Jorge Patiño Sarcinelli, el coleccionista de palabras

Como si fueran objetos, el autor escogió palabras y formó una colección. Una nueva versión de su libro se publicó en Chile y se presentará en La Paz el jueves.
domingo, 26 de junio de 2016 · 00:00
Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza  / La Paz
 
Al igual que hace un coleccionista al que le dan a escoger entre varios objetos los mejores para su repertorio, Jorge Patiño Sarcinelli, hace casi 20 años, "agarró” unas palabras del diccionario -como si fueran piezas- y las juntó en una colección personal.
 
Así nació su libro Coda al diccionario, que en Bolivia se publicó en 1998 y tuvo una segunda edición en 2004. Hace pocas semanas, una edición chilena de esta obra fue publicada por Liberalia Ediciones de Santiago de Chile. 
 
"Han hecho una diagramación muy linda. En Chile hubo mucha suerte con la crítica, hubo muy buenos comentarios en la prensa, en el acto  de presentación y en la radio”, contó el escritor. "Es un libro sobre el placer de la palabra, es para que te regocijes con la palabra, para que te diviertas. Aquí no hay erudición, es para descubrir palabras”.
 
El autor es ingeniero químico de profesión. "Yo soy ingeniero aunque nunca he trabajado como ingeniero”, contó. "Hice una práctica un verano, subiendo y bajando por torres de destilación. Pensé que eso no era para mí, así se terminó mi carrera de ingeniero químico”. Eso pasó en Brasil, cuando cursaba el último año de aquella especialidad.
 
Después de concluir ingeniería realizó estudios de posgrado y obtuvo un doctorado en Estados Unidos.  Luego de aquello, por tres años, en Brasil, fue docente de matemáticas. 
 
Patiño, en realidad, nació en Brasil, cuando su padre estudiaba en ese país y conoció a la que iba a ser su madre; y llegó a Bolivia cuando tenía dos años. "Aprendí castellano antes que portugués”, aseguró. La primaria y secundaria las cursó en colegios bolivianos.
 
 
Comenzó a escribir y publicar cuando retornó a Bolivia, alrededor de 1987, luego de enseñar matemáticas en Brasil. 
 
Publicaba columnas en Presencia Literaria, cuando el suplemento era editado por Jesús Urzagasti. "Realmente él me incentivó mucho”, recordó. 
 
Eran publicaciones regulares y  cada vez que tenía algún material lo entregaba en un disquete. Estos textos luego se convirtieron en un primer libro titulado Dilema del campanero (1994). "Es una recolección de esos textos; la mayor parte son de Presencia Literaria, otros salieron en la revista Sopocachi”.
 
La primera edición de Coda al diccionario se publicó en 1998, pero su "recolección” de palabras comenzó mucho antes, incluso antes de Dilema del campanero, su primer libro. 
 
La idea nació a partir de una discusión que Patiño tuvo con sus amigos sobre unas palabras. "Yo entré al diccionario para ver si efectivamente era como ellos decían; así comencé a leer y descubrir. Cuando me di cuenta ya estaba leyendo todo el diccionario”. 

"Coda es un término musical, en una pieza musical a veces hay un pedazo que va al final. Es una parte que va al final y se repite”, explicó. Pero en el caso del libro, el término coda tiene otros sentidos. "Juega con la palabra oda porque es un homenaje al diccionario. Y tiene también joda porque es un libro que quiere ser divertido; no es un libro serio, es un libro lúdico y poético”.
 
No había ningún criterio para escoger una palabra u otra. "Era por puro gusto. Era como si te dieran una caja llena de piedras para escoger las más bonitas. Era un trabajo que hacía de noche, antes de dormir. Me metía en cama agarraba el diccionario hasta que me vencía el sueño”.
 
De esta forma, Patiño hizo una primera selección, que también incluía  algunos textos breves, que acompañaban a las  letras correspondientes. El escritor mostró su trabajo, hecho  a mano, a Blanca Wiethüchter, quien junto a su marido, Alberto Villalpando, dirigía una editorial "casera” llamada La Editorial del Hombrecito Sentado.
 
"Esto es una maravilla, tenemos que hacer un libro. Un libro es un objeto, tienes que diseñar un objeto”, le dijo Wiethüchter. 
 
Así, la futura obra comenzó a ser concebida como un objeto. "Es un libro que tiene mucho de objeto, tal vez más que otros libros que son más lineales en su estructura. Tiene componentes que han sido armados”, explicó Patiño al referirse al diseño de las columnas, las divisiones, las letras, los dibujos y más.
 
