El Parlante

BLACK SABBATH EN ARGENTINA: TESTIGO DEL RITUAL

sábado, 26 de octubre de 2013 · 19:43
Sergio Calero
Como en toda religión, el rock también suele convocar a sus obedientes  feligreses a cumplir  ritos imperiosos, sobre todo si éstos se enmarcan en la celebración más esencial de la doctrina. "Habemus Sabbath” han proclamado millones de fans en el mundo cuando el legendario grupo Black Sabbath anunció su gira mundial de retorno, que incluía Latinoamérica. El pasado 6 de octubre, la ceremonia se levantó en La Plata, Argentina, y allí estuvimos para ser testigos del milagro.
Mientras el domingo tardaba en levantarse, miles de hombres y mujeres uniformados con el negro más oscuro y la silueta más brillante en la polera ya deambulaban por las calles bonaerenses. De una forma u otra se dieron modos para llegar a La Plata, a una hora de viaje, con el objetivo de acudir al templo elegido, uno de los estadios más modernos de la Argentina y donde ya se han realizado otros rituales de rock.
Como cuervos por las calles circundantes, muchísimos vampiros trasnochados circulaban ansiosos tratando que el tiempo se apure para instaurar el culto. Pacientes, pacíficos y ordenados se acomodaban en las filas y en las reglas del buen comportamiento, demostrando que su interés era estrictamente musical y por tanto pacífico, muy diferente al fútbol, que se ha convertido en un escenario para la violencia debido a las incontrolables barras bravas.
Al caer la tarde, las puertas se abren, miles de oscuros devotos inundan rápidamente las tribunas, en especial el campo central, para protagonizar el vasto ritual, previsto con la actuación de otras dos bandas también históricas.
La liturgia se abre con una representación local: Orcas, grupo emblemático del heavy argentino, que agradece la oportunidad de ser parte del ritual besando el suelo que han de pisar los británicos. "Nosotros somos hijos de Black Sabbath, a ellos les debemos lo que somos”. Una ovación coincidente premia la honestidad del emotivo sermón. Minutos después el nerviosismo crece como las graderías y es que ya arranca la segunda banda  invitada, también legendaria y fundacional del trash metal, se trata de Megadeth, que una vez más visita Argentina, donde tiene un verdadero ejército de fans, quienes se hacen notar en cada himno que la banda dispara. Agradecido el sacerdote Dave Mustaine , líder del grupo, arremete una y otra vez con el más brutal repertorio de Megadeth, retumbando el estadio que ya vive la ofrenda del rock.
Cae un telón negro y la expectativa es ahora un grito virginal, y claro, estamos a punto de enfrentarnos con la fuente, con el génesis, con el principio de los principios del rock pesado. Fue en 1970 cuando de los barrios pobres de Inglaterra surgió Black Sabbath pateando la ilusión sicodélica del "flower power”. Ellos trajeron la oscuridad, el miedo y el terror al rock, incluso dejaron que el diablo participe, aunque no sabían realmente quién era. A partir de Sabbath vendrían todos los pesados posteriores e incluso el género de rock llamado "heavy metal” y sus derivaciones, por ello estar en su concierto de retorno era presenciar un exorcismo contra el tiempo, el más endiablado destructor de mitos, pero la divinidad sonora estalló ni bien cayó el telón con el aullido del Príncipe de las tinieblas Ozzy Osbourne, el  torrente eléctrico del maestro Tony Iommy en la guitarra y el bajo más pesado de la historia en manos de Gezzer Butler.
Los 40.000 feligreses presentes pueden atestiguar lo que yo sentí. Estoy convencido de que en esos primeros acordes de War Pigs la tierra se movió, que los ángeles de la guarda despavoridos huyeron cuando sonó N.I.B, que los cielos se estremecieron durante el tema Black Sabbath, incluso me pareció que los relojes se frenaron cuando Iommi desenfundó Under the sun, era el triunfo del Iron Man ante el tiempo, oportunidad perfecta para que Ozzy Osbourne cuestione: "God is dead?”, frente a este mundo derrotado por el crimen, el desequilibrio y el poder del dinero, canción del último disco del grupo y del cual salió también la estruendosa End of begginnig, reubicando a los Sabbath en el sitial que les corresponde como creadores del rock más pesado que el oído humano ha podido escuchar.
Un solo de batería demoledor a cargo del invitado Tommy Cufletos dejó las pulsaciones del corazón en niveles peligrosamente acelerados, escenario ideal para volver a la historia con Evil woman, del legendario tercer disco de Black Sabbath. Los devotos reverenciaron con desbordados alaridos y aplausos la presentación de los integrantes y en especial la de Tony Iommi, el más grande creador de riffs de guitarra y que le viene ganando al cáncer gracias a un pacto con su público en el mundo y que quizá tardíamente le está reconociendo como uno de los más grandes guitarristas del rock.
La fiesta terminó con el esperado himno Paranoid, que hizo temblar las columnas del moderno estadio y la oración final de Ozzy: "Dios los bendiga”.
Cuarenta mil feligreses pueden atestiguar lo que yo vi y es que el rock existe, existe con un poder inconmensurable, bendito sea.

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