Museo Nacional de Arte: 50 años de historia y patrimonio

La próxima semana, el espacio cultural, fundado en 1966, reabrirá sus puertas tras un proceso de refacción y restauración del Palacio Diez de Medina.
sábado, 06 de agosto de 2016 · 00:00
Rolando Carvajal  / La Paz

Cuando este 3 de agosto el Museo Nacional de Arte haya celebrado sus bodas de oro, entre los beneficiarios de su existencia estarán la difusión del arte durante el último medio siglo y la conservación del ancestral patrimonio prehispánico, colonial y republicano extendido en 3.000 años.

El acontecimiento entraña una mirada larga al futuro por el crecimiento y las perspectivas del museo, pero también evoca presencias milenarias: sus casi 170 piezas arqueológicas, entre puntas de flecha del Tiwanaku temprano, antigua cerámica valluna y kerus incaicos, de reciente donación, son pacientemente preservadas en el principal centro multicultural del país, junto con las más diversas expresiones del arte desde el siglo XVI a estos días, incluidas las tendencias en curso.

 Todas ellas conforman un legado de 3.000 obras repartidas en sus colecciones mayores de pintura colonial, del siglo XIX y contemporánea, de escultura y de muebles coloniales.

           Transcurridos 50 años desde que el MNA fuera inaugurado, en 1966, ocupando una de las más notables residencias coloniales de La Paz, erigidas con piedra local y talla indígena, todavía puede observarse en diarios de la época  imágenes  de la apertura oficial encabezada por el entonces presidente de la junta militar de gobierno, al pie de las gradas y portal interior.

La restauración de la casona destinada al museo, encargada en 1960 a los arquitectos Teresa Gisbert y José de Mesa, fue ampliamente descrita por ambos en un informe que tiene su propio recuento, con base en fotos de 1904, referencias de refacción en 1880-1887 y documentación del siglo XVIII. 

"Limpiando arcos, bóvedas, columnas y pisos”, relatan Mesa y Gisbert, se redescubrieron características originales en las tres plantas que se elevan desde la bodega semisubterránea, y en la fachada, escudo familiar, escalinatas y tejados.

 Las Casonas Diez de Medina

Historia aparte guarda este notable edificio del barroco mestizo de 1775 que perteneció al oidor Diez de Medina y Vidangos, incluido en las memorias de la sublevación y los cercos indígenas de 1781.

Fue emplazado en esquina de las calles del Comercio y Challguacatu -mercado de pescados, después llamada de las Herrerías y ahora Socabaya- en un predio adquirido hacia 1750 por su padre, Andrés Diez de Medina y Torres, quien financió un año antes su compra y la del bajo solar aledaño, actual Hotel Torino, vendiendo su hacienda Chicaloma, según escrituras en el Archivo de La Paz.

Ambos solares figuraban como las "las casas de su morada”, tanto de Andrés como de su hijo, apareciendo en unos lienzos de Diego del Carpio, junto a la primera catedral y el Cabildo, hasta que hacia 1800, en transición a la guerra independentista, la segunda casona era dote de la hermana del letrado, Juana de Dios de Iriondo, mientras que la "quadra grande”, hipotecada en parte a la marquesa de Haro, fue transferida al último de los hermanos del oidor, Mariano, desposado con Pilar Diez, una española de Murcia que la consignó en su testamento de 1854. 

Para 1859, el predio del actual Hotel Torino estaba en manos de la nieta, Rita Zalles Iriondo, esposa del español Máximo Arana, quien pudo comprar la casona "de arriba” un año después. En el padrón de 1881 la pareja aparece ocupando los dos solares y el inmueble de la esquina comienza a denominarse "palacio de los Condes de Arana”.

Otros óleos (un anónimo de 1871, sobre la caída del dictador Melgarejo, y posiblemente Carbonell, 1903) muestran su fachada antes y después de la remodelación de los años 80.  Y una de sus primeras fotografías fue tomada junto a la fuente que la entonces plaza 16 de Julio inauguró en 1851.  

Especialmente su primer piso, pleno de arquerías, había sido  hasta 1925 Grand Hotel Guibert, Casino Español y hostería Casa Arana. Al celebrar los primeros 100 años de la República figuraba como Hotel Centenario, de Jacinto Ramos, "con capacidad para 150 alojados, con auto propio y tranvías en la puerta”.   

En 1930 fue declarado monumento nacional. Tras la Guerra del Chaco, con balcones y muchos arcos tapiados, fue conventillo y oficinas, rodeado de  negocios famosos como la tienda Murillo Bros. y el salón de baile Beirut. 
A siete años de la inmolación del presidente Villarroel y sus colaboradores fue expropiado en 1953 por revolución nacionalista para crear el museo local Villamil de Rada, aunque pasarían  otros seis años antes que el Gobierno lo rescatara del sindicato municipal e inquilinos, y lo destinara en agosto de 1960 al Museo Nacional del Arte”.

