Reseña

Quién dijo miedo

martes, 23 de agosto de 2016 · 00:21
María José Navia (*)

Siempre me ha llamado la atención un pasaje del texto de Sigmund Freud sobre lo siniestro. Tan dado a tomar ejemplos de la literatura, Freud aquí utiliza también una referencia personal a una situación al parecer bastante anodina: la de perderse en una ciudad que se cree conocida. Freud narra la desesperación de recorrer una y otra vez las calles de una pequeña ciudad italiana, sin poder nunca encontrar su camino. Lo siniestro comienza con la desorientación, el perder de vista las miguitas de pan que marcaban el camino y que fueron devoradas por los pájaros.

Los cuentos de Mariana Enríquez en Las cosas que perdimos en el fuego se asoman todos a lo siniestro. Todos toman de la mano al lector para luego dejarlo abandonado en el medio del bosque. Te das vuelta y ya no hay nadie. Crees que el cuento va por un camino y siempre hay sorpresas, incluso algunas te llevan al grito. Como en el cuento Fin de curso, en el que la narradora nos comenta, con aparente inocencia, e incluso aburrimiento, acerca de una compañera de clases que se llama Marcela y en la que nadie se fija. Hay una tranquilidad en la lectura. Vamos a leer sobre esta chica a la que nadie estima. Dos segundos más tarde, sin embargo, la tal Marcela tiene a todas sus compañeritas chillando al empezar a sacarse una a una las uñas de sus manos.

Mariana Enríquez escribe sus cuentos en la esquina donde la normalidad más aburrida se junta con el horror. Se trata de 12 cuentos brutales en los que la oscuridad se oculta en la pobreza, en la falta de comunicación, en el desamor. Cuentos de la deformidad y la violencia.

Así, por ejemplo, en El chico sucio una mujer se queda a vivir en la casa de sus abuelos en una zona de la ciudad que se ha vuelto peligrosa. Frente a ésta, un niño con su madre, mendigan a los transeúntes. Un día, la madre se ausenta y el chico llega a donde la narradora, quien lo lleva a tomar helado. Un par de párrafos más tarde, el mundo entero se sale de control.

Pablito clavó un clavito: una evocación del petiso orejudo saca a los monstruos de los espacios privados para sacarlos a pasear por la ciudad. El relato cuenta la historia de un guía turístico que lleva a los visitantes de Buenos Aires en un tour por lugares donde han sido cometidos asesinatos y crímenes. Es el tour más popular de la compañía y el personaje que más fascinación provoca es el Petiso Orejudo: "Un asesino de niños y animales pequeños. Un asesino que no sabía leer ni sumar, que no distinguía los días de la semana y que guardaba una caja llena de pájaros muertos debajo de su cama”.

El horror se contextualiza, en los cuentos de Enríquez la pobreza, las fluctuaciones de la economía y sus repercusiones en las vidas de las personas son otro fantasma más, y uno bastante poderoso: "…se les explicaba a los turistas las condiciones de vida de aquellos inmigrantes recién llegados que escapaban de la pobreza europea: hacinados en inquilinatos húmedos, sucios, ruidosos, promiscuos, sin ventilación. El ambiente ideal para los crímenes del Petiso, porque la incomodidad y el desorden acababan por mandar a los niños a la calle: vivir en aquellas habitaciones era tan insoportable que la gente se la pasaba en la vereda, especialmente los hijos, que correteaban por ahí”. 

Mariana Enríquez es una escritora que deslumbra y desorienta en cuentos que son como cajas chinas, donde una caja es una casa, y una plagada de fantasmas. Es sin duda una belleza nueva, y una que no se pierde en el fuego sino que saca fuerza de él.
Yo digo miedo.

(*) Es escritora y licenciada en Literatura y Lingüística Hispánica por la Pontificia Universidad Católica de  Chile.

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