Tenía... Lo que se dice

sábado, 3 de diciembre de 2016 · 00:00
Óscar García / La Paz

Ahí en la fila, en la que se ve a un montón de personas portando los más disímiles recipientes para recibir agua, están tramando algo. Ya que están en la fila, de algo más que del desastre múltiple hay que hablar. Múltiple, claro porque son múltiples factores que a lo mejor se concentran en la cabeza y en las decisiones de quienes cobran por hacer un trabajo que jamás hicieron puesto que sus ocupaciones son más bien de carácter adulatorio y de presunciones.

 Presunciones de saber lo que no se sabe, de parecer lo que no se es, de tener el cuerpo que no se tiene, de estar haciendo funcionar sinapsis que no funcionan, de poseer automotores proporcionalmente más grandes que las bondades naturales, haber leído más tapas de libros que la media, haber vestido overol para la foto y por último, haber comido con los sectores desposeídos, una pasankalla. Múltiple el desastre porque al cambio climático en marcha desde hace muchos años por el cual y a favor del mismo los países poderosos, no los de la isla de la fantasía, actúan imbuidos por el espíritu de la teoría de juegos, conocida como el "dilema del prisionero” que consiste en asumir la traición como opción primera, y obtener gracias a esta actitud, castigos equilibrados para el poder, castigo múltiple y agravado, para el resto de los seres que sostienen a esos poderes. Resulta al menos paradójico que los elegidos sean luego los verdugos. 

Es que al parecer el mal menor, la democracia, se ha convertido en un perfecto pretexto en manos de un anónimo e insulso soberano, que justifica toda barbarie, toda delincuencia, todo abuso, todo circo, toda ostentación, toda impostura, toda farsa, todo latrocinio, de parte los elegidos del día. Que rotarán, en el mejor de los casos, y en el peor, harán todas las maniobras legales o no, para mantener los privilegios hasta que la soga y el farol les toque. 

Aquí, allá, más allá. Funciona así. Pero no es un consuelo. No sirven esa clase de consuelos, para nada. No sirve decir, es que en la otra calle también han violado a una niña, por lo tanto no es tan grave si ha ocurrido en ésta cuadra. No es un consuelo decir, es que antes, cuando en este mundo vivían los dinosaurios, se mataban más entre ellos, así que no es gran cosa. No es consuelo pensar que hace no se sabe cuántos años, pero pocos, se robaba más, pero se hacían pescar menos. No es consuelo saber que antes se creaba menos y ahora se crea más cuando en verdad antes se re creaba más y ahora se repite más, modelos que alguna vez fueron exitosos. 

En todos los campos. Se publica más, se expone más, se habla más, se graba más, se filma más, se hacen más discursos. Las relevancias son menores. Hay también más iglesias, más sectas, más chifas, más ropa usada, más basura, más traiciones. Menos árboles, menos ríos, menos lealtades, menos amor, en el sentido menos romántico y televisivo. Hay más de ordinario y menos de fino en el entendido en que la calidad, del pensamiento y de las emociones hacen a la finura y el desprecio por la vida y el entorno, hacen a lo ordinario y a la vileza. Hay más, y no hay por ello, una relación entre porque haya más, todo sea mejor. Pasa al revés. En las artes y en el pensamiento y en las acciones, menos, es más.

En la fila hay conversaciones escuetas y contundentes. Se habla de religión y se mezcla el tema con asuntos de gastronomía y de salud. Y en ocasiones, de deporte. De política se habla poco porque intuitivamente las gentes saben que todo acto y toda palabra es parte del ser político, que no es el mismo ser que el que hace de la política su modo de vivir, es como cuando un sujeto decide salir a robar autopartes y hacer de ello su principal fuente de ingreso. Es parecida, no la forma, la decisión.

En la fila hay desasosiego pero se combate con paracetamol, el remedio más eficaz repartido en los centros de salud pública en los que se ha convertido ya en un mito que lo cura todo. Se ha sabido de un paciente con un tumor imposible en el cerebro, que necesitaba con urgencia una intervención quirúrgica, que sanó milagrosamente con la ingestión de tres paracetamoles al día, uno después de cada comida. Y todo a raíz de que el neurocirujano, que despertó un buen lunes con el deseo de ser neurocirujano, pues se trataba de un contador en realidad que fue contratado como neurocirujano por cumplir con requisitos que un profesional no pudo. Por ejemplo, tener como fuente principal de razonamiento, el razonamiento estúpido. En la fila se habla de estas y de otras cosas, como de moda. Está de moda la muerte absurda y la música sin música.

 


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