Un acercamiento a la obra ganadora del Premio Nacional de Novela 2013

Cé Mendizábal y el retrato de un submundo pasado por sal

Diálogo extraño. El jurado-entrevistador conversa con el escritor-calificado-premiado sobre una obra que sólo ambos, y pocos más, conocen aún.
domingo, 17 de noviembre de 2013 · 18:21
 Martín Zelaya Sánchez

Agamenón se queda solo. Su mujer se va a Santa Cruz poco después de que su hijo emigra a Estados Unidos. No le queda más que hundirse como  nunca en su refugio favorito: los night clubes de Chijini.
Bernardo es el cura de una parroquia perdida en una zona de burdeles, cantinas y grotescos personajes con quienes se acostumbra a convivir a lo largo de los años.
Midori Lee, Susan Díaz, Lucrecia, prostituta novata, meretriz veterana, madame. Monty y Mireya, universitario típico, misteriosa y bella muchacha de incierto origen. Abbas e Isaac, sirio y judío, comerciantes y amigos; el Wistu, el Potófago, Amanda, Manuelito… un bestiario completo.
Cé Mendizábal confiesa que pocas pinturas le sobrecogen tanto como los Illimanis de Arturo Borda, que se plasman aéreos, etéreos, casi insustanciales pero terriblemente certeros y reveladores. Como de pronto puede a veces percibirse y entenderse a la urbe que acoge el emblemático nevado.
Pues bien, aprovechando la fortuna de ser, en este caso, juez y parte -miembro del jurado calificador del Premio Nacional de Novela y ahora periodista, entrevistador del ganador- les invito a dar un vistazo a este peculiar escenario de no menos singulares protagonistas, como es Pasado por sal -flamante obra merecedora del mayor galardón literario de Bolivia-... un paseo con un guía de lujo… Cé, el culpable, el concebidor de este viaje a un submundo fascinante.

  ¿Cómo fue el proceso creativo de Pasado por sal? ¿En cuánto tiempo la escribiste? Intuyo que fue un trabajo complejo y demandante.
  Comencé a escribir Pasado por salen 1997, antes de ganar por primera vez el Premio Alfaguara (en 1999 con Alguien más a cargo).
 Como ves, el nombre de la novela también alude a un proceso de curación bastante largo; decididamente demasiado largo para las exigencias comerciales de hoy, pero no para postular un acercamiento al arte. Ahora bien, esto último es un deseo mío. 
El jurado dice que lo logré, pero el veredicto final será del público y de la crítica. Nada me garantiza que haya sido un complicado derroche de tiempo.

  Me gustaría que describas brevemente la obra, en tus palabras, como tú la ves y sientes.
  He intentado un acercamiento a una historia, de tintes legendarios, de una mujer que paseaba su frescura por las tablas de las boites de los 70. Boites, así se llamaban, y la mujer era una beldad de ascendencia japonesa: Midori Nagashiro. 
Mi versión en torno a ella es enteramente ficticia, puesto que yo era un primerizo en el colegio cuando los chistes y las alusiones en torno a la Nagashiro corrían como pólvora. 
Mi padre compraba siempre El Diario, y recuerdo que los jueves y viernes no faltaba un aviso espectacular de la Boite Maracaibo. Allí, en la foto principal aparecía la hermosa y misteriosa japonesa en blanco y negro.
Bueno, ésa es una vena de la novela. La otra se asienta en los 90, con mis años en la universidad, cuando tampoco faltaban las visitas a los tugurios de turno. Todo en medio del desencanto con la política de toda una generación, que dura hasta hoy. 
El hecho de que me nutra de mucha experiencia personal  no significa que sea una novela autobiográfica, ni mucho menos. He tratado de encuadrar todo en los términos de la ficción.

  En el acta del jurado dice que es una "novela de personajes y escenarios” sobre quienes está el mayor peso, que no hay un tema o trama predominante, más allá de las historias de cada protagonista que en algún momento trascienden a otros. ¿Estás de acuerdo?
  No del todo. Es cierto que los personajes y las situaciones se tejen constantemente. Sin embargo, también he buscado narrar una historia que corre por debajo de todo, una historia que quiere fundir esas dos épocas -los 70 y los 90- en un solo momento, aunque sea en la mente de unos cuantos personajes… en un solo suceso de tintes dramáticos para unos, y trágicos para otros.