 
El tiraje de la primera edición fue de 500 ejemplares y tuvo  buena crítica. "Es un libro para gente que disfruta de la palabra, no es un best seller. Es un libro para la poca gente que disfruta de la palabra”.
 
La segunda edición fue parte de la colección La cajita del hombrecito sentado, que editó  Wiethüchter con Plural Editores.
 
La  chilena Berta Inés Concha,  de Liberalia Ediciones,  conoció la primera edición  del libro gracias a la escritora Amalia Decker. Y ya a fines de  la década de los años 90 mostró un interés por publicar la obra. El año pasado, Patiño habló con Decker y le preguntó sobre el interés que tenía la editora chilena. 
 
Decker le dijo que mandara el material. El autor envió un ejemplar de la segunda edición además de un disco que le proporcionó la Editorial Plural. Así, una nueva versión de Coda al diccionario se publicó en Santiago de Chile. 
 
La nueva edición tiene el mismo texto de la segunda publicación. Pero, la diagramación, el diseño, la presentación, los colores, el papel, entre otros elementos, son diferentes.  Por ejemplo, en la segunda edición las palabras estaban en negrita;  en cambio, en la versión chilena son de color carmesí. Como se trata del placer por la lectura, el uso de colores le da mayor elegancia al libro. 
 
 
Se han mantenido las ilustraciones que en las anteriores ediciones fueron hechas por Alejandro Salazar (Al-Azar). Las palabras aparecen intercaladas con estas imágenes, además de textos breves que juegan con la idea de la palabra y la letra correspondiente.
 
En Bolivia la obra será distribuida en Plural Editores y Lectura. "Es un formato único, hay novelas, cuentos, poesías, ensayo; pero este libro, incluso en las librerías, no saben dónde ponerlo. No es un diccionario, no es un libro de lingüística, no es un libro de poesía”,  explicó el autor.
 
 
"Es una colección caprichosa en el sentido de que es personal”
  • Abanación Destierro de un año.
  • Abascantes Caracteres mágicos.
  • Bailinista Poeta que escribía la letra para los bailes.
  • Belitrero Ladrón que roba a otro ladrón.
  • Bolata Ladrón que hurta por ventana.
  • Cabrevar Reconocer por señor directo a alguno.
  • Calipedia Arte quimérica de tener hijos hermosos.
  • Desamorar Hacer perder el amor.
  • Engafecer Contraer lepra.
  • Filargiria Amor o afición a la plata.
  • Gallofear Pedir limosna viviendo ociosamente.
  • Huero Huevo que no produce pollo por no estar gallado.
  • Idiólatra El que solo se ama a si mismo.
  •  Idolopeya Figura que consiste en poner un discurso en boca de un muerto.
  • Innupto No casado.
  • Joguer Acostarse.
  • Manuductor Director de orquesta.
  • Monipodio Convenio para fin malo.
  •  Necear Decir necedades.
  • Octógamo Casado ocho veces.
  • Parafraste Que interpreta un texto oscuro.
  • Quitapelillos Adulador
  • Sabaismo Culto de los astros.
  • Triálogo Coloquio entre tres.
  • Xapurcar Menear o revolver el agua sucia.
  • Zanguangua Ficción de enfermedad para no trabajar.
Puntos de vista
Berta Inés Concha,  Directora de Liberalia
"Homenaje a la lengua común”
 
Cuando hace años Jorge Patiño me regaló un ejemplar de la primera edición de su Coda al diccionario, quedé encantada. Comprobé nuevamente que compartir el castellano es un privilegio que nos une a más de 500   millones de hispanoparlantes, en una complicidad que transita de simas a cimas; desde la tragedia dicha con tanta propiedad en graves voces peninsulares, hasta la música ladina de las risas latinoamericanas. 
 
La edición chilena de la Coda al diccionario quiere ser un homenaje a esa vieja patria que es nuestra lengua, desempolvada, rescatada y, aunque docta, alegremente compartida por un matemático a quien los números no han quitado el don  de las palabras.
 
