Los sonetos del médico poeta

Acaba de presentar A la memoria de los poetas venerados, un libro de sonetos que incluye semblanzas de grandes vates nacionales e internacionales.
domingo, 25 de septiembre de 2016 · 00:00
 Página Siete  / La Paz
 
 "Este libro ha sido iniciado hace muchos años, de a poco,  en relación al tiempo disponible que tenía. Siempre he tenido mis poetas ,  mis autores predilectos a los que siempre vuelvo”.  Javier Luna Orosco Eduardo define de esa forma A la memoria de los poetas venerados, un libro de sonetos sobre 21  poetas nacionales e internacionales. 
 
Entre los poetas a los que escribió  sonetos están: Yolanda Bedregal, Jorge Luis Borges, George Gordon Byron, Óscar Cerruto, Rubén Darío, Federico García Lorca, Víctor Hugo, Ricardo Jaimes Freyre, José Martí, Pablo Neruda, Octavio Paz, Jaime Saenz, Franz Tamayo y César Vallejo, entre otros.    
 
Este escritor nació en La Paz en 1947. Estudió medicina en la Universidad Mayor de San Andrés. Se especializó en cirugía general tanto en Bolivia como en Italia. También realizó cursos en España y Noruega. Cuando se jubiló, en 2013, se dedicó de lleno a forjar su más reciente publicación.  
 
 El médico comenta que desde niño estuvo más inclinado a las humanidades: literatura, historia y  filosofía. Sus padres, y con más énfasis su madre, jugaron un rol fundamental en ello, dado que recuerda que su mamá "tenía mucha predisposición al arte”, y además de fomentarlo en esta área también lo apoyó en la medicina, que era una carrera a la que siempre Luna Orosco Eduardo quiso dedicarse. 
 
Empezó a escribir poemas a los 12 años. En 1962  ganó el premio nacional en un concurso de poesía propiciado por la Asociación Cristiana Femenina. No obstante, cuando estudió medicina, ese ámbito le sustrajo de escribir  poesía, aunque siempre releía y estudiaba a sus autores favoritos, entre ellos a Franz Tamayo.    
 
Fue una noche que después de leer un texto de Édgar Allan Poe, a quien define como un escritor extraordinario y un poeta iluminado, pese a que su poesía es algo oscura, que el médico poeta tuvo la idea de escribir un soneto, utilizando elementos relacionados con su vida y con su obra. Así surgió el primer poema que dio vida al libro que acaba de presentar. 
 
El último soneto que escribió para la publicación es dedicado a Jaime Saenz.  "En la medida que avanzaba el tiempo pensé por qué no seguir escribiendo sonetos dedicados a esos grandes poetas de la literatura universal, que son mis predilectos y que más o menos conozco, comprendo y he asimilado”, comenta. Con esa idea surgió el proyecto. 
 
El texto, además de los sonetos, contiene semblanzas de cada uno de los autores venerados y también incluye dibujos de los vates, elaborados con carboncillo. "Me pareció que iba ser original matizar el libro con las imágenes y con las semblanzas biográficas de cada uno de los poetas…”, indica antes de agregar que  los perfiles tienen un componente analítico e interpretativo, cuyo objetivo es que el lector entienda mejor el sentido del soneto.
 
Este autor explica que hay varias maneras de escribir poesía y que él se decantó por esta forma de composición poética. "Yo admiro mucho a los poetas que a través del verso libre escriben buena poesía, que son pocos a mi modo de entender… Con la estructura del soneto uno se ajusta a una norma que le permite expresar lo que siente en máximo 14 versos”.
 
 "Cuando yo escribo un soneto  sé que son 14 versos, endecasílabos, que son 14 versos que tienen que tener rima consonante en los cuartetos y en los respectivos tercetos… Es decir, uno se ajusta a una métrica, a una estructura y a una disciplina”, añade. 
 
De los poetas, Tamayo es quizá uno de los más preferidos de Luna Orosco Eduardo, que considera que la obra de aquel escritor es poco valorada, y reflexiona, además, que si el poeta hubiera nacido en Europa otra hubiera sido la historia.  "Tamayo ha sido, es –porque su obra permanece- un genio prodigioso desaprovechado por este país”, expresa.  
 
Este autor retrata a Tamayo como el poeta filósofo que no sólo creó una poesía extraordinariamente rica, fina y exquisita, sino que también fue un gran pensador "que ya proyectaba su pensamiento a lo que debería ser el hombre boliviano”. En ese marco, menciona La creación de la pedagogía nacional, a la cual considera una obra importantísima y desaprovechada.  
 
"Si Tamayo hubiera nacido en Alemania, hubiera nacido en Italia, en Inglaterra, sería un Shakespeare, sería una Dante Alighieri, sería un Goethe, sería un valor extraordinariamente importante en el campo de la cultura. Tamayo lamentablemente es un desconocido porque nació en Bolivia, y Bolivia no lo supo valorar, no lo sabe valorar; no lo supo difundir, no lo supo ofrecer al mundo. La mayor interpretación de lo que ha significado Tamayo, salvo honrosas excepciones nacionales, le han dado los extranjeros”, comenta.  

