El actor Luis Bredow rechaza el Premio Eduardo Abaroa

El artista, quien renuncia al galardón a través de una carta, realiza varias críticas a la gestión del Ministerio de Culturas en cuanto al teatro y al cine bolivianos.
domingo, 20 de marzo de 2016 · 00:00
Anahí Cazas  / La Paz

El actor orureño de teatro Luis Bredow ha rechazado el  Premio Eduardo Abaroa 2015  en la  categoría Actor Audiovisual. El galardón se lo había concedido  el martes  el Ministerio de  Culturas y Turismo. 
 
"He sido informado por ustedes y la prensa sobre que el jurado del Premio Eduardo Abaroa 2015 me ha designado Mejor Actor masculino por mi trabajo en la película Olvidados.  Valoro mucho la opinión del jurado y desearía agradecer personalmente a cada uno de sus miembros por haber considerado mi trabajo digno de encomio. Sin embargo, he decidido no aceptar el Premio Eduardo Abaroa”, explica Bredow a través  de una carta enviada el 18 de marzo    a la Unidad Ejecutora del Premio Eduardo Abaroa 2015 del Ministerio de Culturas.   
 
El actor, nacido en Oruro en 1947, detalla  los motivos que lo obligaron a renunciar al galardón.  
 
"Temo y lamento que mi decisión pueda ser considerada como una expresión de altanería y, para evitar ese extremo, me veo obligado a puntualizar que yo no postulé a este Premio”, dice  el artista que  trabajó con los grupos de teatro Tiempo, junto a Rosmery Canedo, y con el grupo El Arlequín, de Mabel Rivera.
 
Bredow aclara  además que él no se ha postulado al premio y que incluso cuando   un miembro de la  unidad ejecutora del certamen le informó en  febrero que el Ministerio de Culturas  lo había postulado de oficio, él    le comunicó su intención de no recibir  la distinción y le pidió que informara su decisión  al jurado del premio. "Con ese pedido deseaba evitar al ministerio el ligero bochorno de un rechazo y ahorrarme el peligro de mostrar públicamente una actitud que pudiera ser considerada insolente. Sin embargo, el ministerio no interrumpió su gestión y anunció públicamente mi nombre como ganador del premio”, explica.
 
El martes pasado, el  Ministerio de Culturas reveló  la lista de los 108  ganadores de la cuarta versión del Premio Plurinacional Eduardo Abaroa -en modalidad de concurso-, entre ellos Bredow. Fue elegido por su  actuación en
Olvidados, una cinta sobre  el Plan Cóndor. El filme fue dirigido por Carlos Bolado y producido por Carla Ortiz, quien  también es premiada en el certamen.   
 
Según el actor,    esta situación  lo obliga a compartir de forma  pública    los motivos que  tiene para  no recibir el galardón. "Una razón importante es que el premio que se me otorga no es totalmente merecido, pues el cine es un arte colectivo y ningún actor puede recoger para sí mismo el fruto de un trabajo que ha sido realizado con la indispensable colaboración de muchas personas. Si el Premio Eduardo Abaroa extendiera premios para los otros profesionales del cine, esta objeción sería innecesaria”, dice.
 
"La principal razón, sin embargo, es la obligación que tengo conmigo de conservar la libertad de expresar mi opinión y de no comprometerla por la gratitud que le debería al Ministerio de Culturas. Libre, puedo ahora cumplir con un deber que valoro mucho, pues es el que me impone mi dependencia respecto de los cineastas y teatristas bolivianos y mi compromiso con nuestras aspiraciones y proyectos”, añade.
 
El  intérprete  realiza además  varias críticas  a la  gestión  del Ministerio de Culturas en cuanto se refiere al teatro y al cine bolivianos.  "Estas no son críticas antojadizas de un comedido, sino las de una persona que está en el deber de expresarlas. En efecto, los actos u omisiones del Ministerio de Culturas influyen poderosamente sobre la calidad y extensión de mi trabajo profesional y del de todos mis colegas cineastas y teatristas”.
 
Entre una de sus primeras críticas  detalla que desde el año 2005 el Ministerio de Culturas no ha llegado a desarrollar una política pública con objetivos concretos y de largo alcance, con un presupuesto adecuado y una ejecución participativa para fortalecer el trabajo de los cineastas y teatristas de Bolivia. De hecho, según el actor, esta falencia debilita a todas las artes bolivianas, pues ninguna cuenta con una estrategia estatal para impulsar su desarrollo.
 
