Álex Ayala retrata la muerte desde lo cotidiano en un libro

El periodista y cronista español Álex Ayala cuenta cómo nació su más reciente proyecto trabajo Rigor mortis. La presentación será hoy, en la Cinemateca Boliviana.
miércoles, 14 de diciembre de 2016 · 01:44
Anahí Cazas  / La Paz

"Como suele pasar con todos los proyectos grandes, Rigor mortis. La normalidad es la muerte es el fruto de una obsesión, de una que me persiguió sin darme tregua. En 2002, en los Yungas, en el  norte de  La Paz, conocí a un viejito que vivía con su ataúd en casa, que decía que no quería dar complicaciones a sus hijos cuando le tocara ser alimento de la gusanera”. 

Con esas palabras, el periodista y cronista español  Álex Ayala cuenta cómo nació su más reciente proyecto:  el libro Rigor mortis. La normalidad es la muerte,  editado por El Cuervo. La presentación se realizará hoy, a las 19:00, en la Cinemateca Boliviana.

  Cuando Ayala conoció al anciano, el periodista escribió un pequeño relato sobre este personaje.
 
"Yo era un periodista sin experiencia que recién comenzaba y mi texto cojeaba por todo lado.
 
Tras aquel encuentro, no pude dejar de pensar en aquel personaje. Y tampoco sacarme su particular historia de la cabeza”, contó Ayala,  quien  llegó a Bolivia con una beca.

Años después, por casualidad, se  topó  con una de  las  hijas del anciano  y decidió  que era el momento de retomar el hilo de aquel relato. El anciano, llamado Raúl, no sólo había compartido espacio durante años con un féretro de madera. "En su juventud  había plantado un árbol para que un carpintero le armara el cajón ideal para reposar en el cementerio. Y, además, tenía un armario con la ropa que debían ponerle en su entierro. ¿Por qué prepararlo todo con tanta anticipación? ¿Algo lo mortificaba?”, contó el cronista. Y  así, con la idea de buscar respuestas a esas  interrogantes, Ayala empezó una nueva aventura periodística.

  Su deseo por continuar con este proyecto se reforzó cuando hizo un nuevo viaje. "Meses después de comenzar a hacerme esas preguntas, tuve la oportunidad de visitar Pampa Grande, una aldea cercana a la frontera de Bolivia con Argentina que está casi incomunicada.  En el transcurso de aquella aventura  me crucé con una "ambulancia humana”, es decir, con un grupo de hombres que avanzaba al trote cargando una camilla con un enfermo de próstata encima”, contó.  "Algunos de los voluntariosos campesinos pensaban que éste no llegaría al hospital vivo.
 
Decían que lo que les mataba allá era la ausencia de buenos caminos”, dijo el cronista, quien  el  año pasado publicó el  libro   La vida de las cosas, en el que explora la obsesión del ser humano por determinados  objetos. 

Entonces, descubrió más interrogantes, como ¿cómo es el día a día en un sitio donde la muerte pende como una espada de Damocles?  y ¿alguien vela por los que malviven alejados del mundo que conocemos?  "La muerte es un destino lógico e inevitable. Forma parte de nuestras rutinas y de nuestras preocupaciones: compramos una vivienda y ahorramos plata para dejarles un legado a nuestros hijos. Y mantenemos la memoria de nuestros seres queridos como una forma de que no se marchen del todo. La muerte implica duelo, superstición, dolor y nostalgia. Es casi omnipresente. Sin embargo, casi nunca pensamos en ella”, dijo.  

 En el libro, Ayala también  respondió  preguntas como  ¿qué ocurre cuando es un perro el que pierde al dueño y no el dueño el que pierde al perro? ¿Con qué música despedimos a nuestros difuntos? ¿Existe la adicción a los velorios? ¿Por qué antaño existía la costumbre de tomar una foto a los fallecidos? y  ¿cómo se convierte la víctima de un horrendo crimen en "santa” de narcos y maleantes?, entre  otras.

  "El libro ha tratado de dar respuestas a éstas y otras preguntas a través de historias mínimas. Es un retrato de la muerte desde la cotidianidad. Un viaje repleto de momentos íntimos”, finalizó  Ayala.

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