Crítica

El “martirio” de Lara

jueves, 28 de abril de 2016 · 00:00
Isabel Mercado

Periodista

 

Ni las mejores intenciones alcanzan cuando la creatividad escasea. Esta, para ponerlo en pocas palabras, es la sensación que queda después de presenciar El delirio de Lara, la obra de Mondacca Teatro, dirigida por Claudia Andrade y protagonizada por más de 20 actores y actrices, entre ellos David Mondacca.
 
La vida y obra de uno de los mejores exponentes de la pintura boliviana contemporánea, Raúl Lara, pierden con este intento la oportunidad de ser disfrutadas y apreciadas. La puesta en escena no ahorra información, es cierto, pero lo hace de una forma tan didáctica y abigarrada que no da la talla a la poética ni a la estética de su genialidad, tampoco consigue retratarlo sino a través del estereotipo grandilocuente, distante de su proverbial sencillez.
 
Con diálogos repletos de lugares comunes, algo de sobreactuación que podría justificarse en un elenco de principiantes -no de artistas consagrados- y con una superabundancia de formas y ritmos que lejos de atrapar dispersan la atención, la obra se extravía en sus propios excesos. 
 
Algunos momentos felices, como el encuentro de Raúl con su amorosa Lidia, rasguñan lo sublime y representan un acierto que se junta con otros (como cuando se describe la obsesión del artista por lo cholo, lo festivo y lo popular; o cuando irrumpe la morenada rap con su carga interpeladora), pero luego se disipan, por ejemplo, en los erráticos monólogos de Mondacca o la narración en off que va explicando todo lo que se ve. Documental, sí; ¿obra de teatro?, no.
 
El paseo por la trayectoria del pintor, que es un placer visual en sí mismo, sufre algún grado de maltrato con la animación que se le impone, como si se tratara de un material destinado a que los escolares no se aburran con la presentación. Por lo demás, el intento fracasa por lo limitado: el énfasis puesto en lo "nacional popular” en Lara, impide apreciar la dimensión de una obra que trasciende lo temático y hasta lo ideológico para ser emblema de una época.
 
Raúl Lara da para todo. Incluso para el delirio. Esta vez, sin embargo, en las tablas, la experiencia estuvo más cercana al martirio.

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