Crónica

Desde la profundidad sueca a las alturas de La Paz

miércoles, 5 de octubre de 2016 · 00:00
Carlos Decker-Molina (*)

Suecia, la dama rubia con ojos de lago y cabellera de trigo, tiene nuevos hermanos, algunos olvidados por la historia como el pueblo originario de los samis, los primos hermanos de la aurora boreal son latinos que cantan con voces disonantes o africanos de las nieves nórdicas y árabes sin desierto, pero con oasis. 

A esa nueva Suecia representará, en la Bienal Internacional de Arte SIART de Bolivia, un grupo de artistas jóvenes con unas obras que carecen de hilo conductor, no hay común denominador, es la expresión libre y a veces crítica de su propia sociedad.

Suecia ha pasado de ser tribu de rubios a sociedad moderna. Los afuerinos, esos seres azuzados por la rapidez del siglo XXI, son sus nuevos hijos. Mezclas irreverentes que han cambiado el estereotipo del ayer. 

El grupo de artistas que envía sus obras a la SIART está formado por Viktor Lizana, Valeria Montti Colque, Kristina Müntzing, Katarina Pirak Sikku, Diana Rönnberg, la medio sami, nacida en Kiruna el norte minero de Suecia, Liselotte Wajstedt y la danesa Marzedes Sturm-Lie.  

El curador es Martin Schibili que me habló de la contribución sueca titulada Deep into the North (En lo profundo del norte).  "Lo importante era lograr una unidad en la diversidad, encontré artistas dispuestos a exponer en un contexto como el paceño”, aseguró. 

Cuando le pregunto si hay un hilo conductor en la contribución sueca, responde negativamente, pero sugiere una cierta consideración al tema de los pueblos originarios de Bolivia, "por eso hay obras de dos artistas de origen sami: Liselotte y Katarina. Otra de las creadoras tiene un especial interés en Bolivia y es Valeria Montti Colque, que trabaja con el tema de los mitos y la ética del suburbio sueco. Y Katarina que toca el vergonzante tema de la biología racial. La Suecia oficial maltrató a miles de personas, sobre todo al pueblo sami”.

Martin Schibli considera que SIART es un reto importante y aún más porque se lleve a cabo en Bolivia, un "país con injusticias sociales y económicas. Sociedad compleja, pesimista a instantes.
 
En ese contexto, el arte tiene una gran importancia. La historia heredada es tan compleja que no puede expresarse sólo con palabras, el arte surge como un idioma alternativo”.

"No me gusta trabajar en lugares ‘seguros’ como Suecia donde el arte, a veces, se transforma en entretenimiento tanto para el que produce como para que el contempla”, me dice y agrega con énfasis: "El arte tiene un significado más importante en sociedades en conflicto como la boliviana”.

Los artistas suecos que participan en la SIART han expuesto decenas de veces en ciudades como Berlín, Londres, Viena, Nueva York y otras capitales. Muchos de ellos son especialistas en multimedia. Artistas nómadas que trabajan y viven en diferentes ciudades europeas, todos académicos formados en diferentes escuelas de Europa.

Martin Shibili, curador de la muestra sueca en La Paz, es de origen alemán, trabaja como director artístico del Salón de Arte de la ciudad de Växjö. A tiempo de despedirnos ponderó la labor de la fundación que dirige Joaquín Sánchez. Y me confesó tener un mayor apego a trabajar en los llamados países de la periferia porque el arte se puede convertir en una necesidad.

(*) Es periodista y escritor boliviano  radicado 
en Suecia. 

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