El parlante

Luz planetaria

sábado, 23 de noviembre de 2013 · 19:30
Sergio Calero
Luzmila Carpio ya no es una cantante potosina, ahora su canto es música universal. Tras una larga estadía en Europa, finalmente Luzmila da el trascendental paso de volar más lejos de su comunidad, de su país y de su país de residencia para alcanzar el cielo y las estrellas que no tienen fronteras. Oratorio Andino Amazónico es el testimonio musical de este viaje a la universalidad donde su privilegiada voz brota como un canto del planetario nacido de la tierra y de las vivencias de Qalaqala. Luzmila lo hace desde la raíz, desde la dulzura del quechua y del dictado profundo que recibió de su ancestro, lo hace liberándose del asfixiante regionalismo que ha truncado tantos talentos nacionales.
Luzmila finalmente se desata de los límites que la propia tradición la ataban, de charangos minúsculos y quenas llorosas. Consciente del crecimiento que ha tenido su canto, opta por armar un ensamble instrumental amplio, rico en matices y timbres a través de los cuales logra este canto universal desde su voz nativa. Lo hace con  un  notable cuarteto de músicos franceses que, cuidando la epidermis telúrica vital de su canto, visten las canciones de Luzmila con percusiones provenientes de distintas tierras, con cuerdas de contrabajo y guitarra que nos devuelven a la madera y por tanto a la naturaleza y con flautas corpulentas que transportan al silbido básico del viento armonizado.
Pero es destacable que esta suma de sonoridades planetarias que enriquecen tanto la puesta en escena no quiebran o desvirtúan el arte de Luzmila, su canto sublime y profundo de siempre. Se trata más bien de un ropaje más vasto que le permite el vuelo universal y es posible porque la integridad de los temas son composiciones de Luzmila, con las melodías andinas que le han caracterizado, en el melódico quechua de su vida y las temáticas que le han preocupado y cautivado siempre. Y es que Luzmila sigue siendo la misma, como su canto a la tierra y a la vida, sostenido como siempre por ese aire de arrullo materno con el cual ha conquistado tantísimos auditorios.
Con su soberbio disco Arawi Le Chant a la Terre, de 1993, Luzmila Carpio ofrecía su canto al mundo, lo hacía transportando a Europa las imágenes y el sonido de su comunidad y su tierra. Luego la magia y el trance hipnótico que logra con los públicos fueron registrados en su siguiente disco Live del 94.
En 1999 ese canto cobró mayor amplitud en el disco The Messenger, en el que como fidedigna mensajera de esta parte del mundo, tan bella e ignorada como es el Potosí rural, Luzmila traía al mundo el sonido de sus montañas, sus vientos y sus habitantes. Este magnífico disco se llevó el Diapasón de Oro de Francia.
Tras esos contundentes cantos de tierra, el siguiente paso era un desafío para la cantante, y ya a principios de la siguiente década, Luzmila formó este ensamble con el cual ha logrado abrir nueva senda. El disco Oratorio Andino Amazónico es el registro de un concierto de 2003 y que una década después recién podemos apreciar en el país. Lo cierto es que Luzmila siempre ha estado adelantada a su tiempo y a su espacio, por ello no es de sorprender que su canto hoy busque las estrellas.
El Oratorio Andino  Amazónico trae 10 oraciones desde la belleza y la celebración. Introduce un Arrullo a la Madre Tierra, en la que Luzmila parece cobijar en su pecho al indefenso planeta. Luego sigue El canto a las montañas sagradas del mundo, desde una inefable altura rítmica. El ensamble guiado por la guitarra introduce a La danza para los niños. El diálogo con los animales llega ahora a partir de una percusión ancestral y  donde se suman los otros instrumentos para una fiesta en los árboles. Continúa Pathitan, que ya nos había presentado en su premiado disco The Messenger, como el más tierno canto de una madre a su retoño. Luego las cañas y la percusión se levantan imponentes para El Despertar de los Pueblos, sigue una dulce Oda al Alba con una exquisita combinación de cuerdas. Y si es un canto a la naturaleza no podía faltar un tributo al agua esencial que se derrama de la dulce combinación de la guitarra y la voz de Luzmila. Luego el grupo despliega los más diversos matices y lenguajes en un instrumental Camino a la Armonía. Ya en el cierre de la velada, Luzmila entona El Canto en el templo de la Luna y de las Estrellas,  con el cual parece querer llevarse desde sus trenzas melódicas a todo su auditorio por un viaje etéreo.
Es el Oratorio de Luzmila Carpio exquisito canto de tierra que penetra, se bifurca y se desplaza acercando el firmamento.

Sergio Calero es músico.

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