José Andrés Navarro, un pianista que crece

miércoles, 13 de noviembre de 2013 · 21:48
Teresa Palmero de Soria


Escuchamos por primera vez a José Andrés en un recital cuando tenía 14 años y quedamos impresionados por su talento y musicalidad ya evidentes en esa temprana adolescencia.
Desde entonces  seguimos con gran interés su trayectoria artística, sus múltiples enprendimientos, su participación en concursos y encuentros musicales fuera del país y por supuesto su constante superación en el estudio del piano.
Este precoz artista al presentarse hace unos días  en un concierto en el hall del Colegio Alemán, ratificó las cualidades anteriormente mencionadas,  a la vez que pudimos apreciar el enorme progreso adquirido en los últimos años  y que fue confirmado en el ambicioso y difícil programa que supo sortear con solvencia y seriedad.
 Empezó el recital con una de las últimas Sonatas de Beethoven la 31 en la bemol mayor Op. 110, de conmovedor lirismo expresado mayormente en el movimiento lento, que el pianista supo realzar, coronando la obra con una fuga que contó también con su acertada ejecución.
Continuó el programa con la Balada  Nº 4  en fa menor de Frederic Chopin de rica invención melódica y fascinante por sus contrastantes cambios de tonalidad en los que José Andrés jugó con ajustado ritmo, resaltando siempre la esencia melódica y alejado de excesivos "rubatos”  o desmedido  romanticismo.
Sin embargo, en momentos donde la emoción se apoderó del pianista, ésta se tradujo en arpegios y escalas  técnicamente impecables, pero de exagerada energía.
 La segunda parte del programa consignaba la obra de Modesto Mussorgsky, Cuadros de una exposición, que es el tributo a su querido amigo el arquitecto Víctor Hartman, e inspirada  en sus cuadros  y dibujos.
Es una composición plena de melodías y ritmos que programáticamente va describiendo los cuadros de la exposición interpolando el tema  Promenade   a lo largo del paseo.
Con admirable creatividad el maestro representa en música algo que tal vez sólo podría apreciarse visualmente, pero lo hace describiendo magistralmente, ya sea al Gnomo, a través de una vivaz melodía y vacilantes ritmos, o al Castillo Medieval con una conmovedora y lúgubre canción y así sucesivamente revelando en cada uno de los cuadros su asombroso potencial creativo.
Es en esa composición que el joven pianista demostró a plenitud su capacidad técnica e interpretativa, reflejando a través de efectos sonoros muy bien logrados, la esencia misma de cada cuadro y impresionándonos con el despliegue de excelente técnica limpia y de claridad  indiscutible en sus escalas y arpegios, aunque  a veces extremadamente  vigorosos.
Nos sorprendió, también muy gratamente, su madurez interpretativa adquirida en los últimos años, que le permitió captar el mensaje sublime del maestro ruso y trasmitirlo claramente al público. Es indudable que José Andrés Navarro  es el joven intérprete que se vislumbra como uno de los más sobresalientes pianistas de nuestro país. Pronto viajará a Europa para continuar estudios superiores de música y le deseamos muchos éxitos y logros en su brillante carrera.

Teresa Palmero de Soria,
licenciada en Educación Musical.

 

 


   

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