Trayectoria de Javier Luna  Orosco Eduardo
  •  Carrera Es médico titulado en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), especializado en cirugía general, con estudios y formación de posgrado en Bolivia,  Italia, España y Noruega. 
  • Trabajo Es profesor de pre y posgrado en varias universidades del sistema, desde 1974 hasta el presente. Es fundador y actual coordinador del Comité Nacional de Bioética.
  • Trayectoria Es miembro del Comité Internacional de Bioética de la Unesco (2006-2009). Es miembro de número  de la Academia Boliviana de Medicina. Forma parte también  de la Academia Boliviana  de Ciencias Genealógicas y Heráldicas.
  • Obras Es autor de un centenar de publicaciones, entre libros, monografías y artículos en textos y revistas nacionales e internacionales. Realizó trabajos  en las áreas de cirugía general, investigación, ética, bioética, calidad en salud e historia de la medicina. Es actual editor de la revista  Archivos Bolivianos de Historia de la Medicina.  
  • Gestión Es curador del Museo de Historia de la Medicina del Hospital de Clínicas de La Paz.
Dante Alighieri  (1265-1321)
 
 
El hombre sigue el curso de un camino/ cuya meta no es otra que la muerte. / ¿Qué importa quién en dos tenga  más suerte, / si es un vida tan sólo un peregrino?
 
Con esta concepción Numen Divino/ justicia inmemorable selló inerte/ y en premio o en castigo se convierte, / la "Comedia” dictada al florentino.
 
 Espíritus del mal y ángel protervo/ los círculos ocupan del Infierno; su tormento, y  el espanto, con el gozo inefable de Corte Celestial. / Brilla Beatriz en el Empíreo Santo, / transfigurada en gloria del arcano inmortal.
 
 Rubén Darío  (1867-1916)
 
 
 
En tierra de volcanes remecida, / el soplo del ensueño fue conquista/ de poeta ruiseñor, supremo artista/ que acunara la Musa enternecida.
 
Más tarde ¡juventud! fuerza de vida, / dictó en "Azul” el giro modernista, / legado para un mundo que persista/  en honrar la inspiración florida.
 
Trashumante Señor, diversos climas / ofrecieron motivos a sus rimas, / si de mitos sensuales y paganos o de cortes galantes dieciochescas. / Queda en fin, del "marqués de bellas manos”, un antiguo cantar de notas frescas.
 
Yolanda Bedregal  (1916-1999)
 
 
Dulzura de su voz fluye canora / en mágicas estancias de otra vida. / Es la misma ilusión siempre sentida/ la que irradia de su alma bienhechora.
 
Si ayer estuvo aquí, hoy es Aurora/ conjuro de la Noche tenebrida; los prosaicos afanes ella olvida, / del cepo terrenal es vencedora.
 
"Yolanda de Bolivia”, tu legado, / no solo en andesita está labrado; / sutil es lo que auspicia tu recuerdo. en el aire, las flores, el paisaje. / En resumen: ¡amad! de acuerdo, / con el ave que canta en el ramaje.
 
Jorge Luis Borges  (1899-1986)
 
 
Genuino tejedor de maravillas / la realidad, que quizá, tan sólo es sueño, / invariable al influyo del beleño / o al camino dorado que más trillas.
 
En horas volanderas o sencillas/  traza la eternidad fatal diseño, / y el hombre se pregunta con empeño, si al fin alcanzará ciertas orillas.
 
Sagaz es el misterio que se  inhibe / de aterrar con un rostro que no exhibe, / sugiriendo sutil sendas verdaderas.
 
sólo a mentes que mágicas presiente, / Valen pues, para el Cielo y para el Hades, / mentes como la tuya de rasgo omnisapiente.
 
Óscar Cerruto  (1912 -1981)
 
 
Lo inefable no existe para el poeta/ que suprema verdad  ha develado: / El código del mundo va cifrado, / en palabras cuyo magín concreta.
 
Mesura y  elegancia del esteta/ se reflejan en su arte refinado, / él percibe rumor aletargado, / del mágico misterio es exegeta.
 
Más, no sólo es un verso que conmueve/ o en penumbras de cuento extraño y breve; / arresto de justicia igual le dicta.
 
trama de rebelión que e fuego enmarca. Soñada libertad busca irrestricta, en un solar sin mar de tierra parca.
 
García Lorca(1899-1986)
 
 
En fragua de pasión templó la vida/ decurso espiritual del  Romancero, / granadino de sangre y de salero, / su corazón fue rosa encarnecida.
 
Nocturnal verde luna esclarecida comulgó con la muerte del  torero, / ambas fueron motivo de esmero / que dijo su cantar de alma florida.
 
Si hermano fue de todos, causa embargo/ saber de su final triste y amargo. / Premonición fatal de la tragedia
 
Estuvo en todo su obra contenida, / hasta en dramas con viso de comedia/ que anegan de dolor tierra transida.
 
  Franz Tamayo  (1879-1956)
 
 
En  cordillera nívea se reposa/ el alma del amauta venerado. / Eternamente suyo es el collado/ de raza milenaria esplendorosa.
 
Paradigma de luz, del aire glosa, / fue su verbo de poeta incontrastado; / mas pocos comprendieron su arte  alado/ ni el profundo mensaje de su prosa.
 
Con esta realidad que paradojas/ provoca en esta tierra de congojas, / el polvo va cubriendo firmes vías
 
trazadas por genio prodigioso. / Despejarlas entonces, es premioso, en pos de conquistar mejores días.
 
Jaime Saenz  (1921-1986)
 
 
Recóndita La Paz y su misterio/ fueron marco propicio de su poética, / plasmada en un compás de lengua hermética, cual eco del arcano y su salterio.
 
El alcohol, la chingana y el dicterio/ atraparon mil veces su alma ascética/ pero al fin primó más arte y estética/ adunando su canto y magisterio.
 
Así fue que su ser depuró el lodo/ cuando en bases de alquimia buscó el todos: / Mar de la eternidad que ahogó la muerte, 
 
en tanto su otredad nació la vida. / He ahí la razón de la magia inmanente / radicada en los versos que legó en su partida.

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