Debbie Reynolds, la estrella de los años dorados de Hollywood

Fue protagonista de Cantando bajo la lluvia, considerado el mejor musical de la historia por el Instituto Americano de Cine. Murió un día después del fallecimiento de su hija Carrie Fisher.
viernes, 30 de diciembre de 2016 · 00:00
AFP  / Los Ángeles 

 Famosa por Cantando bajo la lluvia y la escandalosa traición que acabó con su matrimonio, la leyenda Debbie Reynolds murió el  miércoles, un día después del fallecimiento de su hija Carrie Fisher,  que encarnó la legendaria princesa Leia en La guerra de las galaxias. 

La estrella de los años dorados de Hollywood, que actuó en unas 30 películas entre 1950 y 1967,   cautivó a las audiencias por primera vez en 1952 con su actuación en Cantando bajo la lluvia, que protagonizó con Gene Kelly a pesar de no ser bailarina profesional.    

Nacida bajo el nombre de Mary Frances Reynolds el 1 de abril de 1932 en  Texas, fue la segunda hija de Raymond Francis Reynolds, un carpintero de vías ferroviarias, y de su esposa Maxine.
 
Los estudios MGM de Hollywood la descubrieron después de ganar un concurso de belleza a los 16 años en California. Le tocaron por lo general papeles en los que interpretaba una heroína joven y sana. 

Actuó en Two Weeks With Love (1950) y Tammy and the Bachelor (1957), las primeras de una serie de filmes juveniles. Su papel en La inconquistable Molly Brown de 1964 le valió una nominación al Oscar. 
 
Fuera de la pantalla, Reynolds protagonizó un drama de película. Estuvo brevemente casada con el padre de Carrie, el cantante Eddie Fisher. El matrimonio acabó cuando el intérprete dejó a la actriz para correr a los brazos de su mejor amiga, el ícono Elizabeth Taylor, en que fue considerado el escándalo del siglo XX en la década de 1950.  Su separación no hizo sino aumentar su fama.

 Protagonizó Cómo atrapar a un marido con Tony Randall, una de las cuatro películas en las que actuó en 1959. También actuó en Broadway y ganó un Tony por su participación en Irene a comienzos de los años  70. Para mantener a su familia, aceptó trabajos en Las Vegas, donde tuvo su propio casino que albergó su extensa colección de recuerdos hasta su clausura en 1997.
 
Fisher no fue el único hombre en la vida de Reynolds, que en alguna entrevista dijo que era mejor eligiendo restaurantes que maridos. Su segundo esposo, el magnate de los zapatos Harry Karl, apostó la mayoría de sus ahorros, y del tercero, el empresario inmobiliario Richard Hamlett, se divorció en 1996.

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