Contante y sonante

Aprestos de antes del agua

sábado, 6 de febrero de 2016 · 00:00
Óscar García / La Paz

Y la banda largó con la épica marcha haciendo que el pueblo infle los pechos como el mayor globo aerostático de la región. Los uniformes de la banda eran impecables, luminosos, lustrosos con ese brillo que solo el paso del tiempo le da a las solapas, mitad grasa, mitad plancha. La banda largó con volumen de majestuosidad, con calma, con profundidad.

Todas las autoridades presentes en el desfile esperaron ante el sol inclemente durante el tiempo que tardó un polluelo en salir de su humilde huevo. En realidad, del cascarón ya que polluelo y huevo son la misma cosa en tiempos diferenciados.

En los alrededores de la plaza principal se agolpaban cientos, si no miles de ciudadanos perfectamente uniformados. Ya sea con camisas en cuya parte que le corresponde al corazón tenían logotipos, escarapelas, marcas de automóviles, de pollos fritos, de cigarrillos, de bebidas espirituosas, del gobierno departamental, del Vasco da Gama y más. Había vendedoras de diversos jugos de fruta haciendo con las manos todo tipo de gesticulaciones para abrirse paso entre la muchedumbre. Empujones, gritos, pasadas de mano, sudores en múltiples variantes y peinados plurifashion. Igual que para Carnaval. Parece todo el tiempo Carnaval. Disfraces para toda ocasión hay. Unos meses de seriedad y competencia, otros de anarquía, unos con estrella en la frente y otros con la mente estrellada. Hay un exuberante fervor para cumplir con las colectividades, pero no para comprometerse.

Niños sufriendo lo caliente del clima y la mirada amenazante del tutor de turno jugaban a lo que sea. Unos piedra papel tijera otros "as tomarás”. Algunos a la silla, otros al calzón sucio. Unas niñas a la casita, unos niños a que los expulsaban de la casita.

De rato en rato un par de aviones rugientes cruzaba el cielo con ese sonido estirado y grave que solía escucharse en los tiempos de los golpes para amedrentar a las gentes de la ciudad. En este caso tenían el propósito de levantar el asunto de orgullo patriótico y de autoestima colectiva. Un par de aviones con dientes, de la época de los años 70. Y ante cada paso de los aeroplanos   se oía como una ola de voces en sentido ascendente primero y descendente luego. Algo como uuuuuUUUUuuuuu.

Y luego detonaciones de toda índole. Desde cohetillos  de Año Nuevo hasta buscapiques. La plaza principal como escenario de una celebración dionisíaca, como la fiesta general indefinida que se proclamó el mismo día de la independencia sin necesidad de decreto alguno. Bastó una mirada para emprender con el festejo que sería luego como una de las tradiciones imposibles de cambiarse aun cuando este territorio volviera a crearse a partir de una costilla de Adán. No faltan quienes atribuyen la creación de estas tierras en verdad a una cosquilla de Adán y a su profusa risa, después.

Así la fiesta, así las gentes.

Había en el centro de la plaza unos arreglos florares en forma de bandera,  unos y otros en forma de osito y de lagarto. Vistosos y coloridos, con aroma de jazmines y de gladiolos y de azucenas.

Una mujer daba vueltas alrededor de los arreglos despotricando contra una de las banderas, haciendo ademanes difíciles de reproducir  con palabras aunque se hará el intento. Entre los ademanes más curiosos había uno que consistía en empujar con un brazo al otro, a la altura del codo. Con un leve empujón primero y luego con un acentuado impulso hacia arriba o que daba como resultado no pocos sonidos de admiración y perplejidad de los transeúntes en las cercanías. Hasta las palomas, que no tenían nada más que hacer que repartir parásitos a lo largo y ancho de la plaza, se levantaban en ágil vuelo para volver en segundos a su posición original de bicho pedigüeño.

Banderitas iban y venían pero no solas sino que acompañadas de su mano amiga. Su mano amiga no era un Banco privado ni mucho menos, era concretamente una mano amiga que llevaba a la banderita a pasear para familiarizarse con un día tan especial y tan efeméride como el que se relata.

Y la banda largó tras el anuncio de insigne autoridad.

"El increíble y fastuoso desfile de hoy, para conmemorar los no sé cuántos años de vida de nuestra ciudad flanqueada por los astros y la fortuna, dará comienzo con el ingreso de la banda más poderosa de nuestra fuerza aérea, vestida de azul, como la camiseta alterna de la selección brasileña…”. Una ovación cerró el anuncio, una ovación larga como el suspiro que dio la protagonista de Lo que el viento se llevó cuando supo que la película recaudó más de lo esperado en el día del estreno.

Y la banda largó, a 120 golpes por minuto, con prestancia. Con absoluta seguridad y majestuosa, tocando las notas más patrióticas y poderosas de la película Star Wars. Y el pueblo, ungido de patria, se lanzó detrás a marchar por los ideales irrevocables e irrenunciables de los altos intereses de un país en vías de la descolonización mental.

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