Contante y sonante

In fraganti

sábado, 09 de abril de 2016 · 00:00
Óscar García / La Paz

Ante la evidencia no hay más que hacer que rendirse, bajar la vista y dejarse resbalar hasta el fondo del estanque. Como una especie de autoinmolación elegante, diplomática y sutil. Ante la evidencia no queda otra alternativa que esperar en una pradera descubierta a que algún grupo de marcianos caritativos pasen por ahí con su nave, por casualidad, y que en una acción súbita y efectiva hagan la gran abducción, definitiva, misteriosa, fugaz. Ante la evidencia dar la cara. Ante la evidencia poner piel de cuadrúpedo que en su estado salvaje habita los bosques y lo persiguen y tiene dos colmillos largos y hace "hoinc” "hoinc” con esmero y mayor gravedad que la considerada normal y descrita en tantos juegos para la infancia y en tantos cuentos y en tantos mensajes, directos y subliminales que dan por sentado que los cerdos son un sinónimo de humanos en estado de total abandono de los valores más esenciales. La palabra cerdo, por cierto y escrita al descuido, se parece a la palabra credo.
 
Ante la evidencia una persona más o menos sensata, claro, la sensatez no es una cosa que a todos les toque.
 
Porque la sensatez o se tiene o no se tiene. Hay personas insensatas que andan por la vida haciendo cosas insensatas que tocan a otras gentes y las suelen dañar o al menos rozar hasta causar un pequeño desastre, de carácter emocional o financiero. O embarazoso,  saca de donde no hay un cierto aplomo y se dirige al otro, a la otredad, con la mirada al frente, casi como mirando el horizonte, y dice un discurso que aunque corto, pone en claro una tremenda metida de pata, un acto delincuencial sin querer, un acto de violencia en estado inconveniente, un acto de soberbia, uno de exceso de poder, uno de abuso de poder, uno de poder nomás.
 
La única forma de que ante la evidencia no se haga nada, es la muerte. El deceso del personaje encontrado en evidencia causará un problema mayúsculo, una especie de frustración total, universal y divina. Definitiva.
 
No hay evidencia alguna de que los héroes hayan hecho cosas que cuentan de los héroes, hay que darles crédito a las Fuentes, a los que se cuenta, a lo que se dijo, a lo que se dice. No hay evidencia, antes de los grandes registros, de que las cosas hayan pasado como se supone que han pasado. La historia suele ser selectiva. Lo que para unos importa para otros puede ser absolutamente banal y no tener la menor importancia. 
 
Hay gentes que ante la evidencia renuncian y otras se suicidan. Hay las que desaparecen. Hay quienes aparecen disfrazadas de momias. Y quienes aparecen en los medios con sollozos y con los ojos hinchados. O con un cuchillo clavado en la espalda. Hay quienes se disfrazan más que de momias, de profetas cuya palabra es ley y verdad absoluta en un mundo en el que la verdad y la mentira son las dos opciones que se saben para construir cualquier idea. 
 
O para destruir cualquier idea. Para callar o para saturar. Desde la bivalencia es posible todo. Las combinaciones más absurdas y las simplezas más detonantes de genialidad o de belleza, o de total idiotez.
 
Ante la evidencia se puede presenciar a veces un acto idiota, o uno brillante. Es cosa de estar siempre atentos, siempre leyendo en el detalle, "meticuloseando” que aunque suene extraño es un verbo que no estaría de demás usarlo con denuedo.
 
A un papagayo se lo puede encontrar en evidencia después de haber robado un bocado, en el caso de que el mencionado pájaro sea parte de una familia, vale decir, un papagayo doméstico, sin volar, sin alas, sin vida, sin motivo alguno para salir a disfrutar del cielo manchado por sinfín de cables y de letreros y de edificios y de cosas que flotan, de sonidos que entrelazados se vuelven como barreras, como muros de concreto llenos de mezclas de concreto y de más furia. A un gato después de haber hecho caer una maceta, a un perro después de haberse encargado de averiguar qué es lo que hay dentro de un almohadón con espuma. Pero ninguno ha hecho uso de un propósito para conseguir bienestar malhabido, daño bienhabido, ampliación de los bienes, multiplicación de los peces de oro.
 
Ante la evidencia no hay más que hacer que rendirse, bajar la vista y dejarse resbalar hasta el fondo del estanque. Como una especie de autoinmolación elegante, diplomática, sutil.
 
En determinado momento ha pasado, pero nadie parece acordarse.

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete.

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día.

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

Comentarios