Laberinto Visual

Memoria fiel

domingo, 24 de abril de 2016 · 00:00
Alfonso Gumucio Dagron

Dos días antes del terremoto que sacudió a Ecuador el sábado 16 de abril, presenté en Quito mi libro Diario ecuatoriano – cuaderno de rodaje de Fuera de aquí (2016), publicado por el Consejo Nacional de Cinematografía (CnCine). Y el martes 12 de abril hice lo propio frente a una audiencia indígena en la comunidad de Tamboloma, donde hace 41 años se filmaron algunas de las escenas del largometraje de Jorge Sanjinés. 
 
En Tamboloma volví a encontrar después de cuatro décadas a Germán Calvache, al cura Jesús Tamayo y a José Lligalo (indígena chibuleo), que contribuyeron en la filmación de Fuera de aquí. En Quito, en el acto en la Casa de la Cultura habló Raúl Pérez (presidente de la institución), Isabel Mena (directora de CnCine), Wilma Granda (directora de la Cinemateca Ecuatoriana), Juan Martín Cueva (exdirector de CnCine), Pocho Álvarez (que realizó el documental que acompaña el libro), y Coco Laso, que estuvo a cargo de la coordinación del proyecto: "Hacer libros, hacer un libro, hacer este libro como cualquier acto de hacer con las manos y con la cabeza, con el cuerpo y con la razón… como cualquier hogaza de pan, es hacer un acto político”, expresó Coco en su intervención. 
 
La publicación del Diario ecuatoriano es resultado de encuentros, coincidencias y voluntades. En la Casa de la Cultura Benjamín Carrión estaban reunidos amigos y colegas que hicieron posible la publicación. Quise además recordar por dos razones a Eduardo Galeano, fallecido un año antes: porque quería que el acto fuera un homenaje a su memoria tan memoriosa, y para contar una anécdota sobre nuestro último encuentro en La Paz a mediados de julio del 2013, durante una visita casi clandestina que hizo Eduardo. Solo estuvo con dos personas con las que quería conversar: el presidente Morales y un amigo de muchos años. 
 
Cenamos a solas las dos noches que estuvo en La Paz, el lunes 15 y el martes 16 de julio de 2013, en el restaurante del Hotel Radisson, donde llegó con varias horas de retraso. Al revisar el menú del restaurante le pregunté si había probado antes la carne de llama. Respondió con sorna: "Cómo voy a comer a un animalito que tiene la mirada de Gina Lollobrígida y camina como Sofía Loren…”.  
 
Conociendo su afición por el fútbol, le regalé un libro de relatos futbolísticos Warikasaya, recopilados por Ricardo Bajo, donde aparece el cuento "Descenso”, que escribí con Carlos Mesa, nuestra primera colaboración literaria. Eduardo subió a su habitación con el libro bajo el brazo. 
 
Al día siguiente pidió lo mismo que había comido la noche anterior: wok de pollo con verduras. En un momento me dijo con mucha seriedad que por mi culpa no había dormido: "Estuve leyendo varias veces tu cuento sobre fútbol, me pareció magistral la manera como los ejes narrativos confluyen hacia el final”. 
 
Cuento esto para recordar a Eduardo pero también para hablar de la memoria, el único recaudo que tenemos para luchar por el futuro. Eduardo retenía muchas cosas en sus pequeñas libretas, y yo he hecho eso mismo durante décadas en grandes cuadernos.
 
Eduardo usaba en sus libros lo que escribía en las pequeñas libretas de apuntes, mientras que yo escribo mis diarios con el único propósito de recordar la vida ya vivida. Nunca he tenido buena memoria, por eso me apoyo siempre en esas muletas que son los diarios y las fotos. A mis amigos que se sorprenden cuando recuerdo algo con precisión y creen que estoy dotado de una memoria prodigiosa les digo: "Lo que pasa es que tengo una memoria fotográfica… Si no tengo una foto, no me acuerdo de nada”.
 
Y ese mismo papel cumplen los diarios, y entre ellos el que se presentó en Ecuador, que escribí entre el 21 de junio y el 18 de julio de 1975, hace 41 años, cuando participé como asistente de dirección en el primer rodaje Fuera de aquí, (Llukshi kaimanta). 
 
En la introducción del libro hago el relato de las circunstancias en que escribí el diario, de cómo fue desenterrado por la generosidad de Juan Martín Cueva, Wilma Granda y Pocho Álvarez cuando nos visitaron en La Paz para la Semana del Cine Ecuatoriano, en marzo del 2015, y cómo fue publicado por iniciativa de CnCine, una institución que hace tanto por el cine en Ecuador a pesar de dificultades burocráticas y políticas que también conocemos en Bolivia.   
 
No voy a repetir la introducción, pero quiero subrayar que el diario no fue escrito para ser publicado, menos aún a mis 24 años de edad cuando no era sino un aprendiz de todo (y sigo siendo). Mi única condición para publicarlo fue que se transcribiera tal cual, incluso con erratas (por suerte no había ninguna). 
 
Si algún valor tiene el Diario ecuatoriano es precisamente su espontaneidad y su frescura. Nada de lo que escribí entonces correspondía a un cálculo histórico o político, porque nunca pensé que sería publicado. Por ello, su valor testimonial es mayor que si yo tratara de recordar ahora, cuatro décadas más tarde, los episodios de la filmación.  Probablemente mentiría, la memoria me traicionaría, estaría filtrada por todo lo que he vivido después. En cambio en el diario es cotidiana, sincera, directa. 
 
Tengo que agradecer a dos grupos de personas. Por una parte aquellas que hace cuatro décadas nos acompañaron y colaboraron con Jorge Sanjinés y Beatriz Palacios en la aventura que fue la filmación del largometraje, en condiciones nada fáciles, en las faldas del Chimborazo y del Tungurahua, en Tamboloma, en Río Colorado y en Ambato. Los menciono en desorden: Germán Calvache, Jorge Vignati, Jesús Tamayo, Hugo Jaramillo, Rodrigo Robalino y los Jatari, José Lligalo y otros dirigentes indígenas, Cristóbal Corral, Jean-Marcel Milan, Efraín Fuentes, entre otros que aparecen en el diario.
 
Y el segundo grupo es el de ahora, los amigos queridos que han hecho posible esta edición, es más, que insistieron y tomaron el proyecto como un reto personal: Juan Martín Cueva y su equipo en CnCine, Wilma Granda (que personalmente transcribió el diario) y el equipo de la Cinemateca y de la Casa de la Cultura que encabeza Raúl Pérez, Pocho Álvarez y Alejandra Adoum, de cuya amistad me precio desde hace décadas, Coco Laso que hizo nacer al bebé (con el apoyo de Yor Moscoso en el diseño y Alejandra en la edición de las entrevistas), un bebé tan bonito que no se parece al renacuajo que era.

Confidencial

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