    Una Manzana Clave

Más discreta y en la misma cuadra, pero la esquina de la Buena Muerte (hoy Yanacocha) y del Comercio  se alzaba, desde 1768, la residencia del acaudalado comerciante y regidor Tadeo Diez de Medina y Mena, el mayor productor de coca del Alto Perú, tercero en fortuna regional después de las madres concepcionistas y el de mayor capital entre las tres ramas Diez de Medina.

Con extensa vista circular entre Río Abajo, la ladera de El Alto, las parroquias de San Pedro y San Sebastián y el Calvario-Killi killi, esta casona era el núcleo de varias propiedades de este Tadeo (tío y no primo de su homónimo, el oidor), entre ellas un contiguo tambo grande "calle abajo”, un tambo "chico” y casa a la vez colindantes con la casona de 1775 y otra que a la vuelta heredó su célebre nieta, la heroína independentista Vicenta Juristi Eguino, en la calle Chirinos, en la misma manzana, de manera que por algunas décadas casi toda esta perteneció a los Diez de Medina. 

Con 11 tiendas cuyas puertas pueden verse hoy desde la esquina, esta residencia de 1668 revela en su restauración  impresionantes similitudes con su paralela: el zaguán a la izquierda, por ejemplo; el portal interior y las arquerías. O sus respectivas "loggias” (galerías al exterior) posicionadas de sudoeste a noreste, mirando la de 1768 hacia El Alto y El Tejar, y la de 1775 a la plaza mayor, es decir, el mejor parapeto para describir los avatares de la ciudad y su gente.

Denominada también Villa de París por los paceños del siglo XX, en alusión a una de sus tiendas, la residencia deja ver aún en sus salones de honor restos de pinturas murales del rey y soldados del siglo XVIII, que reflejan las expectativas de su propietario, quien obtuvo un costoso Mayorazgo (sólo logrado por la familia Segurola y Rojas Ballivián) y para sus hijos el título de Caballeros de la Orden de Carlos III, educados en el Seminario de Nobles de Madrid.

Esta manzana histórica se relaciona también con el tambo Quirquincha, en San Sebastián-Churubamba, actual museo municipal, que perteneció al mismo Tadeo desde 1792, heredándolo su segunda mujer, Manuela Mirelles y después su famosa nieta.

Curiosamente, una tercera rama del tronco Diez de Medina, encabezada por un sargento mayor cuyo apellido materno era Tarasona, dio origen a otro héroe de la Independencia latinoamericana -Clemente, que tuvo dos hijos con Vicenta-, y  a los propietarios de la llamada casa de los marqueses de Villaberde, hoy Museo de Etnografía y Folklore.

  Primeras adquisiciones y expansión

 Con el aumento de sus colecciones en cuatro décadas, el MNA se amplió el 2002 hacia la vivienda menor de los Diez de Medina y Mena, ("casa Cardón”, que desde 1930 ocupaba la Asociación de periodistas) y el 2011 a la casona de 1768, mientras espera concretar la recuperación de las caballerizas, corrales y cocina de la "quadra grande” de 1775 hoy aún ocupadas por una escuela, sin descartar el Hotel Torino.

La colección de arte colonial tiene otro recuento a partir de la restauración emprendida en los años 40 por el pintor indigenista Cecilio Guzmán de Rojas de las obras de Melchor Pérez Holguín, recordó en 2002 Alberto Bailey, uno de los gestores del traspaso del MNA a la Fundación Cultural del Banco Central, hoy revertido.

Con Guzmán, director de Bellas Artes y Gustavo Adolfo Otero, ministro de Educación, se adquirieron las colecciones privadas "Sainz” y "Ballivián”, con miras a conformar la Pinacoteca (1956, instalada en la casa de los marqueses de Villaberde), recordaría en los años 70 José de Mesa.

 Antes de 1946, el sucesor de Otero incrementó el fondo con 35 cuadros que compró al capitán Waldo Ballivián, entre ellos el Arcángel con Arcabuz del maestro de Calamarca, y otras piezas fueron adquiridas por el BCB al inicio de la década del 50, incluidas siete obras de Pérez Holguín, se refirió en la inauguración del MNA.  

Pese a la acumulación de datos, la historia de las casonas Diez de Medina vinculadas a centros culturales está por escribirse, pero en medio de los personajes relacionados con ellas y el arte nacional -José Fellman, Carlos Serrate, Fernando Diez de Medina- destacan dos de los colaboradores de un exmandatario inmolado: el capitán Ballivián, proveniente de una familia de coleccionistas de arte colonial, y el mayor Jorge Eguino, sobrino de la heroína. 

 

 
 

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