay jóvenes que acarician a la pelota y no la patean, leáse Javier Uzeda.

El equipo actual sí quiere volver a sus raíces y es razón de fiesta, más allá de un campeonato mucho más; ganar es necesario pero enamorar desde el tapete verde es una obligación.

El señor José Antonio Ortega Cárdenas tiene razones para sentirse feliz. Hoy es su cumpleaños y los celebra en el cielo, seguramente rodeado del Doctor Rojas y de la gente que sabe que esto es más que fútbol.

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