Rodrigo Urquiola, el narrador paceño que apuesta en grande

Su novela El sonido de la muralla ganó el Premio Marcelo Quiroga Santa Cruz en 2014 y, recientemente, obtuvo el Carlos Montemayor de México.
domingo, 10 de julio de 2016 · 00:00

Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza / La Paz

Hace dos semanas, el escritor Rodrigo Urquiola Flores emprendió un viaje a México para recibir el Premio Interamericano de Literatura Carlos Montemayor por su novela El sonido de la muralla, que compitió con 74 obras de varios países. "Se lo dan a la mejor obra publicada por un autor latinoamericano”, contó el narrador.

Un día antes de la entrega del premio, el 23 de junio, Urquiola partió de La Paz a las 6:00 y llegó a Ciudad de México a las 17:00. A las 22:00 tomó un vuelo de dos horas y media rumbo a Chihuahua. "Yo estaba cansado por haber pasado la mayor parte del día en aeropuertos”, recordó.

Al día siguiente, de Chihuahua continuó su viaje hasta Hidalgo del Parral, donde le entregaron el premio. Viajó tres horas por carretera. "Les dije que venía de las montañas nevadas. Fuera del auto hacía un calor sofocante, de desierto”, afirmó el ganador.

El premio Carlos Montemayor es uno más de los reconocimientos que Urquiola ha cosechado desde que decidió dedicarse por completo a la escritura. Posiblemente en uno de sus sueños más optimistas imaginó esta cosecha, aunque no está seguro.

"La verdad es que muchos premios me han caído de sorpresa. Éste, por ejemplo, no lo esperaba. Mandé la novela con la ilusión de que por lo menos le dieran una mención de honor porque, generalmente, los premios a Obra Publicada se los dan a autores conocidos o que publican en casas editoriales grandes”.

"Mientras trabajaba con horarios, siempre quería que me llegara un premio para dejar de trabajar y dedicarme a la escritura”, contó Urquiola. "Desde que me salió el premio Marcelo Quiroga Santa Cruz (también) con El sonido de la muralla, que ahora me da esta otra alegría, he podido dejar de trabajar y dedicarme a la escritura”.

Cuando le preguntan por qué eligió ser escritor, él responde: "Quizás es por inutilidad. Creo que no puedo hacer bien nada más que eso. Cuando vendía chocolates tampoco era el mejor vendedor de chocolates del mundo”, recordó. "A veces tienes que apostar por algo, si apuestas en grande, también puedes ganar en grande, así como también puedes perder en grande. La cosa es hacerlo”. El sonido de la muralla es la novela que más le costó escribir. Lo hizo entre 2011 y 2013. "La verdad es que no le iba muy bien en Bolivia. Salieron un par de reseñas, una buena, firmada por Ángela Mendoza; y otra con la que no estoy muy de acuerdo, que firma Willy Muñoz”, recordó.

La novela se publicó en 2015 y pasó relativamente desapercibida en el medio. El libro cuenta la historia de una familia que después de un viaje descubre que lo ha perdido todo.

"Todo es narrado por una voz de mujer, al principio es una niña vieja y al final es, en realidad, una vieja niña. Quizás la definiría como una novela del absurdo”, afirmó el autor.

Urquiola también envió su obra al Premio Nacional de Novela. Uno de los jurados le contó que llegó a la fase final. Por ello, se animó a mandarla al Premio Marcelo Quiroga Santa Cruz de 2014, convocado por la Alcaldía de Cochabamba, donde ganó. "Antes tenía algunos premios por ahí, pero el Quiroga Santa Cruz es el que más destaca”, indicó.

Su inquietud por escribir surgió en su infancia, quizás influido por su madre. "Ella quería ser escritora. Ella recuerda que yo, a mis siete u ocho años, escribí un cuento sobre mi barrio. Nunca lo vi, quizás esa fue una primera inquietud o curiosidad por la palabra escrita”.

Cuando ya estaba en el colegio continuaba cerca de la escritura. "Para ganar plata escribía cartas de amor, entre otras cosas. También escribía poemas para hacer reír a mis amigos; eran unos ‘no poemas’ en realidad”. Incluso escribió un par de novelas, que ahora llama "inmundas”, que tiró a la basura. Urquiola comenzó a escribir en serio luego de concluir su bachillerato. Ahora considera que la suerte le acompañó para publicar sin mucha dificultad.

Cuando tenía 20 años de edad, en 2006, escribió un cuento que mandó al concurso Franz Tamayo, en el cual obtuvo una mención. Un año después completó un libro de cuentos llamado Eva y los espejos. Lo entregó a la editorial Gente Común, donde aceptaron publicarlo si conseguía un auspiciador. "Yo trabajaba en Chocolandia por ese entonces; ellos me auspiciaron. Por eso, su logo está en el libro”, contó.