  Coincidirás en que es una novela urbana. ¿Es La Paz un personaje central, o al menos una parte de La Paz, los "barrios altos” esa "otra ciudad”…?
  Sí. Al menos ése es uno de los objetivos centrales. Que esa La Paz todavía secreta en varios de sus acápites aparezca de un modo diverso, o al menos a través de los ojos de otra gente. 
Soy un escritor paceño, por más que mi carnet  me muestra orureño de nacimiento. La Paz es un eje irrenunciable para mi trabajo… como dices, un personaje.

  Percibo un diálogo con American Visa de Juan de Recacoechea, más que con Periférica Blvd., de Cárdenas… ¿qué opinas?
 Mmmm… es posible que haya un acercamiento por el lado de los locales y las mujeres. La bailarina de American Visa, y las dos que aparecen en mi novela. No sé qué tan extenso sea ese diálogo, pero si lo mencionas debe ser importante. 
Sobre Periférica… estimo muchísimo a Adolfo Cárdenas, pero no soy casi un detractor de  Periférica Blvd., creo que es una novela de aliento joyceano, una suerte de Finnegans Wake, que sólo puede ser leída y apreciada por paceños, mientras que el resto la va a encontrar incomprensible. 
Yo me inclino más por la línea kafkiana de la novela. Son dos cosas muy diferentes, por más que en algunos pasajes haya similitudes.
  Más allá de "la japonesa”, qué  puedes decir de los personajes… el funcionario burócrata típico, los universitarios, el turco y el judío… ¿son prototipos… alguno(s) hace(n) referencia a personas reales…?
  Una de las cosas que me hace pensar en un defecto de la novela es la elección de los personajes. El burócrata es una variante quizá más desarrollada del Carloncho de Chuquiago, la película de Antonio Eguino. Y lo propio los universitarios. 
Sin embargo, yo necesitaba hilos conductores y no podía poner a trabajar en ello a un dentista o a una casera del mercado. Nuestra ciudad está constituida en enormísima medida por burócratas de oficinas estatales, tinterillos, tramitadores y universitarios perpetuos. No mencionarlos sería salirse de La Paz, sería hacer otra ciudad distinta.
Creo que he intentado volcar en cada uno lo mío, pero el lector quizá descubrirá que me extiendo más en uno que otro, tal vez en uno de los universitarios. 
El cura no es una figura nueva, aunque uno piensa que siempre hay una vuelta de tuerca más. Y lo propio pasa con los comerciantes: el judío, el turco…

(Un pincelazo del burócrata en la novela)
"Como tan a menudo se llenaba la boca repitiendo ante sus compinches que la era de oro de los clubes nocturnos había quedado en otra época, con Midori Nagashiro como indiscutible reina y con una nube de cortesanas que por hoy pasarían por princesas, ahora, mínimo le tocaba dar prueba de sus alharacas”.

 Volviendo brevemente al proceso creativo, ¿caminaste por los barrios que mencionas… te empapaste de su tono y dinámica… sus bares, mercados, callejones?
 Sí, primero por simple sed, luego por necesidad y al final por placer. Durante mis años en la universidad "entrar” en la fiesta del Gran Poder era, para mí, más que una obligación. 
Algunos compañeros de esos días, Wálter Iván Vargas, Gilmar Gonzáles o el Negro Quintanilla bromeaban diciendo que de un momento a otro me iban a entronizar en la fiesta…

 

Nuestra fatalmente secreta literatura

 

