El mural del músico en Brixton se convierte en santuario para un ícono

Bailes, cantos y flores para despedir a David Bowie

Miles de fans de todas las generaciones y varios países continúan llegando a este rincón del sur de Londres para rendir homenaje al legendario artista.
miércoles, 13 de enero de 2016 · 00:00
 AFP  / Londres

A los pies de un colorido fresco que representa el rostro de David Bowie en Brixton (sur de Londres), admiradores de todas las generaciones y de muchos países desfilaban el lunes para dar el último adiós a su ídolo. "Todo el mundo lo quería. Es un día de tristeza”, aseguró Julia, vecina de este barrio popular en vías de transformación urbana donde Bowie nació hace 69 años.

Desde el anuncio de su muerte, decenas de seguidores han depositado flores ante el mural realizado sobre la pared de un supermercado en Tunstall Road por el artista australiano Jimmy C. (James Cochran), inspirado en el álbum Thin White Duke. Y al ritmo de una guitarra, cantando Space Oddity o bailando, más de 2.000 emocionados fans transformaban en una verdadera discoteca a cielo abierto durante la tarde una plaza del barrio, frente a la centenaria sala de cine Ritzy. En su fachada se podía leer: "David Bowie, nuestro chico de Brixton. RIP” (Descanse en paz).

Muchos iban maquillados como Ziggy Stardust, su alter ego creado en 1969, una estrella del rock alienígena bisexual que contribuyó a cambiar las percepciones sobre género y sexualidad en un país que a finales de la década de los años 60 todavía era relativamente conservador. En una entrevista de 1972, Bowie anunció que era gay. "Y siempre lo he sido”, añadió, pese a que en ese momento estaba casado con una mujer. "Él representa mi juventud, el desafío a los estereotipos sobre el sexo. Para los gays, era una luz que nos guiaba y nos daba esperanza”, afirmó Charlie Rice, de 66 años.

La ambigüedad sexual fue uno de los temas recurrentes de las canciones de David Bowie, personaje de mil rostros que no dudaba en disfrazarse y cultivaba una imagen andrógina, teatral, en permanente juego entre lo masculino y lo femenino.

Planeta Bowie
Ante la afluencia de gente, la policía cortó la circulación en una calle adyacente y una muchedumbre de seguidores cantaban, se subían a las cabinas telefónicas y elevaban sus copas al cielo para terminar la metamorfosis del barrio en el planeta Bowie. "No creo que exista otro músico en el mundo que pueda congregar esta muchedumbre de tantas generaciones diferentes. Sólo llega una vez en la vida. Habría sido estúpido perderse esto”, confesó Dan Hunt, de 28 años.

La estrella es uno de los raros artistas que logró traspasar las fronteras de la edad entre sus fans. Nydia, escritora británica de 45 años, depositaba durante la mañana flores entre lágrimas y volvía a encender las velas que se apagaban. "Lo era todo para mí. Influyó mucho en mi vida desde los 11 años. Si no hubiera tenido a David Bowie como héroe, probablemente jamás me habría hecho artista”, aseguraba.

Clare Ronai, contable de 35 años, también trajo flores junto a su bebé. "Lo descubrí a los 12 o 13 años, cuando todos pensamos que no somos normales. Él nos ayudó en ese periodo”, explicó esta fan que ha vestido a su bebé como el que aparece en Laberinto, la película en la que Bowie interpreta a Jareth, el Rey de los Goblins. "Para mi generación y la de mis padres, es un punto de inflexión”, aseguraba Julian Tung, de 29 años, mientras toma fotos del fresco. Dagmar, grafista de 40 años, es de Brasil. "No era solo su música: eran sus actos, su estilo de vida, lo que representaba para cada uno de nosotros”.
 Regalo de adiós

Escenas similares, entre lágrimas y flores, se repitieron en Estados Unidos, desde Nueva York, donde vivía, hasta Los Ángeles. Georgina Berrozpe, una española de 45 años que vive en el neoyorquino barrio del Soho, se acercó para despedir a un artista que la fascinó desde pequeña y tampoco podía ocultar su "gran tristeza”. "Me enteré por los periódicos. Hemos estado una hora con su música y nos hemos puesto a bailar”, contó frente a la casa de Bowie, donde se acumulaban flores, velas, fotos, portadas de discos y camisetas. Y, en Los Ángeles, purpurina a modo de "polvo de estrellas” de Ziggy Stardust coloreaba la baldosa con el nombre de Bowie en el Hollywood Boulervard.

Allí, Danielle Houde, con lágrimas y una sonrisa, aún no se lo creía. "Mi madre me despertó esta mañana y yo no podía respirar. Compré su nuevo disco hace dos días por su cumpleaños y ahora entiendo todo mejor; era su regalo de adiós para nosotros”.

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