El primer libro que Urquiola leyó fue Pedro Páramo, de Juan Rulfo, cuando tenía 10 años._ "Obviamente no entendí nada, pero las imágenes se quedaron”. Por ello, ahora no está muy de acuerdo en que haya una literatura infantil.

"Pienso que un niño puede leer lo que quiera y entender a su manera. Estoy en contra de que se le coarte la libertad de elegir un libro propio. Pero, si el niño elige un libro Barco de vapor, perfecto”, afirmó el autor, al explicar que cuando trabajó como librero, vio cómo algunos padres les quitaban libros "difíciles” a sus pequeños. Un libro que le marcó fue El extranjero, de Albert Camus. También están Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y El tambor de hojalata, de Günther Grass. "Siempre lo recuerdo con cariño. Es mi libro favorito”, dijo.

De la producción nacional, Urquiola rescata obras específicas como Cerco de penumbras,de Óscar Cerruto. "Es uno de los libros iniciales que leí; te muestra que otro tipo de literatura en Bolivia es posible, no esa literatura de caricatura (que hacen) para que la compren los gringos. Va más allá y no deja de ser boliviana. Esa enseñanza me gustó mucho de Cerruto”, explicó.

También mencionó a Jesús Urzagasti, que le enseñó sobre el contacto entre el escritor y la tierra. Asimismo, recordó que cuando estaba en colegio leyó El delirio de Turing, de Edmundo Paz Soldán. "En una librería de ciudad de México encontré un par de libros de Paz Soldán”, recordó.

Las obras mencionadas enseñaron al escritor que en Bolivia otra literatura es posible, "que en Bolivia se puede narrar de varias maneras”. "A mí me interesa narrar Bolivia”, aseguró Urquiola.

Cuando se realizó la entrevista, Urquiola leía el libro La torre y el jardín, del mexicano Alberto Chimal. "Es un libro de ciencia ficción que narra las vivencias de un burdel para zoofílicos”, recordó. "Hay un par de personajes que me hacen recuerdo a los de Esperando a Godot, de Beckett, que es otro de mis autores favorito”, concluyó.

"Ojalá las escuelas de provincia tuvieran libros de verdad”

Gracias a la literatura, Rodrigo Urquiola ha visitado diferentes lugares dentro y fuera del país. Por ejemplo, conoció la localidad de Carhuisa, en la provincia Omasuyos, donde junto a su amigo Daniel Averanga dio unos talleres.

Fueron invitados por un profesor. Para pagarles recolectaron un boliviano por participante. "Fue una experiencia interesante y linda. En el campo los alumnos suelen ser más tímidos, es otro tipo de mundo”, afirmó el escritor.

En la clase, Urquiola guió a sus oyentes para escribir un cuento. Y fue sorprendido por una niña, que le contó una historia con un inicio y un final muy bien estructurados. "Me gustó mucho cómo se expresó. Sería interesante que las escuelas de provincia tuvieran bibliotecas con libros de verdad, que los (chicos) busquen por curiosidad. Yo creo que en el campo debe haber narradores extraordinarios que se pierden porque no tienen las herramientas... sin un libro no puedes hacerte escritor”.

En 2015 hizo un viaje a Foz de Iguacu, Paraguay. "Me fui de mochillero, conocí las cataratas. Al volver hice amigos en Asunción, me quedé ahí. Fui al taller de narrativa de Sebastián Ocampo y también hablé algo de literatura boliviana”, recordó el narrador. Pero, tardó más de lo planificado porque no podía cobrar su premio en Brasil. "No tenía pasaporte y el banco no recibía sólo mi carnet”. Al final recibió ayuda de un paraguayo que trabajaba en la Fundación Cultural de Foz de Iguacu.

En Ciudad del Este conoció a Francisco Aruquipa, un músico folklórico de antaño boliviano, que vive casi tres décadas allá. "Me quedé en su casa y él me mostró Foz de Iguacu”. "Fue una gran experiencia conocer a este señor”, recordó.

 Obtuvo su primer  premio en 2010  
 
  • Teatro  En 2010, con una obra de teatro, ganó el premio Adolfo Costa Du Rels. Fue finalista del Premio Cope Internacional de Perú y su obra  Lluvia de piedra obtuvo una mención de honor en el Premio Nacional de Novela. 
  • Ganador En 2013  ganó el Premio Adela Zamudio y en 2014 obtuvo el Premio Quiroga Santa Cruz. 
  • Cuento  En 2015, con  un cuento, obtuvo una mención en el Premio Iberoamericano Julio Cortázar. También ganó en Foz de Iguacu y obtuvo el segundo lugar en el Premio Franz Tamayo, además de un galardón de dramaturgia en Cochabamba.

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