“Agarra tu teléfono y empieza a hacer filmes”

Por casi dos horas, el ganador del Oscar y la Palma de Oro compartió sus experiencias con cineastas bolivianos.
domingo, 12 de junio de 2016 · 00:00
Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza  / La Paz
 
"Una buena idea no cuesta dinero”, es lo que afirmó el director estadounidense Steven Soderbergh al referirse a la película Tangerine (2015), que fue rodada con un celular en su totalidad. "Hermosa y sin dinero”, dijo al asegurar que ahora no existe esa discusión acerca de si es necesario o no contar con dinero para hacer un filme.
 
"Un grupo muy pequeño de gente hizo una película con actores desconocidos, que fue ampliamente discutida y vista”, recordó. Ahora, cuando jóvenes cineastas le preguntan qué deben hacer, les responde: "Agarra tu teléfono y empieza a hacer películas”.
 
Soderbergh llegó al país el miércoles para visitar Tarija, donde se produce el singani boliviano. Meses antes accedió a una invitación que le hizo el vicepresidente Álvaro García Linera en Estados Unidos para sostener un encuentro con productores nacionales.
 
El jueves, el cineasta cumplió su promesa y por casi dos horas mantuvo una charla, que fue moderada y traducida por Juan Carlos Valdivia. El encuentro se realizó en el Museo de Etnografía y Folklore (MUSEF).    
 
¿Qué expectativa tenía de su primera película (Sexo, mentiras y video)?
 
No tenía ninguna expectativa, era una película muy pequeña. Fue hecha en Louisiana, donde crecí. Nadie sabía quién era yo y sólo esperaba terminar la película y que fuera presentable. El filme primero fue al  Festival de Sundance y sorprendió a todos. Pensé que la reacción en Estados Unidos tenía que ver con una coyuntura. En las anteriores décadas, los estudios habían tomado la industria cinematográfica y la gente pensaba que estaban viendo películas hechas por comités. 
 
¿Esperaba ganar en Cannes?
 
No teníamos que estar en Cannes. Se les cayó una película a último momento y Francis Ford Coppola, que debía ser el presidente , salió y Wim Wenders entró como presidente del jurado. Ocurrieron una serie de accidentes para que la película gane la Palma de Oro.
 
¿Cuál de sus películas es su favorita?  
 
Me encanta la serie de películas Ocean, siempre quise hacer ese tipo de cine. No hago una distinción entre una película   seria y una comercial; o si el dinero viene de una fuente independiente o de un estudio. Lo que me importa es si la película es buena y, sobre todo, si es sincera. Lo que no soporto en ninguna de las artes es el cinismo. 
 
¿Es más fácil hacer una película comercial?

Tanto el cine de arte como el cine comercial son una trampa. Es fácil hacer una película oscura:  cuando la gente no la entiende, echas la culpa al público. Y es muy difícil hacer algo que sea bueno y claro. Tengo mucho respeto por las personas que hacen buenas películas comerciales porque sé que no es fácil. Al contrario, es muy fácil hacer una mala película comercial. 
 
¿Tuvo épocas de frustración?
 
Una época estuve muy frustrado porque vi a las generaciones que llevan al cine en otras direcciones, como la nueva ola francesa o la generación de los cineastas americanos desde 1966 hasta mediados de los años 70. Yo cabalgaba sobre sus hombros y pensaba que no hacía nada nuevo. Pero luego reconocí que yo no soy un "originador”, sino un sintetizador. Cuando un "originador” entra no tiene precedentes previos. En cambio, un sintetizador toma las influencias y les pone un poco de condimento. David Lynch era un "originador” y yo soy alguien que sintetiza; eso está bien, no me pone triste. Sería más triste si yo creyera que soy un "originador”.
 
¿Cuáles son las historias que deben hacerse películas?

Creo que sólo el tiempo dice si es relevante contar una historia. En el momento que te viene un impulso para contar una historia debes hacerlo. A veces me doy cuenta de lo que quise hacer 10 años después; algo estaba activado en mí, pero no entendía por qué hasta mucho después. Las buenas historias son difíciles de ejecutar. A veces veo una película y pienso: ‘aquí hay una buena idea, pero por alguna razón no pudieron ejecutarla’. Y hay películas que son muy bien ejecutadas y no tienen ideas.
 
¿Cómo le fue con su producción sobre el Che Guevara?
 
De todas las películas que he hecho, es la que ha generado más reacciones adversas. Pienso que tiene cosas exitosas y otras que no lo fueron y, para mí, son frustrantes. Me alteró como cineasta; por primera vez sentí que era una película que tenía que hacer, pero que no quería hacer. La producción fue muy rápida y el plan de trabajo muy corto. Cuando acabé y tomé distancia, me di cuenta de que lo que aprendí, lo aprendí muy tarde. Mi insistencia para hacer la película en español me creó dificultades con el financiamiento. Pensaba que no tenía ningún sentido hacer una película del Che Guevara en la lengua de los imperialistas. Lo interesante fue la reacción de la gente a la que no le gusta el Che y que asume que, porque es una película de él, yo creo todo lo que él decía. Para mí eso no tiene sentido;  en Estados Unidos hubo varias opiniones antagonistas respecto a esas películas. En algún momento discutimos hacer algo más sobre el Che en Congo, que es una historia fascinante, pero las películas no fueron lo suficientemente exitosas como para hacer una tercera parte.
 
¿Por qué no filmó  las  películas sobre el Che Guevara  en Bolivia en su integridad?
 
Por una cuestión de dinero; las películas fueron financiadas por españoles. Siempre uno prefiere filmar una película en el lugar donde ocurrió la historia y cuando no puede hacerlo es por una cuestión de financiamiento.
 
En este caso, si me empeñaba en hacer las películas en Bolivia, no se habrían hecho. Ahora estoy haciendo una película en Estados Unidos y la historia ocurre en el oeste de Virginia, pero rodamos todo en el estado de Georgia.  En el oeste de Virginia no hay incentivos fílmicos, pero Georgia tiene una infraestructura sustancial y muy buenos incentivos fiscales. Además, no hay nada más divertido que hacer trampa.
 
¿Qué opina sobre el miedo al fracaso?
 
Es a través del fracaso que se aprende. Todo lo que conocemos es el resultado de una incesante cadena de fracasos. La forma de un vaso, el papel de un cuaderno son el resultado de muchos fracasos. Es una evolución y no hay nada malo en ello. Stanley Kubrick trató de impedir que la gente viera su primera película. Yo la vi y entendí  por qué lo hizo; es la obra de un amateur completo, pero era necesaria para él. Nadie emerge ya formado, ése es el mito del sabiondo. Hay una frase de un jugador de básquet en Estados Unidos que dice:  "El trabajo le gana al talento cuando el talento no trabaja lo suficiente”.

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