Reseña

76

martes, 12 de abril de 2016 · 00:00
Christian Jiménez Kanahuaty

Félix Bruzzone ha logrado con la colección de cuentos 76 un punto de no retorno en la literatura sobre la dictadura. 76, libro de cuentos editado por Momofuku, apuesta por una escritura limpia, pero detonante de recuerdos y politizada.

Una escritura que es capaz de ir más allá de la memoria, el olvido, los recuerdos y los discursos políticos y generar sentidos de pertenencia y resonancia con las historias narradas. Las localiza en un contexto específico, pero al hacerlo, al leerlas, uno, en tanto lector, puede traer esas historias a otras latitudes y entender que la narrativa en formato de cuento aún es lo suficientemente dúctil como para explorar aquello que sólo se pensaba que era propiedad de la novela total. 
 
Los cuentos de Bruzzone  son quizá cuentos que rozan lo cotidiano y hablan de aquello que dejó la dictadura, pero también de cómo se recompone el lazo social y cómo es que la memoria funciona como catalizador de una identidad. Identidad que para el caso de Bruzzone no está perdida sino que se recontextualiza según otros artefactos y actividades que los mismos personajes de Bruzzone, lejos de todo alarde performático, realizan para seguir adelante con sus vidas. 
 
No son vidas rotas, aunque sí, hay fragilidad en ellas. Y puede ser que sean las vidas lloradas, de las cuales nos habla Judith Butler, pero también  hay un momento en casi todos los cuentos, en que el llanto que está flotando en todas las acciones  se evapora y queda, una imagen o un destello de futuro en el que se puede recomenzar la vida.
 
Quizá, más allá de la particularidad de este libro, la apuesta de 76 se dé en una disputa por lo que la literatura quiere o no decir, y lo que está dispuesta a nombrar.
 
Hay cierta idea de que la literatura debe contar cosas mínimas y aquellas que están ejecutadas solamente por personas que se enfrentan a sus propias dudas y sus indecisiones sexuales, amorosas, o laborales; según el caso y aunque esto de por sí es una acción política de franquear un límite entre lo que se quiere y no quiere escribirse, lo que hace Bruzzone, es politizar el discurso literario y poner al centro de las historias una memoria histórica política regional que, hoy por hoy, sigue estando en disputa y en permanente enunciación en distintos medios de comunicación. 
 
Quizá 76 tardará en ser asimilado por otros escritores y quizá su efecto no esté solamente en el ámbito de la ficción, sino en el debate público: aquel que nos propone no olvidar y reconfigurar nuestra identidad sobre la base de nuestras pérdidas y ausencias y el modo en que transamos o no, con el pasado y su edificación tanto institucional como comunitaria.

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