Latinoamérica en los Premios Forqué

sábado, 17 de enero de 2015 · 18:44
Alfonso Gumucio Dagron
El 12 de enero pasado, durante la gala del XX Premio Cinematográfico José María Forqué, se entregó en Madrid el reconocimiento al Mejor Largometraje Latinoamericano. La película galardonada fue la argentina Relatos Salvajes de Damián Szifron, que también competía en categorías del cine español, por tratarse de una coproducción. Las otras cinco películas finalistas eran  Cantinflas de Sebastián Del Amo (México), Código Paz de Pedro Emmanuel Urrutia (República Dominicana), Hojeeu quero voltarsozinho de Daniel Ribeiro (Brasil), Matar a un hombre de Alejandro Fernández Almendras (Chile) y Mr. Kaplan de Álvaro Brechner (Uruguay, España).
Por sugerencia de Mela Márquez, directora de la Cinemateca Boliviana, fui invitado junto a otros 40 críticos de cine de América Latina y España a visionar y clasificar los seis largometrajes finalistas. La votación consistió en colocar las películas en el orden de preferencia. No estoy seguro de que entre las películas latinoamericanas producidas en 2014 yo hubiera escogido éstas, pero son las que nos propusieron. Lo que sí tengo claro es que mi voto no tuvo influencia en el premio.
Debo reconocer que no sabía nada de los premios Forqué hasta ahora. Solo después de enviar la lista me puse a indagar sobre el evento, una suerte de Golden Globe español, con el mismo formato y con la misma función de predecir el futuro (de los premios Goya, de la misma manera que los Golden Globe son la antesala de los Oscar).
José María Forqué (1923-1995) fue un productor y director de cine español, con cerca de 40 películas en su filmografía, de las cuales ninguna parece haber trascendido, como fue en cambio el caso del cine de Berlanga, Bardem y por supuesto Buñuel. Pero bueno, el caso es que la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales(EGEDA)de España creó hace 20 años el premio con ese nombre y no otro.
Hay varias categorías en el premio Forqué: Premio Mejor Largometraje Español de Ficción, Premio a la Mejor Interpretación Masculina, Premio a la Mejor Interpretación Femenina y Premio al Mejor Largometraje Latinoamericano, sobre el cual me invitaron a opinar.
En las seis películas hay mucho oficio de dirección, interpretación, fotografía, edición, música, etc. Son casi todas de un nivel de ejecución impecable, muy alto, pero eso ya es lo mínimo que uno puede esperar en producciones comerciales respaldadas por un buen presupuesto de producción. Lo que las diferencia, entonces, ya no es la brillantez de la técnica, sino los temas y las historias que nos cuentan para aportar algo a nuestra manera de ver el mundo o acaso sólo para distraer nuestra atención con artificios.
La película ganadora, Relatos salvajes, tiene nueve nominaciones para los premios Goya, a pesar de que no es un largometraje, sino una serie de seis cuentos con una duración total de dos horas. Las historias están narradas de manera brillante, pero no entrelazadas a la manera de las primeras películas del mexicano González Iñárritu.
Estos son cuentos sueltos, que no tienen conexión entre sí, aunque compartan características comunes: historias trágicas y finales sorpresivos. Siento que la película estaba predestinada para este premio, pero como el mecanismo y los resultados de la votación no han sido transparentados, me quedaré con la duda.
Mi preferida es la uruguaya Mr. Kaplan, la historia de un judío-uruguayo septuagenario, que decide darle sentido a su vida un tanto aburrida, persiguiendo a un nazi que se esconde bajo una identidad ficticia. La estrategia que despliega para atrapar al supuesto nazi (que resulta siendo un judío-alemán) está narrada con excelente humor y humanidad, porque en el camino revela las relaciones del personaje con su familia, con los amigos y con la comunidad. Es una producción sin grandilocuencias, pero llena de valores humanos.
En ese mismo registro  se inscribe la brasileña Hojeeu quero voltarsozinho, que describe las relaciones que se tejen entre un adolescente ciego, su amiga íntima de la infancia y un nuevo amigo que entra en su vida para revelar muchas cosas, entre ellas su homosexualidad. En un registro cotidiano que transcurre entre el colegio y la familia, el director y los actores nos permiten profundizar en la psicología de los personajes, sin acudir a un exceso de palabras, pero a través del lenguaje corporal y visual. Es una historia narrada con mucha ternura e identificación con los personajes.
La chilena Matar a un hombre plantea una situación extrema que, sin embargo, se vive en barrios de clase media baja y comunidades urbanas, donde la seguridad es precaria y la ausencia del Estado notoria. El personaje principal, un padre de familia, se ve compelido a eliminar a un truhán del barrio que no cesa de hostigar a familias como la suya, al extremo de que afecta la intimidad y la seguridad física de todos. El dilema interno de "matar a un hombre” está muy bien contado. Esta es una película nocturna, angustiante, en la cual  lo sobresaliente no es cómo se desarrollan los hechos, sino cómo se maneja el conflicto que convierte a un buen hombre de familia, sencillo y trabajador, en un asesino.
Las tres películas anteriores son a mi juicio importantes porque plantean  dramas humanos verosímiles y lo hacen con mucha delicadeza, compasión y acierto.
En otro registro está Cantinflas, que abarca un periodo de la vida del gran cómico mexicano, cuando Hollywood lo invita a participar en una producción gigantesca y de potencial taquillero: La vuelta al mundo en 80 días. Esta es una producción convencional que muestra los orígenes humildes de Mario Moreno y resalta los rasgos de su personalidad que lo llevan al lugar que ocupó en la cinematografía latinoamericana, pero además tiene la virtud de revelar aspectos menos conocidos, como su lucha contra los mafiosos sindicatos del cine mexicano y la interesante relación que establece con el productor Michael Todd.
Dejo para el final la dominicana Código Paz, una película de acción, tan violenta como vacía de contenido, aunque utilice como coartada la corrupción policial, empresarial y política. Aquí, a diferencia de las anteriores, las actuaciones son pésimas, de telenovela, y la banda sonora espantosa.

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