- ¿Qué te despierta en este momento la literatura boliviana… es decir, qué se te viene primero a la cabeza (virtudes, defectos, logros, pendientes, autores, tendencias….) si te pido una brevísima reflexión sobre ésta?
-  Mi primera idea es que lo boliviano es todavía muy discriminado. Sé y he visto cosas bolivianas que han sido discriminadas sólo por el hecho de ser bolivianas. 
A veces pareciera una etiqueta que nos ponen, aunque, menos mal, eso está cambiando gracias al trabajo de escritores como Rodrigo Hasbún, Edmundo Paz Soldán, Giovanna Rivero, Sebastián Antezana o Liliana Colanzi, que son autores de la urbe y para la urbe. 
Así y todo, creo que Latinoamérica está en fuerte deuda con lo boliviano, con los artistas de aquí. Mientras Jesús Urzagasti se iba apagando en medio de su increíble lucidez y memoria, yo me decía con rabia que si él hubiera nacido en Colombia o Chile, mínimamente habría recibido el Cervantes. 
Para mí estuvo y sigue estando por encima de autores como Bryce Echenique, Skármeta, Fernando Vallejo o el propio Jorge Edwards… Pero se fue sin ese reconocimiento que merecía de sobra. 
Cuando murió, Julio Ortega escribió un artículo memorable en su blog que comienza diciendo "casi todos los buenos escritores bolivianos son fatalmente secretos pero el más secreto de todos es Jesús Urzagasti…”.

 

 

La Paz compleja, paceños mitómanos
- Hay un viejo debate entre la academia y los escritores bolivianos de que los paceños o quienes viven en La Paz privilegian mucho la literatura que, precisamente, realza a esta ciudad  (Saenz, Bascopé Aspiazu, Viscarra…) y que por ello se encasillan en la marginalidad, la noche, la bohemia, los barrios bajos… etc., que vendrían a ser propios de la literatura urbana paceña. 
En respuesta, algunos dicen que al tratar de romper o salir a toda costa de cierta temática, se peca más bien de lo mismo que se critica, de esquematizar la literatura… ¿Qué reflexionas al respecto?
- La Paz es una ciudad demasiado compleja, demasiado intrincada e interesante como para que se la pueda dejar de lado en una narrativa seria… ¿A qué se debe esto, de dónde viene semejante magnetismo? Alguna vez lo hablaba con mi amigo Gilmar Gonzáles y él reflexionaba que quizá se deba a la presencia de la montaña. 
Es una presencia demasiado grande, demasiado imponente y al mismo tiempo intimidante. Es tóxica. Y eso se transmite a prácticamente cada habitante de esta urbe.
El Illimani más imponente que conozco en la pintura es el de Arturo Borda. Parece haber sido pintado desde el aire, siendo que desde el aire, desde un avión, su vista es muy diferente, es como si se desdoblara. El hombre realmente debió meterse en la visión y la reflexión de esa montaña en cuerpo y alma. Sólo así puede lograrse lo que logró. 
Y mira las diferencias: si vamos a Santa Cruz, en dos por tres todos estamos mirando sus mujeres hermosas y respirando su aire más pleno, salvo cuando hay chaqueo. Pero si levantas la mirada más arriba de la cintura o de los ojos, casi no hay que mirar.
Te hablo de la ciudad, donde los árboles son cada vez menos abundantes. No hay un eje magnético como el que urden nuestras montañas. Eso me lleva a pensar que Santa Cruz es la tierra de Eros, del erotismo realizado a cabalidad. 
La Paz es la tierra del enamoramiento, del flirteo perpetuo que a menudo no lleva a ninguna parte, al menos en términos eróticos. Ahora bien, los paceños tendemos en exceso a la mitomanía, casi seguro por el contagio de la propia montaña. 
Eso nos hace festejar mucho más la vida de Jaime Saenz o del Loco Borda o de Viscarra que sus propios trabajos. Vemos las fuertes reproducciones teatrales del Saenz de Mondaca más por ver la pasmosa vida del poeta que por ver su obra. ¿Es esto así o me estoy equivocando?

 

 

Lector y pintor desmañado
- Háblanos un poco de tus lecturas, las actuales, los descubrimientos y lo que te apasiona ahora, pero también de tus libros y autores de cabecera de siempre.
- Mi gran descubrimiento actual es David Foster Wallace, una mente rutilante por donde se la vea… Al final, siento que no pudo sobrevivir a su propio cerebro, a su mente colosal. 
Y entre los famosos, Munro, claro, Mo Yan o Nothcomb que me hace reír…  Comencé leyendo con aprensión a Houllebecq pero terminé sacándome el gorro. 
Y la pintura… siempre me apasionó la pintura. Hoy la practico con entusiasmo, aunque es mejor decir que ella me practica a mí porque soy increíblemente desmañado e ingenuo en esto.

 

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