El boliviano Alfonso Bilbao fue gestor de la edición en lengua originaria

“Era una gran deuda pendiente traducir Platero y yo al quechua”

El libro del Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez, fue editado en España. Su traducción estuvo a cargo de Tito Tórrez. Se presentó en Cochabamba y en La Paz.
martes, 23 de febrero de 2016 · 00:00
Anahí Cazas  / La Paz

La primera vez que el boliviano  Alfonso Bilbao leyó  el libro Platero y yo, del poeta español Juan Ramón Jiménez (1881-1958),  quedó impactado. Estaba en colegio y  un profesor le regaló la obra en tapa dura. "Era una edición muy preciosa con ilustraciones. Era el regalo de un gran amigo”, recuerda.    

Hoy, después de varios años,  Bilbao es  el  impulsor  de  la primera  edición en quechua de Platero y yo. "El título   en quechua es muy hermoso. Tiene armonía poética”, dice  y lee: "Qullqicha ñuqa ima”.

Bilbao es médico y gestor cultural. Radica en  Huelva (España), la  tierra  del autor  de la  emblemática historia del burrito Platero. Casi siempre viaja a Bolivia   por  vacaciones. Pero, en esta ocasión, el gestor, acompañado de la diputada de Huelva, Laura Martín,  volvió la anterior semana al país  para presentar la edición en quechua del libro    en Cochabamba y La Paz.

La obra fue  publicada gracias al apoyo de las  universidades  Huelva y Andalucía. Además,  al proyecto se unieron instituciones públicas y privadas  españolas como  la Diputación  de Huelva y  la Fundación Juan Ramón Jiménez, entre otros. Y de Bolivia,  se recibió el apoyo  de BoA que ha ayudado en el traslado de los ejemplares, que serán distribuidos en escuelas  y universidades de Bolivia.

El libro incluye la versión en español de la edición centenario de Platero y yo, la traducción de la obra al quechua y un audiolibro leído en ese idioma nativo.   

¿Cómo ha surgido  la iniciativa  de impulsar la primera edición en quechua de Platero y yo?

Soy boliviano y vivo hace 27 años en España. Siempre he venido de vacaciones y nunca he perdido el contacto con el país. De hecho, siempre he dicho que me he llevado el país en mis maletas y sigo siendo boliviano allá donde vaya.

Entonces, en 2006, en una vacación en Cochabamba, me he reunido con unos amigos  y hablamos sobre el resurgimiento de las culturas autóctonas. Me pareció excelente que ocurra este fenómeno porque son nuestras raíces. Y, entonces,   decidimos entre unos amigos  emprender el proyecto y aprovechar que yo vivo en Huelva, la patria chica del poeta español  Juan Ramón Jiménez.  Tenía algunos contactos con su fundación y la casa museo.

Entonces, les propuse traducir Platero y yo al quechua. Y les ha encantado la idea.

¿Cuánto ha durado  la elaboración del proyecto?

Desde buscar el financiamiento hasta la publicación nos ha obligado a tardar algunos años. Se ha tardado más en buscar a la persona idónea  en el uso del idioma quechua, lo más puro posible. Los primeros intentos que  realizamos de la traducción no fueron satisfactorios. Yo notaba que había demasiada palabra  introducida del español al quechua. Y no me ha gustado mucho.  Finalmente, con el apoyo de algunos  amigos, como Claudio Quiroga y Efraín Valdez, encontramos  a la persona indicada. Se  trata de Tito Tórrez Fernández, quien ha traducido  la Constitución Política del Estado de Bolivia  al quechua.

¿Cómo ha sido el proceso  para traducir el libro al quechua?

Mandé la edición centenaria de Platero y yo a Cochabamba. Y le dije a Tito Tórrez Fernández que la traducción tenía que ser trabajada a partir de ese ejemplar porque era una edición perfecta.  

Tito me mandaba capítulos traducidos y  yo los enviaba a profesores de quechua  para que ellos traduzcan los textos al español.  El resultado ha sido una gran sorpresa  porque la traducción se asemejaba a la obra de Juan Ramón Jiménez y además tenía matices propios del quechua que eran magníficos.  Lo cual me ha convencido a mí de una cosa que había escuchado hace años, que  era que el quechua es una lengua muy dulce y con vocación poética. Entonces, la idea de escoger  para la traducción al quechua de una obra de prosa poética como la de Juan Ramón Jiménez ha sido un acierto.

La obra Platero y yo se ha editado en varios idiomas. ¿Por qué  considera que era importante editarla en quechua?
Platero y yo es una obra universal que estaba editada  en 49 idiomas, la traducción al quechua es la número 50.

Evidentemente, eso demuestra que es una obra  importante de la literatura  universal.    Se ha elegido el quechua por una cuestión de cercanía, cuando llegó de vacación visitó  Cochabamba,  y por esa razón, he decidido hacerlo en quechua.  Además, era una deuda pendiente con las lenguas originarias de Bolivia.

¿Qué características tiene la edición en quechua de la obra de Juan Ramón Jiménez?


Tiene características muy propias que la hacen una. De hecho, en España fue calificada como una joya bibliográfica porque es una edición bilingüe.  Tiene una versión en quechua y español. La persona que la quiera  leer en quechua tiene  también el texto en español. Además, la obra incluye de un audiolibro, es decir la obra entera grabada en  este idioma indígena. Es una maravilla pedagógica para captar la fonética del quechua. También, tiene ilustraciones que están plasmadas por  el pintor boliviano Darío Antezana. Las imágenes  tienen figuras y detalles con  paisajes  del  país y con un toque boliviano.

En las redes sociales se ha criticado a la Gobernación de Cochabamba porque lo confundieron con Juan Ramón Jiménez ¿Qué dice al respecto?

Es un honor. No soy premio Nobel, pero aunque noble quiero ser siempre.

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