Juan Carlos Ramírez, Periodista chileno
"Al rescate de términos sin uso”

El matemático y escritor boliviano Jorge Patiño se obsesionó con las palabras en desuso, almacenadas en distintos diccionarios. Y decidió hacer algo al respecto. Cada noche, durante varios años, fue rescatando y seleccionando términos como "quimerizar” (fingir cosas imposibles), "heñir” (sobar la masa del pan con los puños) o "xinglar” (vociferar, clamar). Sonaban bien, remitían a otros tiempos y había que rescatarlas, pensó. Así nació Coda al diccionario.
 
Escarbó en el diccionario de la RAE de 1970 y algo del Diccionario de uso del español de la legendaria bibliotecaria española María Moliner (1962). También en el de Roque Barcia de 1888 y, como apoyo, el trabajo del lingüista Manuel Seco. 

Pedro Lastra, Académico de la lengua
"Éste es un libro muy hermoso”
 
La verdad es que hay mucho que celebrar en este libro.  Lo primero es la presentación editorial: verdaderamente notable. Es un libro hermoso, muy hermoso, que hay que apreciar como una hazaña editorial.  La diferenciada tipografía, las ilustraciones de Alejandro Salazar, tan llamativas como ingeniosas; la disposición de sus partes…
 
La materia que ha estudiado   Jorge Patiño y que ha dispuesto con tanta lucidez y sabiduría, es la que se espera del trabajo de un equipo o de una corporación de lexicógrafos y, sin embargo, se advierte  que su logro mayor reside en el hecho de que lo ha realizado solo, resaltando las enormes posibilidades de un tema asumido y desarrollado a contracorriente .
 
Vivian Lavin, Periodista chilena
"La Coda, para leer acompañado”
 
Esta Coda al diccionario es un libro que, extrañamente, resulta muy difícil de leer en solitario, porque el encuentro con cada acepción lo que produce en el lector es una compulsiva urgencia de decir estos vocablos en voz alta, de compartirlos con otros y de comentarlos… 
 
Creo que en la elaboración de este diccionario hay una historia que no se cuenta, hay un relato, uno íntimo que sólo el lector puede presentir al encuentro de cada una de las palabras y su significado, y que tuvieron a Jorge Patiño como protagonista… una historia que imaginamos llena de hallazgos y palpitaciones cardíacas, de risas, sonrisas y carcajadas, momentos de perplejidad y también de ternura… y melancolía.
 
Agustín Echalar, Columnista
"Para iniciados en el arte del placer”
 
La mayoría de los glosarios contienen palabras útiles y prácticas;  dicho de otra manera, palabras profanas. Este libro de Jorge Patiño Sarcinelli es precisamente lo contrario; las palabras aquí recogidas no son de uso diario, aunque el mundo está plagado de "nefelibatas” y "apeables”y de "raheces”. Éste es en realidad un libro para iniciados, no en la filología o en la ortografía, sino para iniciados en las artes del placer. 
 
Jorge Patiño nos demuestra que una orgía, no necesariamente perpetua pero de innumerables variantes, nos espera si incursionamos en el laberinto superficial, absurdo, a veces pobre y algunas magnífico del diccionario, en especial el de la RAE.
 
 
La nueva edición se presenta en  Plural Editores
  • Lanzamiento  La edición chilena de Coda al diccionario se presentará el jueves 30 de junio a las 19:00 en Plural Editores. Los comentarios estarán a cargo de Daniela Murialdo.
  • Tiraje  Liberalia Ediciones de Santiago de Chile lanzó un tiraje de 1.000 ejemplares. Las dos ediciones bolivianas fueron, cada una, de 500 libros.
  • Medios  Jorge Patiño Sarcinelli ha sido columnista de La Razón y actualmente publica en Página Siete. Fue subdirector del Semanario Pulso.
  • Libros  Junto a F. Campero y G. Ávila publicó Un puente sobre la crisis (1992). Su primer libro fue Dilema del campanero (1994) al que siguieron Bancos y banquemias (1997) y Supersticiones (2004). Es coautor con Francesco Zaratti de Sendas Ocurrencias (2002).   
  • Investigación  Para escribir la Coda al diccionario, Patiño consultó diccionarios como el de Roque Barcia de 1888, además de las ediciones de María Moliner, Julio Casares y de Manuel Seco.

HOJA DE VIDA

  • Inicios  Nació en Río de Janeiro. Su padre es boliviano y su madre brasileña. 
  • Estudios   Ingeniero químico, obtuvo un doctorado en Estados Unidos.
  • Carrera   Ocupó varios cargos públicos y tiene experiencia en los rubros financiero y eléctrico. Es escritor de ensayos poéticos y columnas.  

 

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