Otra de las principales observaciones de Bredow es que los  apoyos que el Ministerio de Culturas ha dado a proyectos teatrales y cinematográficos y a los de otras artes han sido otorgados desde la arbitrariedad de los funcionarios de ese despacho, sobre la base de "criterios opacos”. "Al favorecer a unos y desdeñar a otros, el ministerio ha debilitado la solidaridad que debiera existir en las colectividades de artistas y ha afectado su capacidad de proponer y reclamar políticas públicas. Consecuentemente, el ministerio ha disminuido también su capacidad de recibir retroalimentación”.
 
Este proceder, según el actor,  "ha llevado también al ministerio a realizar gastos dispendiosos, con efectos de corto plazo, sin sostenibilidad y alejados de los intereses y verdaderas necesidades de las artes.  Aunque es justo reconocer algunos aciertos, como por ejemplo la conservación, restauración y recuperación de obras de arte patrimoniales, la gestión del ministerio prefirió  desdeñar las artes de todos los bolivianos para invertir cuantiosos recursos en la apuesta de impulsar una revolución cultural que se propuso construir una nueva protocultura indígena diseñada como respuesta a los tiempos postapocalípticos de Occidente”. "Las expresiones más osadas de esta revolución cultural fueron los rituales en Tiwanaku y el Dakar. A la hora de evaluar el efecto que esos inmensos rituales tuvieron sobre la cultura boliviana, el ministerio olvidó su calidad revolucionaria y prefirió mostrar cifras cuantitativas de la cantidad de turistas atraídos, que, por cierto, fueron cuantiosos…”, añade.
 
Según el artista, todas estas falencias y prácticas muestran un despacho ministerial que durante más de 10 años se distrajo de su verdadera obligación de canalizar los recursos del Estado para fortalecer las artes bolivianas.
 
"Hoy, si el ministerio quisiera remediar ese olvido, tendría que decidirse por respetar las artes que producen las culturas bolivianas y evitar hacer uso de ellas como instrumentos de propaganda, y respetar también a sus cultores evitando reunirlos en camarillas obedientes a prebendas o en una pacífica ‘base social’”.
 
En la carta, el artista también sugiere al  Ministerio de Culturas prestar oídos a algunas de las demandas de teatristas y cineastas, que ya han sido expuestas ante ese despacho.  Una de ellas es la creación de  un sistema que aliente a la sociedad civil organizada, a los ciudadanos y a la empresa privada a prestar apoyo financiero a proyectos de cine, teatro y a otras formas de creación artística.
 
Otras de sus sugerencias es "remediar definitivamente un contencioso entre el Estado y algunos cineastas que data desde hace 25 años y que, según el ministerio, obstaculiza la creación de una política pública para el cine”.
 
"En los hechos, este contencioso está castigando a toda una nueva generación de cineastas por un improcedente ‘pecado original’ cometido por una generación anterior y por un antiguo gobierno”, dice.
 
En la carta también sugiere  elaborar, promover y gestionar -con la participación de todos los cineastas bolivianos- una nueva  Ley del Cine. Además, demanda  fortalecer y respetar la Cinemateca Boliviana y el Conacine, tomando las medidas necesarias para que estas dos instituciones puedan cumplir todos sus objetivos.
 
Otra de sus sugerencias es asegurar la participación del teatro y la danza boliviana en el programa Iberescena para abrir la posibilidad  a las  artes escénicas de interactuar con las de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay, y acceder así a posibilidades de difusión regional, capacitaciones, coproducciones y otras sinergias.
 
Además, Bredow propone  elaborar un programa de creación de salas -públicas y privadas- para espectáculos de teatro y/o cine en el país, y para fortalecer las salas privadas existentes.  Y también  el actor demanda: "Diseñar una ley del artista que tome en cuenta la precariedad de empleo a la que los artistas estamos sometidos y que nos permita acceder a los beneficios de la Seguridad Social, como a cualquier trabajador”. 
 
"Para comprender cabalmente estas demandas, es necesario considerar que los artistas no somos un gremio, ni un partido político, ni un sector o clase social que desea que el Estado favorezca a sus intereses o les otorgue alguna preeminencia sobre otros ciudadanos”, sostiene.

Confidencial

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